Marcas que hicieron época

Muchas de las marcas que predominaban en México hace 35 años sobrevivieron la globalización.
Javier Peñalosa

Aun cuando puede pensarse que en una economía cerrada, como era la mexicana en 1969, los sellos comerciales no tendrían la misma importancia que ahora, la verdad es que, con algunas variantes, había competencia, y las grandes marcas mundiales estaban presentes en el mercado nacional a través de sus filiales.

- En aquel año el PIB creció 6.3%, la inflación fue de 1.7%, el dólar se mantenía en 12.49 pesos a la compra y 12.50 a la venta, aunque la referencia era poco significativa, porque el comercio exterior apenas representaba exportaciones por $1,300 millones de dólares y era muy poco lo que se importaba de Estados Unidos.

- Estaban de moda los pantalones Topeka y Edoardos para la clase media, las prendas de mezclilla Ray Tom para la mayoría y Levi’s para algunos cuantos. Las camisas de vestir eran Arrow y Manchester (“Hasta que usé una Manchester me sentí a gusto”, rezaba la publicidad en televisión en anuncios protagonizados por Mauricio Garcés, que era el galán de moda). Los ejecutivos se vestían en Roberts y High Life, con casimires Santiago, de lana pura. Los zapatos formales eran de Domit, Florsheim o El Borceguí, aunque también tenían demanda los Bostonianos de Canadá. Para los menos acaudalados y los jóvenes, estaban las líneas económicas de la firma de calzado, Hush Puppies y Flexi. Para los de menores ingresos, Blasito, Sandak y el calzado de El Taconazo Popis. Los tenis eran Panam o Superfaro, aunque llegaban algunos pares de Converse de las fronteras o los traían los pocos mexicanos que iban de vacaciones a Estados Unidos.

- En 1969 se daban los últimos toques a Suburbia, el almacén de ropa de la cadena Aurrerá, que abriría sus puertas el año siguiente para competir con París Londres (que terminó vendiendo sus tiendas a Suburbia en los 80).

- Los autos de moda para los pudientes eran Mustang y Galaxie, de Ford; Impala, de General Motors; Mónaco y Barracuda, de Chrysler (en aquel entonces Automex); y Javelin y Classic, de American Motors. La clase media compraba Falcon, de Ford; Rambler American, de American Motors; Opel Fiera, de General Motors (el sucesor del Opel Olímpico, en 1969); y los jóvenes Renault y Volkswagen. Las clases populares no tenían coche, y cuando lo tenían, eran grandes carcachas para los fines de semana o salir a Acapulco o Veracruz en Semana Santa.

- Las lociones masculinas del momento eran Aramís, English Leather y Brut, aunque la gente mayor se mantenía fiel a Jockey Club, Yardley y Old Spice; los de la tercera edad preferían  Agua de Colonia Sanborns. Las navajas para afeitar eran Gillette, el fijapelo Polans y la brillantina Wildrot.

- Todo mundo fumaba, y lo hacía hasta en los camiones, los hospitales y el vestíbulo de los cines. Los pudientes preferían Raleigh; las clases medias Del Prado o Fiesta; los pobres, Delicados o Faros.

- Los niños ricos recibían $5 pesos de domingo, lo que les alcanzaba para un globo, algún juguete, un algodón de azúcar a la salida de misa y varias golosinas en la tienda. Los de clase media tenían $1 o $2 pesos, suficientes para comprar algo a la salida de la iglesia y algunas golosinas en la tienda, donde había desde dulces de a dos por $0.05 pesos, hasta chocolates Carlos V de $0.50 o Gansitos Marinela de $0.80 pesos. La Coca-Cola chica costaba $0.35 pesos y la mediana, $0.45.

- Las bicicletas eran Windsor, los triciclos y cochecitos de pedales, Apache, los yoyos Duncan y los juguetes Lilí (para niñas), Ledy (para niños), Plastimarx (principalmente para niños) y Mialegría (para pequeños con aficiones científicas). La juguetería de mayor prestigio era Ara.

- Los televisores eran Philco, Phillips y Majestic; los radios Majestic; las consolas de sonido Stromberg Carlson, Philco o Philips, los aparatos de sonido Gradiente y las bocinas Romex Vega.

