Mercadotecnia política. La elección de

Muchos empresarios hicieron su agosto gracias a los generosos gastos de campaña.
Louise Guénette, Valentín Fuentes

Para los partidos políticos cualquier lugar y objeto sirve para difundir la imagen de sus candidatos que competirán en las elecciones del próximo 2 de julio. Pósters, camisetas, gorras, paliacates, agendas magnéticas y hasta el domo del Toreo de Cuatro Caminos son algunos de los escaparates en los que cifran sus esperanzas de convencimiento los institutos políticos.

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Este año, el Instituto Federal Electoral (IFE) duplicó el financiamiento a los partidos, de tal manera que repartió casi $4,000 millones de pesos entre todos los contendientes para gastos ordinarios y de campaña. Las organizaciones políticas con representación en el Congreso recibieron recursos de acuerdo a los resultados electorales que obtuvieron en 1997; en tanto, cada uno de los seis nuevos partidos recibió del IFE $26.7 millones de pesos. Esto ha permitido a candidatos emergentes como Gilberto Rincón Gallardo, del Partido Democracia Social (PSD), aparecer en las contraportadas de los periódicos y contratar spots en los horarios estelares de radio y televisión. Algo que en años anteriores era casi imposible.

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Con este dinero, por primera vez en una elección presidencial, todos los partidos tienen la posibilidad de salir de “compras” y  beneficiar así a muchos proveedores que, con estos gastos extraordinarios, han incrementado sensiblemente sus márgenes de negocio. Tan sólo la campaña del priísta Jesús Silva Herzog, quien compite por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, cuenta con 19 empresas proveedoras que le surten de todo tipo de artículos promocionales.

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El IFE estima que del financiamiento público, los partidos políticos canalizan 75% a anuncios de televisión. Esto significaría que a las arcas de las grandes compañías de telecomunicación van a parar unos $2,250 millones de pesos. Aunque los principales ganadores de los recursos en esta carrera partidista son la radio y la televisión, 25% del financiamiento se destina a gastos de operación, viajes de campaña y artículos promocionales.

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Para Felipe Camelo, dueño de la compañía regiomontana Misodi Publicidad, este es un buen momento: con la venta de impresos gigantes, incrementó sus ventas entre 25 y 30%. Su mayor cliente es el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y en menor medida el Partido Acción Nacional (PAN). “Es época de mucho trabajo para todos los que nos dedicamos a esto”, comenta el empresario.

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Camelo contrató a trabajadores eventuales para responder a la demanda, tal y como lo hizo en los últimos dos periodos electorales. Lo que cambió esta vez fue la manera en que los clientes manejan su dinero.

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“Son mucho más inteligentes, ordenados, planeados y apegados a sus presupuestos”, asegura Camelo.

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Carlos Albures, dueño de la pequeña imprenta Tidisa en el Distrito Federal, duplicó su producción durante mayo con el encargo de imprimir una gran cantidad de folletos de candidatos a diputaciones locales y federales del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

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Estos son tiempos de bonanza para proveedores de materiales gráficos; empero, dado que en México existen más de 13,000 empresas del ramo, muchas se quedaron con ganas de hacer negocios. Tendrán que esperar nuevas elecciones.

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