Metales. Para sentarse a esperar

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María Hope

Estacionados en una suerte de adolescencia perpetua, los metales preciosos han mostrado desde hace ya más de una década un comportamiento voluble, errático y difícilmente predecible.

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Analistas vinculados al mercado afirman, sin embargo, que existen razones fundadas para sostener que los precios de ambos metales registrarán un alza moderada, pero se abstienen de ponerle números.

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En todo caso, el optimismo dista mucho de la espectacularidad con que se movieron los mercados a inicios de 1980, por lo que aun cuando las ganancias esperables pudieran representar un premio interesante para los inversionistas conservadores, sobre todo como un seguro antiinflacionario y contra la devaluación, difícilmente satisfacerán el apetito voraz de los especuladores.

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Nada de esto es noticia, sin embargo. Ya en 1993, la revista Fortune advertía a los inversionistas potenciales que comprar oro y plata sólo valía la pena si se estaba dispuesto a "sentarse sobre la pila de metales tres, cinco, ocho o tal vez más años".

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A manera de zig zag, de entonces a la fecha el metal áureo apenas ha recuperado algo del valor perdido luego del desplome de junio de 1980 (cuando cayó de $650 a $300 dólares por onza), sin alcanzar siquiera los niveles de agosto de 1993 cuando, tras una breve racha especulativa, arribó a $405.60 dólares por onza. Hoy se cotiza en $389.70 dólares en los mercados de Nueva York.

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La recuperación de la plata también ha sido lenta y tortuosa: lejos ya del piso de los $3.65 dólares en que se ubicó a principios de 1993, los precios de este metal han subido y bajado a lo largo de estos dos años, sin superar la barrera de los $6 dólares que algunos analistas esperan pueda romperse en 1996.

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A peso débil, metal pesado. En México, la serie de macro y micro devaluaciones que el peso ha venido experimentando a lo largo de este año, acompañada de la incertidumbre económica, han disparado el precio de los metales amonedados así como el valor de las acciones de las compañías mineras, duplicando en algunos casos su valor de hace un año.

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De este modo, el centenario avanzó de N$1,660 nuevos pesos en noviembre de 1994 a N$3,700 nuevos pesos 12 meses después, mientras que la onza troy de plata pasó en ese mismo periodo de N$21 a N$50 nuevos pesos, si bien en ambos casos una parte gruesa de este incremento se registró durante diciembre pasado.

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Sin embargo, la adquisición de oro y plata físicos supone un riesgo y un costo que todo comprador debe sopesar si desea que ello forme parte de su portafolios. De acuerdo con analistas bursátiles, este tipo de inversión es virtualmente -ilíquida, puesto que no es fácil deshacerse de ella, sus rendimientos tienden a ser menores que los de los otros instrumentos, aún a largo plazo, y además obligan a su poseedor a tener una caja de seguridad en un banco, contratar una bóveda o buscar un escondite casero para guardarlos. En cambio, dicen, es mucho más rentable y práctico comprar papeles de las empresas productoras de oro y plata, sobre todo si son inversionistas medianos que no pueden jugar en los mercados internacionales, donde los grandes inversionistas profesionales o institucionales hacen operaciones multimillonarias y apuestan a los mercados de futuros u otras opciones igualmente complejas. "Los futuros en metal -refiere un analista- son para gente muy sofisticada, tal vez dentro de la industria joyera, pero no para alguien que tiene un excedente de N$500,000 ó N$1 millón de nuevos pesos".

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En México, este año la mejor inversión ha sido la inversión indirecta en metales y su impulso permanecerá mientras persista la incertidumbre. Para mostrarlo, dos casos: las acciones de Grupo Minera México aumentaron su precio 80%, mientras las de Peñoles lo hicieron en 110%.

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Visto así, parece conveniente tener un portafolios diversificado no sólo en cuanto al tipo de inversión (bursátil, en bienes raíces, arte, metales o mercado de dinero), sino también en cuanto a plazos, grado de liquidez y rentabilidad en función de los objetivos, intereses y posibilidades de cada inversionista. Hace tres años había quien alentaba la inclusión de hasta 20% de su inversión en oro, dentro de un portafolios diversificado; dos años después se habló de 10% y hoy hay quien incluso lo descarta.

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Fuentes allegadas a la producción de metales prefieren eliminar la idea de los porcentajes, como si fueran cuotas de participación. En todo caso, apuntan, lo que importa es considerar los factores que pueden incidir en un alza o una baja de los precios para tomar las decisiones sobre esa base.

