Museos y Galerias

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Mauro Barona

José Bedia. Crónicas americanas
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También en el Museo Tamayo tiene lugar, en muchas -salas y rincones, la exposición del cubano José Bedia, que es, más bien, una -ceremonia a los dioses africanos, un culto sobre telas, amates, papeles y -construcciones a medio terminar a deidades visibles o invisibles que gobiernan a -la naturaleza. Es la suya una manera de describir la magia que gobierna los -hechos humanos, una invocación de la herencia cultural y religiosa africana que -sobrevive en la isla de Cuba, a pesar de los vientos huracanados del socialismo -científico que aún se practica allá. Puro sincretismo, a colores y en blanco -y negro, que Bedia hace figurar obsesivamente mediante calderos, gallos, -venados, calaveras, cuchillos, estrellas de cinco puntas o de cuatro, hombres y -mujeres, aves migratorias y otros elementos cargados además con poesía -explosiva.

- El poder en escena. Colombia Prehispánica
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¿Cómo se ejercía el poder en el mundo prehispánico? En esta muestra, que -reúne 421 objetos tanto de oro y aleaciones de oro y cobre, principalmente, -como de cerámica, piedra, concha, madera y cristal de roca, se contesta a esa -pregunta mediante adornos, figuras de animales (aves, murciélagos, jaguares) y -otros emblemas del poder, como los bastones de mando hallados en los entierros -de los caciques, de los chamanes y de otras personas principales de diversas -tribus. A veces, por las formas audaces y a la vez simples de diademas, -narigueras, orejeras, collares, pectorales y brazaletes se tiene la impresión -de asistir a una exposición de arte moderno. Algunas piezas de alambre muy -delgado hacen pensar en obras de Giacometti y las cabezas grandes y planas, o -las mujeres rechonchas y sonrientes, en Miró.

- En realidad, las piezas de esta muestra son obras para el uso ritual o -cotidiano de grupos asentados en el territorio colombiano entre el año 500 a.C. -y 1500 d.C. La colección proviene del Museo del Oro de Colombia y del Banco de -la República de Colombia y deja a la vista una riqueza cultural sorprendente. -Las habilidades metalúrgicas de esos grupos, como puede apreciarse en el -documental que acompaña a la presentación, eran muy avanzadas y estaban por -entero al servicio del poder de caciques y chamanes. Por otro lado, el poder de -las mujeres, la guerra y su pensamiento mítico, como el de las máscaras, con -su poder de transformación, o los bancos y los personajes masculinos y -femeninos apoltronados en ellos, nada menos que sobre el eje cósmico donde los -chamanes llevaban a cabo los rituales de curación, de adivinación, o -propiciatorios..., permite distinguir a una organización política y religiosa -bien establecida.

- Roy Lichtenstein
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La cultura popular, los medios masivos, como el comic o las latas de -comida, fueron los objetos de culto de los artistas pop, tendencia -opuesta al expresionismo abstracto, entonces en boga. Parecía en la década de -los 60 que los artistas buceaban en los basureros de la opulenta sociedad -estadounidense para hacer hallazgos insólitos en los objetos comunes. Roy -Lichtenstein, además, se había formado en la tradición de rasgar tradiciones, -actitud imperante en esos años. En su búsqueda por un camino propio estudió -el arte americano, como el que cultivaban Charles Russell y Frederick Remington, -arte del lejano oeste, con indios y vaqueros. Unidos por un guiño, un grupo de -artistas, como George Segal, Claes Oldenburg, Jim Dine y, de manera especial, -Andy Warhol, se bañaron de cotidianeidad para darle forma al Pop Art. -Lichtenstein, sin disimulo, inauguró su ruptura estilística con el -expresionismo abstracto con su obra titulada “Look Mickey, I’ve hooked a Big -One”, con personajes de la tira cómica de Walt Disney. A partir de entonces, -su obra se sembró de puntitos (Benday dots), como los que se alcanzan a -ver en los comics con un lupa, producto de las que se usaban para la -reproducción mecánica en los periódicos. Lichtenstein, además, utilizó a -discreción los globitos de los diálogos y otros efectos especiales y -convencionales del comic, como las explosiones, los ruidos ambientales y -otros trucos que el artista utilizaba para subrayar su peculiar sentido del -humor. En el Museo de Bellas Artes, en una muestra de antología, cuelgan obras -de este artista excepcional que con ironía pasmosa redimensionó el alcance del -arte contemporáneo. La exposición retrospectiva permite apreciar la evolución -de este pintor y escultor (hay coches pintados con sus puntitos y con sus -colores favoritos, los básicos, azul, rojo y amarillo). La gente, compruébelo, -sale con una sonrisa de oreja a oreja, divertida.

- Matta: El surrealismo y más allá
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El último de los surrealistas, según algunos críticos, Roberto Sebastián -Matta, un chileno del mundo, hace cuadros que parecen graffitis, con -figuras que parecen letras, con letras que parecen objetos fálicos o cavidades -húmedas. En sus fondos sin horizonte hay máquinas y objetos propios de las -fábricas, con perspectiva propia. Nadie sabe para qué funcionan sus plantas ni -para qué las echó a andar. Son las fábricas de la imaginación; donde los -sueños flotan en un espacio opresivo, donde el aire huele a vapor de baño -público y la escena, cuando ya no es maquinaria, es el residuo de una orgía. -En el Museo Rufino Tamayo es posible transportarse al mundo metafísico de Matta -y sobrevivir a la experiencia. No se la pierda, hay 34 pinturas de buen tamaño, -21 grabados y ocho dibujos.

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