Máquinas sin control

Una máquina de un casino mexicano puede recibir hasta 20,000 pesos diarios, pero ninguna regulació
Elia Baltazar

Hay una mala noticia para los clientes de los casinos en México y es que nada les asegura que algún día ganarán.

Esto no le sorprendería a un jugador de black-jack en Las Vegas donde el triunfo depende de su habilidad, pero sí en México donde sólo se permite jugar a través de máquinas que funcionan por probabilidad. El problema es que 95% de estos aparatos no están certificados, es decir, nadie verifica que su software funcione correctamente para que en algún punto el cliente gane por azar.

Mientras cada máquina de juego instalada puede llegar a ingresar cada día hasta 20,000 pesos (lo que vende diario una tienda de conveniencia como Oxxo), la mayoría de los clientes gasta unos 240 pesos por visita.

Esto es sólo la punta del iceberg de una industria que a casi siete años de existir en México ya factura 1,000 millones de dólares (MDD) anuales, y que no está regulada.

Hay varias propuestas para tratar de poner orden en este mercado. Lo más urgente es actualizar la Ley Federal de Juegos y Sorteos, que no se ha modificado desde que entró en vigor en 1947.

Para resolver algunas dudas sobre esta ley, en 2004 la Secretaría de Gobernación (Segob),
responsable de emitir permisos para casinos, elaboró un reglamento. Pero no significó una solución, incluso algunos artículos del documento fueron declarados inconstitucionales.

Además, en el Senado hay dos iniciativas de reforma a esta ley. Una la presentó Federico Döring en diciembre de 2010 y otra, Felipe González en marzo pasado. Ambos senadores del PAN advierten la necesidad de ordenar esta actividad para que sea un motor de desarrollo regional por su potencial económico.

Pero la propuesta más tangible para el usuario consiste en colocar un sello (calcomanía u holograma) en las máquinas que avalen que están certificadas y por lo tanto existe la probabilidad de ganar.

Este sello también cierra la puerta a la piratería, la evasión fiscal, el fraude en la entrega de premios y la competencia desleal para los empresarios que operan legalmente y adquieren equipos en regla, asegura Carlos Pérez Munguía, director de la empresa Normalización y Certificación Electrónica (NYCE), encargada de certificar aparatos electrónicos, como los celulares.

Para que llegue el día en que el jugador revise un costado de la máquina antes de introducir su tarjeta electrónica para jugar, hay un camino repleto de leyes.

Lo dejan a la suerte
Los últimos seis años, NYCE ha creado 11 normas mexicanas (NMX) para software y equipo electrónico para casinos, para lo cual han invertido 8 millones de pesos (MDP).

Por su parte, la Asociación de Permisionarios, Operadores y Proveedores de la Industria del Entretenimiento y Juego de Apuesta (AIEJA), que tiene 25 socios en México (seis permisionarios y 19 operadores y distribuidores), ha invertido 200,000 dólares en impulsar una Norma Oficial Mexicana (NOM) que sirva como “sello de garantía” para el buen funcionamiento de las máquinas de juego.

Ahora, ambos organismos quieren unir fuerzas. Sumando las normas en las que ha trabajado NYCE y los avances de la AIEJA para conseguir la NOM, pueden tener una norma que pueda evolucionar conforme avanza la industria del juego.

“Buscamos integrar otras especificaciones más fáciles de actualizar, porque la NOM sólo puedes revisarla y modificarla dos años después de su entrada en vigor”, explica Miguel Ángel Ochoa, presidente de la AIEJA.

En este esfuerzo también figura la Asociación de Permisionarios de Juegos y Sorteos (APJSAC), con 28 socios, de los cuales 13 son permisionarios, tales como Codere, CIE, y Televisa.

Pero ningún camino ha dado frutos. Ni las iniciativas para reformar la Ley de Juegos y Sorteos ni la NOM que certifique la operación de las máquinas de los casinos.

Según Ochoa, falta que se involucren la Segob y la Secretaría de Hacienda, las cuales no respondieron a la solicitud de entrevista de Expansión. Incluso sugiere que otras dependencias, como las secretarías de Economía y de Turismo, y la Procuraduría General de la República, también participen.

Lo dejan a la suerte
La industria del juego sigue creciendo en México sin que nadie verifique el buen funcionamiento de sus máquinas.

Todas son importadas y no están sujetas a una vigilancia arancelaria que certifique su origen, su calidad y un impuesto adecuado, pues no hay un capítulo para las máquinas de juego en el catálogo de clasificación arancelaria.

Cualquiera puede importar una máquina de juego en partes y pagar impuestos por la carcasa, el CPU y el software por separado de acuerdo con su clasificación, y ya en México la arman, dice Pérez Munguía, de NYCE. De ahí que muchas de las 85,000 máquinas instaladas en los 301 casinos regulares y amparados sean usadas o reconstruidas. Además hay otros 35,000 aparatos en salas de juego completamente ilegales.