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Mensaje a neogambusinos. Entre los factores que estarían empujando los precios hacia arriba, asesores mineros señalan la caída en la producción mundial de oro de los cuatro grandes productores (Sudáfrica, Estados Unidos, Australia y Canadá) en 1994 y 1995, "lo cual sucede por primera vez en muchos años" la amenaza de cierre de empresas por incosteabilidad y/o problemas laborales, en Sudáfrica ("una huelga sería un importante detonador de precios, ya que su producción aurífera representa 25% de la producción mundial"), y las leyes ambientales, que están frenando la exploración y desarrollo de nuevas minas en los principales países productores, excluyendo Sudáfrica.

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En contraparte, observan un incremento significativo de la demanda, al punto que aun cuando los bancos centrales de muchos países han realizado recientemente ventas importantes que podrían presionar los precios a la baja, esto no ha repercutido en los mercados porque la demanda está absorbiendo esa oferta de manera eficiente.

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En efecto, mientras el consumo de oro para joyería -actividad que representa 75% de la demanda mundial- ha aumentado 21% en relación a 1994, la industria electrónica aumentó su demanda del metal en 7% y se observa también un uso creciente en la acuñación de monedas, sobre todo en Europa y Asia, donde la relación entre los precios del oro y las monedas locales resulta muy atractiva para la inversión en metal. De hecho, la adquisición de oro para atesoramiento aumentó 31% en Japón, donde el terremoto de Kobe, la sobrevaluación del yen y los incidentes en el metro alentaron la demanda.

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Pero si bien el mercado ha podido absorber 350 toneladas de oro adicionales sin ningún reflejo en los precios, es poco probable, advierten las fuentes, que éste rebase los $390 dólares por onza, límite arriba del cual los especuladores y los inversionistas prácticamente no existen. Al rebasar el precio la barrera de los $390 dólares, la demanda para joyería y atesoramiento se vuelve prácticamente nula", señala un analista.

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Y como para reforzar la cautela se apunta que, además de los imponderables de siempre (guerras, desastres naturales, etcétera), la tendencia ascendente de la producción en Indonesia, Ghana y algunos países latinoamericanos, incluyendo a México, puede incidir a la baja en los precios, o por lo menos mantenerlos estables.

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La plata, volátil. El comportamiento de la plata, si bien diferente por la creciente elasticidad de su demanda, ha mostrado una tendencia parecida.

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Los volúmenes requeridos por la industria han sido superiores a los producidos o reciclados, y el déficit, que para 1995 se estima en 200 millones de onzas, se ha estado cubriendo con los inventarios, la mayor parte de los cuales -unos 700 millones de onzas- no son reportados, según explican fuentes mineras.

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De todos modos, los analistas afirman que al menos en lo que se refiere a los inventarios reportados, éstos se encuentran en su nivel más bajo desde 1982 (250 millones de onzas, equivalentes a 50% de la demanda de fabricación anual), y calculan que si la baja continúa, los requerimientos del metal a corto plazo pueden incidir al alza en el nivel de precios.

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El impacto, en todo caso, no sería espectacular, dado que la producción de este mineral ha aumentado ligeramente en 1995 (3.7%) y seguirá en ascenso moderado durante los próximos años, principalmente por su crecimiento en México, líder mundial y cuya producción se exporta en 90%. En este sentido, se estima que su precio, -"más volátil que el del oro", seguirá oscilando entre los $5 y los $6 dólares, -"sin que se prevea ningún peligro que amenace una baja drástica".

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Sólidos, al fin y al cabo. Comparadas con los resultados del mercado accionario, las ganancias aún marginales del mercado de metales no son despreciables, sobre todo de cara a la inflación y a la devaluación del peso; si bien es cierto que los inversionistas acostumbrados a riesgos mayores no estuvieron ahora tan expuestos a las grandes emociones de 1993 y 1994.

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Dejando a un lado las inversiones especulativas en metales, no aptas para cardiacos, el oro y la plata han conservado ese halo tradicional de brindar una cierta tranquilidad patrimonial a sus propietarios, y es probable que mientras el mercado mexicano no se desarrolle con el ingreso de nuevas firmas en la producción y comercialización de metales, esta percepción no cambie mucho.

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Se dice que lo que ocurre es que los inversionistas desconocen el funcionamiento de los mercados de metales, no saben cómo ni a través de quiénes se pueden hacer las inversiones, y se limitan a comprar monedas en algún banco. Tal vez sea cierto, pero no lo es menos que para acceder a la información privilegiada de los que comercian con metales hay que ser, precisamente, un inversionista privilegiado. -O, al menos, un gran inversionista. A la solicitud de una entrevista periodística con el director de la firma Grupo Metales Preciosos Fink, el ejecutivo contestó: -"¿Y yo cuánto voy a ganar con esto?". Como la respuesta es obvia, la entrevista no se realizó.

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