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¿A dónde van a vivir los mexicanos mejor preparados del país?
Louise Guénette / Ottawa, Canadá

Trilingüe, preparado y dinámico, Mario Ferrer representa la nueva ola de emigrantes mexicanos a Canadá. Obtuvo su licenciatura en Sistemas de Computación Administrativa en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey en 1993. Trabajó en México con Kimberly-Clark y el banco Serfin.

- Nadie puede decir que el país lo ha acogido mal. Llegó primero a Montreal donde encontró un empleo en SQLiaison, fabricante de programas de análisis de información para negocios. Ahora radica en Toronto, donde dirige el departamento de Inteligencia para Negocios de Cryptologic, proveedor de programas para casinos y compras en línea.

- Pero Ferrer sabe que no es el único mexicano que se está forjando un futuro en Canadá. Por eso fundó, con su esposa, un negocio de recepción y orientación para los inmigrantes recién llegados y formó la Asociación de Egresados del Tecnológico de Monterrey que agrupa a la mayoría de los 350 egresados de esa universidad que viven en este país.

- Mario Ferrer es parte de un flujo pequeño, pero constante, de mexicanos que optan por mudarse a Canadá. Cada año se suman unos 1,700 a las 36,000 personas nacidas en México que ya viven aquí. A diferencia de la emigración anterior a ese país o de la actual, en gran parte indocumentada, hacia Estados Unidos, los motivos de los que emigran a Canadá no se reducen a una desesperación económica sino al deseo de escapar del miedo y de un futuro que les parece poco prometedor.

- “A mucha gente la han robado, secuestrado o conoce a alguien que le hicieron eso. La inseguridad es la razón número uno del cambio”, explica Ferrer. La número dos es el aspecto económico. “La gente se preocupa de que no hay muchas oportunidades en México, que están muy mal pagados, que sus hijos heredarán un país que está mal económicamente.”

- Pero esa nueva especie de paisano es incipiente. Los mexicanos que llegan a radicar a este país representan menos de 1% de los 220,000 a 250,000 inmigrantes que ingresan a Canadá cada año. Los chinos e hindús son las nacionalidades que encabezan la lista.

- Lograr la residencia tiene su mérito. La gran mayoría de los mexicanos entra como trabajadores calificados, seleccionados por su educación y experiencia de trabajo o como empresarios.

- Y no son los únicos. Esas categorías representan 60% de todos los inmigrantes a Canadá. 29% obtiene la residencia permanente por medio del patrocinio de una pareja o familiar, y sólo 11% representa a los refugiados. Esta práctica no es producto de un gobierno con espíritu de buen anfitrión. La política de inmigración selectiva de profesionistas y empresarios se debe a una realidad demográfica. Con el número decreciente de gente nacida en el país, Canadá no tiene suficiente gente para sostener su economía en el futuro y por ello acude a los extranjeros, explica Brian Ray, profesor de Geografía en la Universidad de Ottawa.

- Durante un tiempo, el gobierno otorgaba la residencia permanente a profesionistas para que llenaran vacíos en sectores específicos. Desde finales de la década pasada busca a gente capaz de moverse de un trabajo a otro, porque eso es lo que requiere la sociedad del futuro, dice Ray.

- La política canadiense actúa como un sifón que saca una cuota de mexicanos con buenas capacidades lingüísticas, sólida preparación académica, seguridad en sí mismos y flexibilidad laboral. Pero a pesar de la creciente demanda, esta ruta es exclusiva para unos cuantos mexicanos que cuentan con tan escasas características.

- Aprender la cultura
Los mexicanos escogidos por Canadá como trabajadores calificados o empresarios conocen uno de los dos idiomas oficiales al llegar. Es un requisito. La necesidad los hace perfeccionarse en el uso del idioma, pues aquí no hay barrios latinos donde reine el español. Algunos, como Mario Ferrer, se distinguen con su dominio de una tercer lengua, el francés.

