Marta y Andrés Manuel

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Sergio Sarmiento*

No podían ser dos personas más diferentes, tanto por su biografía como por sus ideas políticas. Pero las encuestas de opinión los equiparan en una cosa: si hoy hubiera elecciones presidenciales, serían los principales favorecidos por el voto.

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Tanto Marta Sahagún de Fox como Andrés Manuel López Obrador negaron en el pasado su intención de participar en los comicios de 2006. Ella declaró que su único proyecto era estar al lado de su esposo, con quien se retiraría al final del actual sexenio al rancho de San Cristóbal, en Guanajuato. Él pidió que lo dieran por muerto para las elecciones, y añadió en son de broma que sólo cambiaría de opinión si Carlos Salinas de Gortari se lo pedía formalmente por escrito.

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Los dos ya cambiaron el tono de sus declaraciones. Ella ya no habla de retirarse al rancho, sino que dice que hay decisiones que deben tomarse en su momento. El tabasqueño señala lo importante de gobernar ahora la ciudad de México y dejar otras cosas para después.

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Falta mucho tiempo para el inicio formal de la campaña por la Presidencia. Pero sería iluso no darse cuenta de que ya se mueven las piezas. Andrés Manuel será claramente el candidato del PRD: es el único aspirante que puede ayudar a su partido a superar el perenne tercer lugar en las elecciones federales.

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El caso de Marta es más complicado. Su candidatura dividiría al PAN. Otros posibles aspirantes –como el coordinador de los diputados del blanquiazul, Francisco Barrio– señalaron que ella no puede, no debe, ser candidata. Sabe las consecuencias que su postulación tendría en el interior de su partido, pero al parecer se inclina por la idea de que sólo ella le puede dar una verdadera continuidad al trabajo de su marido como Presidente.

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El alto perfil de ambos en los medios está potenciado por la enorme dispersión de posibles candidatos del PRI, que continúa siendo el principal partido del país. A última cuenta había siete priístas con abiertas intenciones. Hay que sumar a los que aún no hablan pero saltarán a la palestra a último momento. El gran número de aspirantes genera más atención en aquellos, que por el momento están en los primeros lugares en las encuestas.

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Están surgiendo voces que demandan frenar toda la especulación sobre la carrera presidencial. Nunca antes, dicen, empezó tan temprano. Pero es falso: bajo el viejo sistema priísta, iniciaba desde el principio mismo del sexenio, pero las cosas se manejaban en lo oscuro. Aun así, estoy convencido de que es mejor una competencia abierta que nos permita a los ciudadanos conocer mejor a los postulantes a ser inquilinos de Los Pinos.

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* El autor es columnista de Reforma.

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