Más allá de los números

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Leonardo Peralta

La discusión que acompañó a la votación del presupuesto no fue económica; finalmente, los cambios impulsados por la mayoría de la Cámara de Diputados representan sólo 1% del presupuesto aprobado, no significan mayor déficit que el previsto por el Ejecutivo y responden, más bien, a diferencias políticas entre el Presidente y los diputados de oposición.

- Si el problema fue político, entonces, se deben hacer y responder las preguntas fundamentales: ¿qué obtuvieron el PAN y el PRD? ¿qué ganaron el PRI y el gobierno? y ¿qué significado y qué consecuencias tiene todo esto?

- Empecemos por el Presidente y el PRI. En primer lugar, lograron la aceptación de casi toda la propuesta presupuestal del Ejecutivo, aunque se hayan modificado un poco los términos de la autorización para ejercerla. En lo político, pudieron sumar el número suficiente de diputados de otros partidos para sacar adelante su prioridad, la aprobación de los recursos para el IPAB, sin que queden condicionados a la revisión de las irregularidades, pero sobre todo, lograron sortear el espinoso asunto de los $25 millones de dólares que Banco Unión aportó a las campañas del PRI de 1994.

- En cuanto al PAN y al PRD, además de que pudieron incrementar en algo los recursos para los estados, la educación superior, los pensionados, los productores agrícolas y los programas de combate a la pobreza, obtuvieron dos triunfos políticos de suma importancia para este año electoral y el futuro: introducir mecanismos de supervisión del ejercicio del gasto social para evitar su uso clientelar; y además, al aumentar la estimación del precio del petróleo de $15.50 a $16.00 dólares, pudieron acortar en unos $7,300 millones de pesos el margen de discrecionalidad con que cuenta el Ejecutivo para distribuir los recursos derivados del excedente del precio propuesto. Ese era el punto en cuestión.

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- Y, en cuanto a las reacciones publicitarias de los involucrados, no deben olvidarse dos cuestiones: en primer lugar, se trata de negociaciones entre adversarios que compiten por los votos que les den el mayor poder posible, por lo que tienden a exaltar las prioridades y logros propios y denostar las del adversario; y en segundo lugar, que a las ventajas naturales de comunicación que en el sistema presidencial de división de poderes tiene el Ejecutivo sobre las cámaras, en México deben añadirse las estrechas relaciones del gobierno y el PRI con los medios, particularmente los electrónicos, que incrementan esta ventaja natural.

- Los sustos del público, las mutuas descalificaciones, los logros y fracasos de cada bando son artimañas de ambas partes, propias del proceso electoral, y producto de los problemas integrales de diseño institucional que, en México, tiene el sistema presidencial de gobierno.

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