Mercadotecnia infantil <br>Juguetes roto

Los fabricantes mexicanos de juguetes se han visto arrinconados por las grandes empresas multinacion

Si Melchor, Gaspar y Baltasar, los bíblicos reyes de oriente, recorrieron algo más de 2,000 kilómetros, guiados por una buena estrella, para llegar a Belén y adorar con sus regalos al recién nacido Jesús, los modernos monarcas mexicanos de la industria del juguete también realizarán este año empresas extenuantes. ¿Objetivo? Detener la muerte de esta rama de la economía que lleva ya un lustro de caída estrepitosa.

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El panorama dista mucho de ser halagüeño. A pesar de que los precios de los juguetes se han incrementado esta temporada hasta 120%, las empresas dedicadas a proveer a los Reyes Magos esperan ingresos por $3,200 millones de pesos, cifra que apenas iguala a las ventas del año pasado. La tajada más grande de ese pastel, 70%, se lo llevarán las empresas multinacionales –encabezadas por Mattel, Hasbro y Playmobil–; el restante 30% se dividirá, a partes iguales, entre los jugueteros mexicanos y los importadores.

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La historia de la industria juguetera local parece calcada de la de muchas otros sectores de actividad: la modernidad y apertura que representó la entrada de México al Tratado de Libre Comercio (TLC) también tomó desprevenidos a los fabricantes de juguetes. Datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) indican que si en 1992 existían 226 empresas, ahora son menos de 80. Debido a ello, cerca de 5,000 personas han perdido su empleo y hay quienes profetizan más ratos amargos para las otras 5,000 que todavía conservan su trabajo en alguna empresa del ramo.

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“Ya no vemos la salida”, dice uno de los empresarios mexicanos cuya empresa ha logrado sortear la crisis. Sólo las marcas con mayor arraigo popular y de comprobada calidad de sus productos podrán poner a la venta sus juguetes esta Navidad. Son los casos de empresas como Mi Alegría, Impala, Muñecas Elizabeth, Pigo, Gaby, Montecarlo y Lodela. Todas ellas han visto cómo los tiempos de esplendor y abundancia prometidos por el TLC simplemente no llegan. “De seguir así, tendré que despedir más gente o pensar en cambiar de giro”, comenta uno de ellos que no accedió a revelar públicamente su identidad.

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SANTA CLAUS SIN VISA
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Quizá el mayor obstáculo a sortear esta temporada navideña, que para los industriales del juguete es la de “vacas gordas”, esté en la competencia con las importaciones ilegales de regalos y juguetes. Según la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (Amiju), en los últimos tres años la “desmesurada” importación de juguetes al territorio nacional ha generado pérdidas superiores a $1,800 millones de pesos, además de obligar a los jugueteros locales a competir en condiciones de desventaja.

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China, Taiwan, Hong Kong y Estados Unidos son los puntos de origen del juguete que es introducido ilegalmente a México por dos aduanas: la de Pantaco, en la ciudad de México y la de Guadalajara, en Jalisco. Para Arnoldo Amador, presidente de Amiju, la importación ilegal es auspiciada por la falta de aplicación y el -desconocimiento de las leyes que regulan el ingreso de juguetes al país. Es por ello que la asociación exige una mayor capacitación de los agentes aduanales, ya que la gran mayoría de ellos “desconoce” los requisitos mínimos (garantía, instrucciones en español, certificado de no toxicidad y factura de origen) que debe cumplir la mercancía para entrar al territorio nacional.

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Una vez en el país, los juguetes importados son comercializados y distribuidos en, principalmente, dos puntos de la ciudad de México. Uno es el barrio de Tepito, donde suele abastecerse la mayoría de los vendedores ambulantes de la ciudad. El otro es el Centro Histórico, donde incluso, aseguran algunos propietarios de jugueterías, existen locatarios que contribuyen a la venta de juguetes ilegales: “Lo hacen por debajo del agua porque saben que es una forma de no facturar el total de sus ventas”.

