Más vale un creativo, que 100 descolori

No basta ser una empresa eficaz; debe ser genial. ¿El secreto? La creatividad.
Verónica García de León

Si en los últimos años tu empresa ha buscado aumentar sus ingresos, de seguro ha empleado uno o más de estos procedimientos habituales: despedir personal, reducir costos, seguir métodos que permitan producir a un precio bajo, hacer ajustes rápidos en momentos de crisis, etcétera. Aun así, es probable que no haya obtenido el crecimiento deseado. Tal vez sea hora de preguntarte si tu compañía es creativa. Porque, recordemos: esta palabra implica adaptación y genialidad.

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Teoría de la adaptación creativa
Desde finales de los 60 Min Basadur, ingeniero físico canadiense, había hecho sus primeras reflexiones sobre el pensamiento innovador y la solución de problemas en las corporaciones. Hace 20 años, a cargo de Desarrollo de Nuevos Productos en Procter & Gamble, le fue designada la tarea de ayudar a la organización a ser más creativa. Una misión titánica; sin embargo, con conocimientos empíricos y teóricos creó un método sencillo para el remedio original de conflictos. Lo bautizó como simplex. Ahora, tras décadas de éxito, lo resume como un trabajo en equipo para encontrar continuamente “importantes problemas corporativos”, buscar e instrumentar soluciones.

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Según el ejecutivo, fundador del Centro de Creatividad Aplicada que lleva su nombre, la adaptabilidad es el ingrediente que permite a una firma eficiente y flexible ser altamente competitiva. Le da la oportunidad de aceptar nuevas soluciones, tecnologías, métodos y cambiar paradigmas. Es, en resumen, un proceso proactivo que permite a la compañía transformar sus rutinas deliberada y constantemente para mejorar la calidad, producir más y reducir costos.

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“Básicamente –dice– una agrupación que se adapta sabe anticiparse a los problemas, tendencias, necesidades de los consumidores y oportunidades, y se empuja a sí misma a implantar nuevos procesos y productos.”

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Sin embargo, al parecer, hacerlo de manera creativa es una cuestión difícil para la mayoría de los consorcios. No sólo es pensar y resolver problemas analíticamente, sino imaginativamente.

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De lo idiota a la ideota
Si tu empresa se conforma con ser eficiente –es decir, ha logrado instaurar y seguir una rutina bien estructurada para elaborar un bien o servicio– una variación externa, ya sea en el gusto de los consumidores, en la competencia, en la economía o en la tecnología, puede significar una irritante interrupción de sus hábitos. Seguramente cuando tu compañía realiza un cambio en su manera de proceder lo hace bajo la presión de obtener resultados rápidos, y si lo logra quedan parches que sólo consiguen beneficios inmediatos.

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“Una agrupación no sólo debe reaccionar a la introducción de un artículo de la competencia. Debe anticiparse saltando por encima de él, sino será aplastado por ella”, advierte Basadur. Ser adaptable es más que ser flexible, (que finalmente consiste en la capacidad de reaccionar con rapidez a fuerzas o situaciones inesperadas y no basta para ser competitivo).

-Un conglomerado que se adapta a su entorno se caracteriza por su actitud frente a los problemas. Los toma como parte de un proceso continuo de cambio (difícil en una cultura donde la regla es: “si no está roto no lo arregles”). Paradójicamente, las organizaciones que reaccionan de manera defensiva y con miedo ante cualquier alteración del status quo, terminan controladas por tal cambio.

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Tan simplex que un niño lo entiende
La propuesta del consultor es sencilla: ejercitar la adaptabilidad, que él mismo traduce como creatividad. Una corporación creativa es la que innova. Sus directores –más que medir, gestionar y recompensar la eficiencia– promueven y valoran las ideas de sus empleados. “La creatividad no es algo que se pueda encender y apagar a placer –asegura el experto–.

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Requiere de un proceso y ciertas habilidades para que se convierta en una forma cotidiana de resolver problemas en la agrupación.”

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A decir de Basadur, innovar es sobrepasar los límites de la seguridad de lo conocido y lo familiar; es el resultado de poner a trabajar la creatividad, cualidad propia del ser humano. Según él, la poderosa imaginación de un niño de cinco años se va apagando poco a poco porque se da cuenta que para ser aceptado debe callarse y no decir ciertas cosas. “Empezamos a prejuzgar lo que podría ser más aceptable y a modelar nuestros pensamientos. Cuando nos convertimos en adultos estamos armados con mucho juicio y lógica, pero con poca imaginación.”

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