Muévete o muérete

Nunca antes tanta gente había escuchado tanta música, pero la industria del disco agoniza.
David Aguilar, Lolbé Corona y Antonio Puertas

Lo hace a plena luz del día, en su propia casa, incluso frente a sus papás, con unos cuantos - clics al mouse. Manolo, un muchacho de 17 años que estudia el último año de preparatoria, inserta los CDS que le prestó un amigo en su computadora, copia las canciones que le interesan, las guarda en el disco duro y ya: está listo para quemar un nuevo CD personalizado, de una selección de archivos -MP3 que luego podrá ordenar a su gusto. Es una escena que se repite millones de veces al día en el país y en el mundo. Y es una de las razones que las compañías disqueras esgrimen para justificar la caída en sus ingresos durante los últimos años: la piratería digital, las copias ilegales de canciones que luego se reproducen infinitamente, incluso en internet.

- Para la industria del disco, el efecto de Napster y otros servicios similares de intercambio de archivos vía internet fue que muchos jóvenes se acostumbraron a obtener música gratis, lo cual explicaría la caída en sus ingresos. “Hemos iniciado una campaña para informar a los consumidores que bajar e intercambiar archivos musicales [por internet] sin autorización es una violación a los derechos de las compañías”, dice Arturo Díaz, director jurídico de la Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas (Amprofon). Por su parte, Humberto Calderón, director de Marketing y A&R Latino de Universal Music México confirma: “Un problema de la música, luego de la experiencia en Napster, es que la gente cree que debe ser gratis”.

- Últimamente, las disqueras suenan desesperadas; incluso cada vez más frecuentemente apelan a los sentimientos de los fanáticos para que dejen de hacer lo que representa en su opinión una conducta criminal que las tiene heridas de muerte. “Los más afectados son los artistas”, aseguran. ¿Por qué copias CDS?, se le pregunta a Manolo. ¿Por qué no los compras? ¿Por qué lastimas a tu artista? Manolo ni se inmuta. “Mira: de este disco –responde, señalando uno de - Back Street Boys– copio la única rola realmente buena y de éste –muestra uno de Paulina Rubio–, copio otra, pero sólo porque le gusta a mi chava”. ¿Por qué no los compras? Manolo sólo sonríe con una mirada que refleja asombro ante el carácter absurdo de la pregunta.

- Pero no sólo es copiar y reproducir ilegalmente canciones a escala micro, unido a la popularidad de internet como canal de distribución, lo único que hoy saca de sus casillas a las disqueras, sino también el abaratamiento y el veloz avance de las tecnologías de clonación digital, y, sobre todo, la piratería organizada y las poderosas mafias que venden millones de CDS ilegales en los puestos ambulantes de las calles. Según cálculos de Amprofon, seis de cada diez discos que se venden en México son piratas. Su desesperación es tal que las ha llevado, incluso, a tratar de convencer a los ambulantes para que vendan productos legítimos a precios reducidos. Muy pocos creen que esta estrategia podrá eliminar de raíz el problema.

- Piratas del Caribe
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Nadie puede negar que el problema de la piratería es serio y que afecta a varias industrias, no sólo a la del disco. Desde películas, videojuegos y programas de software, hasta ropa, artículos de marca o juguetes, en los puestos callejeros se vende de todo y a precios risibles. Además de lesionar a los dueños de marcas y patentes, para el fisco representa una fuente de evasión de impuestos y aranceles (gran parte de los artículos ilegales son de contrabando).

- Para tratar de enfrentar este problema, la Secretaría de Hacienda y Amprofon lanzaron un programa de conversión de mercado impulsando la comercialización de productos legítimos entre ambulantes. Pero creen que combatir la piratería será imposible mientras existan autoridades corruptas, que permiten el ingreso de materiales ilegales y la existencia misma del comercio informal.

- Para Rafael González, músico, productor y socio de Discos Antídoto, la piratería no está atada al poder adquisitivo ni depende del precio, pues la gente con dinero también compra artículos ilegales. “Es una guerra perdida” observa con desánimo, y explica como el actual modelo de negocios facilita la explosión de artículos piratas. Pequeños sellos como el suyo están sujetos a las reglas del mercado y, hoy por hoy, son los distribuidores mayoristas quienes determinan el precio. El mayorista le vende a la tienda al doble de precio y ésta, a su vez, carga un incremento similar en los anaqueles, es decir, un disco puede costar 200% más al consumidor final al pasar por estas dos etapas. “La cadena ya está armada y te tienes que ajustar”, dice.

- El periodista y crítico de música José Xavier Navar va más allá y asegura que la disquera “es una industria - suicidada y ya no se repondrá nunca. La piratería ya se la comió”. En el caso de los CDS piratas, la corrupción es tan amplia que nadie se meterá para salvar a las compañías de discos. Además, no lograron capitalizar los beneficios de la tecnología. “Y si a esto se suman los ejecutivos mediocres o transas que tienen en sus filas, no hay remedio. Hay muchos piratas en Tepito que podrían ser mejores - label managers que los que están dentro [de las disqueras]”, dice.