Ochoa, de LA AIEJA, explica que entre 2004 y 2007, los primeros años de esta industria en México, entraron muchos equipos chatarra y copias pirata de juegos que no tenían los estándares de calidad adecuados. Venían de Colombia, Venezuela, Rusia, Estados Unidos, España y Brasil. En este último país, las autoridades prohibieron el juego justamente por la falta de mecanismos de regulación que ordenaran la industria, y lo que allá desecharon, se lo quedó México.

Aunque todavía es imposible garantizar la calidad de los equipos que ingresan a México, la situación ha mejorado. “Los empresarios de casinos asisten a ferias, seleccionan el producto y luego tienen que someterse a un mecanismo que inventaron en Las Vegas para asegurarse de que el comprador hará buen uso de sus máquinas”, explica Ochoa.

Este visto bueno de los proveedores estadounidenses no sustituye las normas mexicanas aunque sí las complementa. Es un filtro que cae bien sobre todo cuando ningún casino ha adoptado alguna de las 11 normas promovidas por NYCE. Nada los compromete. A diferencia de las normas oficiales que son obligatorias, las mexicanas son voluntarias.

Los fabricantes extranjeros sí buscan a NYCE con el fin de obtener alguno de los 200 certificados que tiene para juegos prototipo. Pero ellos sólo venden los equipos, no los operan, lo cual no le garantiza a NYCE que en los casinos mexicanos ya haya máquinas de juego con su visto bueno.

NYCE tendría que verificar en el mercado que esos equipos mantienen las características de los juegos prototipo que ellos le certificaron al fabricante.

Nadie vio, nadie supo
La competencia desleal es una de las principales reservas de los empresarios de casinos para adoptar las normas mexicanas de NYCE, dice Pérez Munguía, su director.

En México hay 301 casinos, pero sólo 38% opera de manera regular, de acuerdo con el senador Felipe González. El resto son casinos amparados o que sobreviven mediante “chicanadas legales”, dice el panista.

Sólo 116 casinos cumplen con sus impuestos, pues los que tienen un amparo pueden evadir esa obligación.

La porción legal del mercado generará para Hacienda unos 2,490 MDP en 2011, 17% más que en 2010, de acuerdo con informes de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados, donde han surgido al menos tres intentos de reforma a la Ley Federal de Juegos y Sorteos.

Si se suman impuestos y derechos locales, la cifra se duplica a unos 4,700 MDP, de acuerdo con información de la APJSAC, que tiene una valoración más optimista del mercado: 1,500 MDD.

Si bien corresponde a la Segob la regulación de la industria del juego, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) es la única entidad que por motivos fiscales mantiene el control sobre los casinos y sus máquinas de juego.

Su fiscalización, sin embargo, se restringe a los establecimientos que operan en regla, pues no puede hacer nada con los amparados. Expansión pidió entrevista con el SAT, pero fue rechazada por requerir más tiempo para integrar la información.

Por su parte, los empresarios acusan una tasa excesiva de Impuesto sobre Productos y Servicios que se incrementó de 20% en 2008 a 30% en 2009, así como los operativos del SAT.

Miguel Ángel Ochoa, presidente de la AIEJA, se queja del proceder del SAT aunque él pide mayor transparencia en la industria.

“Son supervisiones muy aleatorias. Llegan y te piden el documento de introducción legal de la máquina de juego que, en muchas ocasiones, no tienes en el casino, sino en el corporativo. Entonces se llevan las máquinas, se quedan con ellas 15 o 20 días hasta que se desahoga el trámite para comprobar la propiedad”, explica.

Holograma habla
Si hubiera una NOM que obligara a colocar un holograma de certificación en las máquinas, el SAT tendría la seguridad de que se trata de un equipo legalmente introducido a México, que cumple con la ley, reporta al fisco y paga a los jugadores el importe justo de sus premios.

Precisamente para fortalecer la seguridad en el juego de los usuarios, el senador Felipe González presentó la iniciativa de reforma a la Ley de Juegos y Sorteos, la cual ordena la instalación de sistemas electrónicos para el control fiscal, entre otros cambios.

“Esta iniciativa propone instalar mecanismos electrónicos conectados con una central que vigilará la operación de las máquinas de juego. La autoridad, a su vez, conocerá los ingresos de las salas de juego para garantizar el pago de impuestos”, dice González.

Con esto, el panista garantiza que no habrá “dinero malo”, refiriéndose al lavado de dinero. Pero el presidente de la AIEJA asegura que no es posible el blanqueo en las salas de juego porque las máquinas no trabajan con monedas o billetes ni se entregan documentos de valor a los ganadores, sólo efectivo.

Así, en lo que se hace realidad una NOM que garantice la operación limpia de las máquinas de juego en los casinos mexicanos, los clientes deberán confiar sólo en su suerte, ni siquiera en la probabilidad.

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