- Dos de los más notables mexicanos también son trilingües. La diseñadora de ropa Renata Morales, salta ágilmente entre las dos lenguas oficiales y el español, pues llegó a la provincia de habla francesa, Québec, a los 13 años. En el viejo Montreal, donde abrió su tienda, habla con sus clientes en ambos idiomas. Presenta sus diseños en los desfiles de esta ciudad y de la urbe anglosajona de Toronto. Está igualmente a gusto en el salón de telas Première Vision en París o comprando de distribuidores en la Unión Americana. Hasta se propuso aprender italiano para mejorar su trato con fabricantes de cuero en Italia.

- Otro mexicano notable y políglota es Gabriel Pulido, que radica en Ottawa. Pulido dirige una firma de biotecnología que él mismo fundó: Canbreal Therodiagnostics International. Pulido tiene las licencias para explotar varias patentes del Ministerio federal de Salud, fruto de su investigación como científico principal en los laboratorios gubernamentales para el Control de Enfermedades. De hecho, una prueba de sangre que detecta a las mujeres susceptibles de desarrollar el cáncer de mama, ya está en México gracias al socio de Canbreal, el fabricante de productos farmacéuticos mexicano, Grupo Columbia. Pulido está por introducir la prueba en Canadá, Estados Unidos, Europa y Asia. La prueba es acompañada por un programa de seguimiento de los factores relacionados al estilo de vida que pueden modificarse a fin de reducir el riesgo.

- El idioma, sin embargo, no es la única barrera de comunicación. Los mexicanos que han venido a Canadá también se enfrentan a la necesidad de decodificar una maraña de sistemas desconocidos. Las reglas culturales de otro país representan un rompecabezas complejo que no se puede resolver al consultar un libro o asistir a una clase, dice Anneke Rummens, profesora de Psiquiatría en la Universidad de Toronto. Los descubren por el método del tanteo.

- Están en un proceso de transición, atrapados entre dos culturas, mientras sobrellevan la larga y aguda curva de aprendizaje, explica Rummens. “Una vez que lo logran, su familiaridad con dos culturas los vuelven más hábiles en la comunicación”, dice.

- Sergio Ramos aprendió la manera de ser de los canadienses en el ámbito laboral. Primero trabajó dos años en el departamento de Ventas de Xerox Canadá, con oficinas en Toronto, y cinco años más en la división de Reuters que provee sistemas de procesamiento a la industria financiera.

- “Yo puedo hablar con el presidente de una compañía por teléfono; me contesta él. Ya sé que tengo 30 segundos para convencerlo de que me permita trabajar con la gente de su empresa para ver si nuestro producto le sirve o no. Te lo dicen directo, me interesa, no me interesa. En México empiezas con el de abajo”, explica una de las diferencias.

- Autoestima bien puesta
Los que se avientan en ese cambio radical suelen ser los más seguros de sí mismos. Y menos mal porque el ego recibe un golpe al llegar a Canadá.

- En México, Sergio Ramos diseñaba bases de datos para la mercadotecnia de Xerox América Latina. También fue gerente de software en un proyecto que este grupo realizó con Apple. Cuando solicitó trabajo en Xerox Canadá, el vicepresidente de Mercadotecnia le dijo, “el nuestro es un trabajo de apoyo a las ventas, y la única manera de entender las ventas es vendiendo”.

- Ramos aceptó el reto. “Volví a empezar casi desde el principio”, cuenta. Pero no se arrepiente de ello. La experiencia le ha servido y le sirve todavía para ofrecer el producto de la compañía que ahora dirige: Finmex, un servicio de transferencia de dinero del grupo mexicano Intercam, disponible en las tiendas de pequeñas localidades en el sur de Ontario. La importancia geográfica de esta oficina es que ahí se concentran los mexicanos del Programa de Trabajadores Agrícolas de Temporada.

- Para muchos, la dificultad de traducir sus capacidades al contexto canadiense no se debe sólo al lenguaje o las diferencias culturales. También está relacionado con la dificultad de acreditarse con un diploma en el extranjero y ejercer ciertas profesiones reguladas como contaduría, ingeniería, odontología, psiquiatría, medicina y derecho. Por ejemplo, la profesión médica exige hacer un internado en el país mientras otorga a cuenta gotas las prácticas a los extranjeros, explica Rummens. Esta cuestión ha generado mucha polémica en Canadá en los últimos 10 años.

