Mujeres al rescate del liderazgo humanis

Las mujeres aportan un estilo propio y natural a las organizaciones
Irma Holguín

Al hablar de liderazgo, inmediatamente pensamos en una persona con una visión estratégica muy clara del futuro, muy segura de sí misma, innovadora y con una facilidad para motivar e inspirar a la gente que trabaja con ella. Sin embargo, en ocasiones se nos olvida que la personalidad en el ámbito de los negocios, nuestro modelo de comportamiento en la empresa, se desarrolla y se manifiesta, no en el momento en el que entramos a formar parte de la fuerza laboral, sino desde la infancia.

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Los niños varones se acostumbran a jugar en equipo. En los deportes, donde cada jugador tiene una posición y una responsabilidad determinada de acuerdo con sus habilidades, se fomenta la creación de un líder en la figura del capitán. Una persona –“el más fuerte”– que indica el camino y es, a su vez, admirado y seguido por el resto de los participantes.

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En el ámbito de los negocios, tal situación se convierte en el liderazgo del súper hombre. Un estilo primordialmente masculino, jerárquico y orientado a la acción. Es el jefe acostumbrado a dar órdenes y a que los subordinados sigan sus instrucciones con la idea de un castigo o recompensa por cada tarea realizada. Competitividad, dureza, asertividad y control de las situaciones son las características admiradas y fomentadas.

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Desgraciadamente, dicho estilo pone mucho énfasis en la autoridad individual. La persona trata de demostrar más conocimientos y control de la situación, en ocasiones muy por arriba de la realidad. Para muchos, admitir que no conoce la respuesta a un problema es mostrar debilidad, lo que, junto con la falta de autoridad, resulta intolerable bajo este esquema.

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En cambio, las niñas se acostumbran a manejar eventualidades en petit-comité y buscan un consenso sin demasiadas distinciones en el grupo. El arte de la conversación lo practican desde muy pequeñas. Su objetivo: encontrar un acuerdo entre los deseos, las ideas y las expectativas de las participantes. La mayoría de las mujeres ejecutivas, siguiendo este liderazgo muy particular, rompe con los esquemas tradicionales debido a que no requiere tanto de una autoridad formal para dirigir. Su mando proviene de conquistar en forma gradual, a través de la participación activa de todos los miembros, resultados exitosos que se comparten.

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Este estilo de liderazgo, propio mas no exclusivo de la mujer, y al que llamaremos humanista consensual, valora entre otras cosas escuchar, tener apertura, lograr el consenso y tomar decisiones en equipo. Surge de las experiencias y características de la persona cuando reflexiona sobre el medio ambiente que la rodea. Aprovecha su entorno como parte del desarrollo del liderazgo. Se habla de un líder más íntegro, pues no tiene miedo de relucir en la empresa aspectos emocionales y espirituales que complementan sus características intelectuales y técnicas.

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Adiós al estilo homogéneo
A pesar de que parece fácil mirar los beneficios de un liderazgo humanista consensual, por desgracia, algunos atributos relacionados con este estilo se consideran poco apropiados en las operaciones de muchas empresas contemporáneas. Pedir información y compartir el proceso de decisiones lleva tiempo. De la misma manera, este sistema de compartir “poder” e “información” puede interpretarse como debilidad y falta de autoridad.

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El problema mayor surge cuando las compañías no entienden lo valioso de trabajar con una diversidad de estilos, en un ambiente sin confrontaciones. Los ejecutivos hombres sentirán confianza para desarrollar habilidades más humanas. Al mismo tiempo, las mujeres se beneficiarán de ciertos aspectos que conforman los modelos más tradicionales del liderazgo

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Todo lo anterior no significa que un estilo sea únicamente usado por hombres y el otro por mujeres. Sólo implica que tendemos a utilizar las habilidades y experiencias adquiridas y desarrolladas desde nuestra niñez. Las mujeres aprovechan su forma natural de ser para dotar de un matiz particular y valioso a la organización.

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El estilo de liderazgo se convierte en una herramienta más para llegar a los objetivos de la empresa. Un buen líder tiene una manera natural de ejercer la dirección. Es importante destacar que el ambiente laboral cambió mucho en las últimas décadas. Por ello, no es posible enfrentarlo con un estilo homogéneo de liderazgo.

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Una mayor competencia en los mercados, cambios tecnológicos que se suceden con suma rapidez, así como aspectos humanos complejos, hacen cada vez más difícil conseguir líderes con capacidad, con un perfil adecuado.

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Buscar y promover talento femenino se traduce en una situación de ganar-ganar, tanto para la empresa como para la mujer. Quizás el famoso autor John Gray tenga razón al juzgar que las mujeres son de Venus y los hombres, de Marte. Sin embargo, en las próximas décadas, las organizaciones de éxito serán aquellas que atraigan y fomenten talento con estilos de liderazgo complementarios.

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Esto implicará un cambio drástico en las políticas no sólo de contratación, sino de promoción de las corporaciones mexicanas. Ya no es posible visualizar a la mujer como un gasto o prejuzgar su trayectoria profesional como una circunstancia efímera en tanto se casa o tiene familia. La aportación de un liderazgo femenino se convierte en un punto clave para el éxito de la organización.

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Irma Holguín es egresada de Duxx, Escuela de Graduados en Liderazgo Empresarial. Actualmente, funge como directora de Administración y socia en una empresa productora de tequila

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