Más vale tarde que nunca

La empresa canadiense quiere recuperar las pérdidas y revirar a sus críticos al activar tres megap
Claudia Olguín

Cuando Gerald Ricker arribó a la dirección general de Reichmann Internacional en México hace tres años, tenía en mente muchas de las operaciones de construcción de hoteles de la cadena Hilton que había encabezado en diferentes ciudades de su país, Estados Unidos.

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Al llegar aquí le tocó estar a cargo de tres proyectos de la multinacional canadiense muy diferentes a su trabajo previo, que significarán una inversión de más de $1,000 millones de dólares en los próximos 10 años.

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Paul Reichmann y Gerald Hines, con sus fondos de inversión, fueron los empresarios de las grandes ligas inmobiliarias que miraron hacia México al inicio de los años 90. Son conocidos en el mundo corporativo como viejos lobos de mar que buscan socios locales para sus negocios.

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La historia de Reichmann en México inició en 1991 –cuando aún tenía como socio a George Soros–, con tres grandes proyectos en la capital; pero luego, la profunda crisis económica de 1995 detuvo la maquinaria de la compañía.

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Las cosas han cambiado en el país y aquellos planes salieron a flote nuevamente: una torre de oficinas en Reforma y un parque corporativo en Santa Fe, –en ambos junto con Ingenieros Civiles Asociados (ICA)–, además de un proyecto de revitalización urbana frente a la Alameda Central, cuyo socio será el gobierno del Distrito Federal.

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Ricker cree que las opciones de negocio en México son amplias, gracias a la rápida recuperación del sector después de 1994.

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No obstante, debieron hacer ajustes. En Santa Fe el plan original era un desarrollo comercial, de oficinas y vivienda de 80,000 metros cuadrados de construcción, pero ahora se redujo a un cuerpo de edificios que constituirán un centro de negocios.

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Carlos Heredia, director de Servicios Metropolitanos (Servimet), empresa del gobierno capitalino que coordina los desarrollos inmobiliarios, afirma que el ajuste obedece a "una decisión individual de empresa y nada tiene que ver con la pérdida de interés en la zona". Según él, Santa Fe mantiene su ritmo de crecimiento y hasta ahora inversionistas nacionales y extranjeros han comprado cuatro de los 12 lotes de Reichmann.

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Otro proyecto es la Torre Mayor, en Reforma. Tras dejar las especulaciones sobre su viabilidad, tomó casi un año hacer los cimientos de este edificio (ver página 58).

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Oxígeno a la Alameda

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El tercer eslabón en la cadena de la compañía consiste en un complejo de 210,000 metros cuadrados de espacio comercial, oficinas y entretenimiento que ocupará tres manzanas completas sobre la céntrica Avenida Juárez. La inversión estimada en el denominado Proyecto Centro Fiesta Alameda –del que ya empiezan a verse los primeros frutos– es de $300 millones de dólares.

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"Es un proyecto que ha tardado mucho tiempo por problemas de diseño, que generaron varias modificaciones. Las construcciones en la zona tienen que enfrentarse a un excesivo conservacionismo en México", comenta René Coulomb, director general del Fideicomiso del Centro Histórico.

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La crisis y los cambios de administración local obligaron a Reichman a acotar el alcance de las obras. Originalmente consistía en seis grandes torres. Ahora sólo incluye dos pequeñas con 30,000 metros cuadrados de oficinas, un hotel de lujo y un centro de entretenimiento urbano, además de 3,000 lugares de estacionamiento.

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"Nunca se puede tener a todos a favor ni a todos en contra. La mayoría de la gente tendrá que apoyar el proyecto porque es de largo plazo y esperamos trascender a próximos gobiernos hasta su terminación", prevé Ricker.

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Alfredo Gutiérrez Kichner, director del Fideicomiso Alameda, cree que las obras –junto con otro proyecto de Grupo Interpress– revitalizarán esta parte de la ciudad que antes de los sismos de 1985 fue la principal zona hotelera de la capital. Interpress construye en la cuadra contigua a la del Centro Fiesta Alameda un centro de convenciones y el hotel Sheraton del Centro Histórico, con una inversión de $600 millones de pesos.

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El objetivo es recuperar el flujo de 50,000 visitantes que hace 20 años transitaban diario por este corredor hotelero en una zona que hoy sólo muestra 77 edificios en 72 manzanas, una tercera parte de las cuales son predios baldíos o subutilizados.

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Actualmente, Reichmann México está en pláticas con varios grupos interesados en ocupar un espacio dentro del proyecto, y una vez que signen los convenios con Servimet, el gobierno del Distrito Federal aportará 40% de los terrenos.

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Las autoridades prevén que la firma ocurrirá antes de fin de año, con lo que ya será posible iniciar las obras de demolición.

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Con esas tres cartas bajo el brazo –Santa Fe, Torre Reforma y Fiesta Alameda–, el grupo inmobiliario intentará revirar las pérdidas y las críticas de la comunidad internacional de inversionistas; después de todo –asegura Ricker–, "Paul Reichmann es un inmobiliario visionario". Las apuestas están abiertas: ¿lo logrará?

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