Más gente, más oportunidades

Cada año, un millón de trabajadores se suman al mercado. Ventajas y problemas de una población jo

Según el consejo nacional de población (Conapo), el censo de México era de 103.6 millones de habitantes a principios de 2003, y su PIB equivalía a casi $631,000 millones de dólares en 2002, lo que hacía considerables las oportunidades de mercado a largo plazo.

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Después de una profunda recesión en 1995, la economía se recuperó y estuvo en auge entre 1996 y 2000, expandiéndose un promedio de 5.4% por año. Esto resultó en más del doble del PIB per cápita, que pasó de $2,968 dólares en 1990 a $6,220 dólares en 2001.

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Desde entonces la tasa de crecimiento ha caído, promediando 0.5% por año entre 2001-2002 por la combinación de la deceleración en Estados Unidos y la detención de las reformas en el Congreso. Las perspectivas del mercado aumentarán, ayudadas por vínculos con la unión americana, donde la recuperación gradual empezará a fines de año.

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El país también se beneficiará por tratados de libre comercio con Estados Unidos, y posiblemente con Japón, Corea del Sur y el Mercosur. Éstos fortalecerán la confianza y conducirán a una elevación  en los flujos de capital. Pero, sin las reformas que fomenten la competitividad y la eficiencia, México no crecerá lo suficiente para absorber a quienes ingresan en su mercado de trabajo ni mantendrá su porcentaje en las importaciones de Estados Unidos.

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El ingreso per cápita de México esconde vastas desigualdades. La nación está dividida en tres regiones principales, que presentan vastas diferencias.

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Aunque los salarios promedio aumentaron, la distribución del ingreso se  deterioró desde 1990. La quinta parte más rica de la población (20 millones de personas) recibió 57.4% del total de ingresos por hogar en 2002 (en 1990 fue de 55.3%), mientras que la quinta parte más pobre recibió sólo 3.5% del ingreso por hogar en 2002 ( 4.1% en 1990). Sin embargo, un aumento gradual en los ingresos promedio entre 1990 y 2002 se ha traducido en un claro aumento en la demanda de bienes de consumo. No obstante, el rápido crecimiento de la población que alcanza la edad de trabajar (cerca de un millón por año) está requiriendo un esfuerzo más importante para facilitar a los jóvenes la transición de la escuela a la vida laboral.

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A largo plazo, aminorar el crecimiento demográfico junto a un aumento firme en los ingresos cambiará de manera gradual los modelos de gasto, ya que una proporción más pequeña del ingreso será gastada en comida y vivienda, impulsando el mercado doméstico y los sectores de servicios.

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