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“Tanto la importación legal como el contrabando nos pegan durísimo”, dice Amador. Un ejemplo de las afirmaciones de0l funcionario lo vive todos los días el vendedor Marco Antonio Calvillo, que atiende una juguetería ubicada en un local de la calle de Moneda. Tiene una muñeca originaria de Taiwan que vende en $120 pesos. A unos cuantos pasos, en la calle de Academia, un vendedor ambulante ofrece la misma muñeca en $80. “Yo debo pagar impuestos de mi local y los de la importación del juguete. Así, apenas le gano $10 pesos a cada muñeca. Y, mientras, los ambulantes venden la misma mercancía más barata, ¿a quién cree que la gente prefiere comprarle?”, dice con enojo.

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Ante el panorama, la Amiju convocó a sus agremiados a formar un frente común para trabajar contra el origen de sus males. En la mira de los jugueteros están varias dependencias gubernamentales: primero, la Secretaría de Gobernación, a quien la asociación exige más claridad en las aduanas, así como la elaboración de reportes que den fe de la cantidad y calidad de los juguetes que se importan.

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Las peticiones de los jugueteros también están dirigidas a la Secretaría de Hacienda, a la que piden que “el terrorismo fiscal lo aplique a los ambulantes y cobre a toda esa gente que trabaja al margen de la ley”.

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Y, ya encarrerados, también exigen a la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI) que compruebe que todo juguete importado lo sea en la cantidad y de la marca declarada por el importador. Las anomalías en estas declaraciones, dicen, permiten burlar a las autoridades mexicanas e introducir a México grandes cantidades de mercancía barata sin garantía e instrucciones en español, como lo demanda un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 16 de diciembre de 1995.

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TRÍADAS CHINAS
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El 15 de octubre de 1996 la Amiju presentó una demanda ante la Secretaría de Hacienda en contra de la empresa Merry Tech International –con sede en Tijuana– por presuntas prácticas de contrabando. Los propietarios de la compañía, originarios de Taiwan, cuentan con oficinas en la ex colonia inglesa desde donde trasladan juguetes a California para luego introducirlos a México, pero con certificado de origen californiano.

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La “triangulación china” es la más temida por los comerciantes. Consiste en que un barco chino cargado de juguetes arriba a puertos mexicanos, pero los juguetes llegan con certificados del país que más convenga, con base en el arancel menos costoso.

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Otro negocio, coto también de empresarios chinos, es la venta de juguetes refurbished, es decir, aquellos que en Estados Unidos alguna vez fueron usados y devueltos a la empresa manufacturera por alguna falla en su funcionamiento. A decir de los comerciantes, algunas empresas de origen chino se dedican a comprar estos juguetes a un costo menor. Y puesto que en Estados Unidos está prohibido comercializar cualquier producto con esta leyenda, es traído a México y vendido como nuevo, a poco menos de su valor real.

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Por si fuera poco, a las angustias de los jugueteros mexicanos se suman los atracos de los que suelen ser víctimas en esta temporada. Tan sólo el año pasado las pérdidas por asaltos a camiones repartidores de juguetes se elevaron a 10% de las ventas, reporta la Amiju. “Nos hemos convertido en los patitos feos de las aseguradoras. Nadie nos quiere vender un seguro contra robos”, dice un industrial.

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A pesar de todos los inconvenientes, la Amiju está totalmente convencida de que 1997 será un año de estabilidad. Y para 1998 anuncia la materialización del sueño acariciado durante un lustro: la recuperación de la industria mexicana del juguete. No obstante el entusiasmo de la asociación, un prominente juguetero, que prefiere conservar el anonimato, dirige su mirada hacia la nave principal de su empresa y, sumido en su reflexión, dice: “No sabe usted cuánta actividad tuvo esta planta y, ahora, véala... casi parada. Por más crecimientos espectaculares que tengamos los próximos años, difícilmente volveremos a tener la productividad de antes. Nuestra industria se ha hecho pequeñita, pequeñita... como de juguete”.

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