- Las tiendas departamentales de moda eran las mismas de ahora: Liverpool, El Palacio de Hierro y Sears.

- El futbol se veía en el Estadio Azteca y en el flamante estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. El beisbol en el parque del Seguro Social.

- Los chavos asistían al Queso Pan y Vino o al C’est si bon. Los tacos eran de El Tizoncito, El Farolito o El Caminero; las flautas, de Los Cocoteros, en San Cosme. En esa zona estaba (y sigue estando) Boca del Río, la marisquería más famosa de la ciudad de México. El Anderson’s, que había abierto el año anterior en pleno Paseo de la Reforma, estaba de moda; se tomaba la copa en el Kineret, de la Zona Rosa. El café (por menos de $3 pesos todas las tazas que uno deseara), en Sanborns, Denny’s y Vip’s. El té negro era Lipton; los refrescos, Coca-Cola, Pepsi Cola, Orange Crush, Squirt, Delaware Punch. Los nacionales, Peñafiel, Garcicrespo, Jarritos, Pascual, Lulú, Titán y Chaparritas; las discotecas de moda eran el Champagne a Go Go, Los Globos, el Terraza Casino, el Cero Cero en el Camino Real y el Señorial. Los espectáculos más taquilleros se presentaban en El Patio.

- Las pastelerías de moda eran El Globo, la pastelería Suiza y Bondy; las panaderías, Elizondo y La Veiga; el súper se hacía en Aurrerá, Comercial Mexicana, Gigante o Sumesa. Esta última tienda era el ancla del Centro Satélite, antecedente de Plaza Satélite, el primer mall de la zona metropolitana de la ciudad de México.

- Las medicinas se compraban en la Farmacia de Dios.

- Las gasolinas eran, al igual que hoy, de Pemex, pero las marcas eran Mexolina, de 70 octanos; Super Mexolina, de 80, Gasolmex, de 90, y Pemex 100. Todas contenían plomo.

- Los discos se compraban en Discolandia, Mercado de Discos, y desde 1970, en Hip 70. Las marcas que dominaban el mercado eran Orfeón, Dimsa, Musart y Capitol. José José iniciaba su carrera luego de ganar el Festival de la Canción Latinoamericana con El triste. Joan Manuel Serrat y Julio Iglesias empezaban a ganase un lugar entre el público mexicano, en tanto que el rock en inglés avanzaba en el gusto de los jóvenes capitalinos. Las estaciones de moda: Radio Capital, Radio Éxitos y La Pantera, entre los jóvenes. Los adultos preferían 620, “La música que llegó para quedarse”, y Radio Chapultepec. Los cultos, XELA, “Buena música en México”. En XEQK se podía escuchar la hora cada minuto, así como anuncios de Cuervo, Haste, el Hipódromo de las Américas, el mecánico Marcos Carrasco y Chocolates Turín, entre otros.

- Editar cómics era un gran negocio que se repartían Editorial Novaro, que producía títulos como Superman, Batman, Fantomas, historietas de Walt Disney, Lorenzo y Pepita, La pequeña Lulú y Archie, entre muchos otros; EDAR, con Lágrimas, Risas y Amor y Memín Pinguín; La Prensa, que editaba Los cuatro fantásticos; Novedades Editores, que tenía Chanoc y Los supersabios. Otros éxitos de la época eran La familia Burrón, publicado por la cadena García Valseca; Kalimán (en la versión cómic de la serie de radio), Rolando el rabioso, Alma Grande, Los supermachos, Los agachados, Tradiciones y leyendas de la Colonia y Hermelinda Linda.

- Una de las diversiones de los jóvenes era patinar, ya fuera en las banquetas y cerradas con patines Gala, o con patines rentados en las pistas de hielo Revolución, Insurgentes y Mariano Escobedo. El boliche se jugaba en Bol Polanco, Bol Silverio, Bol Narvarte y Bol Las Torres, a un costado de las torres de Satélite.

- Las máquinas de escribir eran Olivetti y Remington; las de coser, Singer; las ollas exprés, Ecko o Vasconia; los cubiertos, Oneida. Las aspiradoras, Electrolux o Koblenz; las estufas y los refrigeradores IEM o Mabe.