- En cambio, ciertos conocimientos se traducen fácilmente a otra cultura sin tener que acreditar los estudios. Es el caso de las tecnologías de la información, donde trabajan muchos de los mexicanos que emigran. Un egresado de ingeniería puede trabajar, por ejemplo, como un asalariado para un fabricante de autos, y un contador para un grupo financiero, sin tener que tramitar la licencia.

- Los mexicanos aquí superan el difícil reto de colocarse y tener éxito en el trabajo en un país donde no conocen a nadie. Tienen que rehacer su red de contactos, lo que no es fácil. Se requiere mucha iniciativa propia, sobre todo porque al cruzar la frontera uno se despoja del renombre que puede tener su casa de estudios o una empresa respetada donde uno trabajó.

- “En México, el Tec es una universidad muy importante, pero aquí no”, dice Ferrer. Sin esos códigos, que en un ámbito logran identificar a ciertas personas en el país de origen, se pone a prueba el verdadero temple.

- Flexibles y movidos
Los extranjeros en Canadá, incluidos los mexicanos, no sólo aportan trabajo a la economía. También representan un color más en el vitral multicultural del país y un espíritu renovado que le dan un sello distintivo a la sociedad local.

- “El inmigrante llega con la inquietud, un motor que le hace moverse, con más ideas y energía por hacer algo. Busca opciones que el canadiense no ve”, dice Orlando Iturbe, empresario y presidente de la Asociación Cultural Mexicano-Canadiense de Ottawa-Gatineau.

- De hecho la emigración es nada más la prueba inicial. Los primeros años exigen todas las capacidades de aprovechar el cambio y utilizar su imaginación para encontrar oportunidades. “No hay que cerrarse en una opción. Hay que buscarle, no esperar que uno trabajará necesariamente en su carrera”, dice Iturbe.

- Él mismo tuvo que hacer lo que predica. En México, estudió Ingeniería Química y trabajó para la empresa DuPont. Ahí fundó con dos socios una empresa de distribución de pigmentos y aditivos para fabricantes de pintura en la cual participa todavía. Al llegar a Canadá trabajó cinco años como técnico, analizando metales en un laboratorio. Pero en 1999, estableció su segundo negocio de proveeduría para la industria de pintura en la región de Ottawa, con un socio nigeriano.

- Para quedarse
No es fácil la integración a Canadá, pero muchos inmigrantes creen que el sacrificio es eventualmente recompensado. “En México la vida es hermosa pero hay demasiado riesgo. Aun quitándole el crimen y la violencia, la vida era absurdamente estresante”, dice Ramos.

- Muchas actividades que han estado pendientes empiezan a encontrar tiempo y espacio en Canadá. En Toronto, por ejemplo, Ramos pudo profundizar su interés en el karate y las percusiones africanas. “Cosas que en México cuestan mucho trabajo, simplemente porque el día está organizado de distinta manera”, dice.

- Algo parecido le sucede a Mario Ferrer: “Salía muy temprano de mi casa y llegaba en la noche, harto, sin ganas de hacer nada. Aquí no”, dice Ferrer. “Mucha gente en Toronto se queja que es una ciudad muy grande y estresante, pero después de vivir en la Ciudad de México, realmente, eso no es nada”, añade.

- La recompensa, según Iturbe, es que “si uno le dedica el mismo trabajo, la misma atención y el mismo capital a un negocio, le sale mejor aquí. La misma energía reditúa mayores beneficios”.

- Lo dice porque de sus dos negocios, el canadiense ha crecido más fácilmente. En Canadá, Iturbe no requiere bodega o transporte suyo. Renta y contrata estos servicios, además de algunas tareas de oficina, a diferencia de México. Esa opción le genera ahorros y más rentabilidad.

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- Pese a las dificultades iniciales y la falta de calor de la gente en esa sociedad, las recompensas son suficientes para que la gran mayoría de los mexicanos no den marcha atrás.

- Así es como Canadá logra su objetivo de atraer a los profesionales que necesita para seguir creciendo, al mismo tiempo que México pierde ciudadanos necesarios para impulsar los cambios que significan las mejoras que tanto se requieren.

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