Misión: Imposible

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Antonio Puertas

El pasado 23 de mayo, el USA Today, diario estadounidense —cuya distribución es nacional, con un tiraje que suma hasta cinco millones de ejemplares diarios—, publicó en su primera plana que las computadoras del Pentágono habían sido atacadas vía -Internet más de 250,000 veces durante 1995; es decir, 680 y pico asaltos diarios en promedio. Lo peor es que, según la nota, en dos de cada tres intentos los -hackers tuvieron éxito y lograron infiltrarse en esta red informática.

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Olvidando por un momento el ridículo lugar en el que quedan parados los sistemas de seguridad nacional de Estados Unidos, lo cierto es que en un mundo sin mitos, igualado por el efecto de la información instantánea cuyos mayores misterios pueden resolverse a distancia a través de códigos binarios, resulta un oximorón hablar de misiones imposibles y juegos de espías -vs. espías...

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¿Por qué, entonces, Brian De Palma (Pecados de guerra, La hoguera de las vanidades) se lanza a dirigir una cinta como -Mission: Imposible? Quizá para asegurarse un éxito de taquilla similar al que logró con -Los intocables. Quizá para que Tom Cruise se repita en su muy dominado papel de héroe y se estrene como coproductor. Acaso también para que Industrial Light & Magic (la compañía propiedad de George Lucas) impresione a los espectadores con los ansiados efectos especiales. Fuera de eso, Jon Voight —quien interpreta al legendario Jim Phelps de la “cinta que se autodestruirá en cinco segundos”— demuestra aquí que no sirve para los papeles de hombre inteligente. Además, se pone en evidencia la general falta de talento que hay en Hollywood para resolver con inteligencia una historia que, por momentos, amenaza con caer al vacío. Se puede mencionar, por ejemplo, la falsa promesa de un romance entre Ethan Hunt (Cruise) y Claire Phelps (Emmanuelle Béart), que lo único que hace es distraer al espectador. Mención aparte merece la breve y correcta actuación de Vanessa Redgrave (Max).

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Desde hace casi una década, la CIA ya no tiene propiamente a quién espiar y tampoco existen los grandes -secretos militares que antaño justificaban los abultados presupuestos de las agencias de inteligencia de las potencias... Excepto, claro, cuando los inventan la burocracia (narcotraficantes, ejércitos de “iluminados” y de “hombres libres”, guerrillas del paleolítico, etcétera) y los medios de comunicación. Después de los 100 minutos de diversión que proporciona, -Misión: Imposible se desdibuja de la memoria del espectador... y se autodestruye en exactamente cinco segundos.

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