- Entre los útiles escolares, se pedían juegos de geometría Baco, cuadernos Scribe, colores Prismacolor, Fantasy o Dixon Vividel y lápices Mirado.

- Haste seguía siendo la hora de México, aunque quienes podían afrontar el gasto usaban Rolex, Omega y Longiness. Las plumas elegantes eran Scheaffer o Parker.

- En el mundo intelectual, Carlos Fuentes y Juan García Ponce se reunían con las jóvenes promesas Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas y Elena Poniatowska. Las editoriales de moda eran el Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mórtiz, Era y la recién nacida Siglo XXI.

- En la televisión, además de los canales 2, 4 y 5 de Telesistema Mexicano y del canal 11 del Politécnico, la oferta se había enriquecido con los canales 13 (Corporación Mexicana de Radio y Televisión), de Francisco Aguirre, que transmitía desde la Torre Latinoamericana desde 1968 y que pasaría a manos del gobierno en 1972, y 8 (Televisión Independiente de México), que inició formalmente sus transmisiones el 25 de enero de 1969, creado por un grupo de empresarios de Monterrey que realizaron una fuerte inversión y representaron tal competencia que cinco años después, en 1973, las dos empresas decidieron fusionarse para crear la actual Televisa. En 1985 el canal 8 pasó a ser el 9 y nació XEIMT canal 7, que junto con el 13 eran propiedad del gubernamental Instituto Mexicano de Televisión.

- Excélsior era el periódico más leído en México, después de La Prensa. Había superado en la competencia a Novedades, que llevó la delantera durante la primera mitad de los 60 (en 1976, mediante una maniobra del gobierno de Luis Echeverría, Julio Scherer y sus principales colaboradores fueron echados del periódico y fundaron en 1977 la revista Proceso). En 1969 se hizo cargo de El Universal el joven Juan Francisco Ealy Ortiz, quien habría de inyectarle nuevos bríos; permanece como presidente y director general. Los recién llegados (fundados ambos en 1965), El Sol de México y El Heraldo de México, luchaban por ganar la preferencia de los capitalinos. El primero fue adquirido por Mario Vázquez Raña (junto con el resto de la Cadena García Valseca), quien años más tarde se hizo también de La Prensa. El Heraldo fue comprado por José Antonio Pérez Simón y José Gutiérrez Vivó.

- La revista más leída era ¡Siempre!, dirigida por José Pagés Llergo.

- El Café Oro rivalizaba con el Nescafé; la mayonesa era Mc’Cormik, el atún, Calmex, los chiles enlatados, Herdez o Clemente Jacqes, el puré de tomate, Del Monte, la salsa para condimentar, Maggi, el aceite de cocina, Libertador; el chocolate en polvo Express o Choco Milk; la cajeta, Coronado; el consomé instantáneo, Rosa Blanca, aunque Knorr Suiza empezaba a ganar terreno con su campaña “Es de pollo; $10,000 pesos lo garantizan”. Los jabones eran Camay y Lux, aunque el Palmolive seguía siendo el preferido de las clases populares. Las  cremas para manos y cara eran Teatrical y Ponds. Las pastas de dientes, Colgate y Forhans, el jabón para la ropa, Fab.

- La oferta hotelera de la capital se había enriquecido un año antes con la inauguración del Camino Real, diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta, que junto con el María Isabel (entonces sin el apellido Sheraton), eran los más elegantes de la ciudad de México. Estaba en marcha el proyecto para edificar el Fiesta Palace (hoy Fiesta Americana Reforma).

- Las líneas aéreas eran Aeroméxico y Mexicana de Aviación. Ambas alternaban los tetramotores con jets en sus rutas nacionales.

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- El destino turístico preferido seguía siendo Acapulco, donde Hilton, Pierre Marqués, Ritz, Paraíso Marriott, Copacabana y Papagayo eran los hoteles preferidos.

- La nostalgia nos hace recordar aquella época con agrado. Sin embargo, las opciones para el consumidor eran más limitadas y, sin duda, la calidad de los productos es lo que ha prevalecido.

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