- Más grave aún, el crítico menciona “los trinquetes que se hacen en el interior” de las compañías discográficas. Hay mucha corrupción, la cual, desde luego, es difícil de probar, pero existe. “En algunos casos tal parece que los ejecutivos podrían ser cómplices de los piratas. A veces el material llega a manos de ellos antes de su lanzamiento oficial,” añade Navar.

- ¿Por cuál vota?
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Existe otro elemento que complementa la ecuación de la piratería y tiene que ver con el contenido que venden las disqueras. Navar y algunos ex ejecutivos denuncian que, desde hace años, en México y en América Latina no se edita un buen disco. “Ya es muy difícil hallar un CD donde todas las canciones estén buenas, por eso la gente se va por los acoplados piratas”, dice el crítico. Por otra parte, presionadas por los accionistas y preocupadas por las ganancias de corto plazo, pocas firmas de discos invierten en el desarrollo de músicos y cantantes. “Hay que apoyar mucho a los artistas en su primer y segundo CD –dice una promotora–, hay que invertir en ellos; si mantienen la calidad y el tercer disco es bueno, el primero y el segundo ya se venderán solos. Pocas veces las disqueras hacen el esfuerzo”.

- Esta crisis de artistas y de contenidos entre las empresas establecidas –incapaces ya, incluso, de reconocer talentos y tendencias– explicaría también el auge de los sellos independientes y de nuevas corrientes musicales –hip-hop, electrónica, dance, trance – que pasaron completamente desapercibidas para las grandes casas.

- Imposible no hacer comparaciones con otros productos, mejor manejados, que no han sufrido bajas tan pronunciadas en ventas, como el DVD. “Ha sido [una industria] más noble y tiene precios más asequibles para la gente”. Por ejemplo: en las pasadas semanas 20th Century Fox colocó en el mercado mexicano 100 títulos de su catálogo más reciente a un precio promedio de $100 pesos por título; algunos tienen incluso los mismos elementos extras que los DVDS editados para la Región 1 (Estados Unidos y Canadá). 20th Century Fox y Videomax están vendiendo dos por uno y Zima ofrece cuatro por el precio de uno.

- Un ex ejecutivo lo pone de la siguiente manera: “Si de un lado tienes un CD que te cuesta $15 dólares y del otro un DVD con elementos extras como un salvapantallas para tu PC, entrevistas con los actores y dos bandas adicionales de sonido - dolby digital, ¿en qué gastarías tu dinero?”

- Cierto, hace apenas unas semanas, varios sellos discográficos bajaron los precios de algunos de sus discos, “pero ya es tarde”, advierte Navar. La venta de música en línea podría ser una salida a corto plazo para la mermada industria disquera, pero “sólo comprarán un poco de tiempo, porque las empresas tecnológicas los han rebasado”.

- “La paradoja es que mientras la industria del CD te dice que no copies, al mismo tiempo te venden aparatos para copiar,” dice resignado.

- Si quieren mantenerse en pie, las casas de discos necesitan analizar alternativas que por fuerza modificarán su modelo de negocios.

- El rock no tiene la culpa
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Si a alguien habría que culpar de lo que le sucede actualmente a la industria discográfica es… a la propia industria y a un rosario de pecados capitales, que incluyen codicia, glotonería, desidia y orgullo. En 1986, a pesar de las críticas, las compañías de discos impulsaron casi a la fuerza un nuevo formato: el CD, dejando de producir acetatos. Casi de la noche a la mañana, recuerda un ex ejecutivo, los vendedores al menudeo se vieron invadidos por largos estuches de CDS.

- Otros ya preveían desde entonces un problema más serio: los nuevos discos digitales permitirían la reproducción infinita de copias idénticas, sin pérdida de fidelidad, algo que los sistemas de grabación y copia por cinta magnética eran incapaces de garantizar. Esto no pareció importarle a las disqueras. Sumidas en una crisis económica generada por la falta de ingresos –la era - Disco había terminado y no había suficientes artistas que impulsaran el consumo– y con gruesas líneas de ejecutivos acostumbrados a ganar fuertes sumas de dinero, las empresas empujaron el nuevo formato que, además, les permitió volver a comercializar todo su catálogo. En aquellos años, cada máquina para reproducir CDS costaba entonces de $6,000 a $7,000 dólares. ¿Quién invertiría tanto dinero para copiar un CD?

- Pasó el tiempo, recuerda el ex ejecutivo, las empresas de discos se durmieron en sus laureles, insistieron en el mismo modelo de negocio y siguieron firmando a artistas de forma exclusiva por sumas millonarias para fortalecer su -star-system. Pero sobre todo, su mayor error fue que durante dos largas décadas prácticamente no invirtieron en investigación y desarrollo, justo durante los mismos años en que el sector de tecnología avanzaba frenéticamente.

- Hoy el escenario es diametralmente opuesto. Las disqueras parecen estar aisladas y sin amigos: enfrentadas con las empresas de electrónicos de consumo y los desarrolladores de tecnología, alejadas de los políticos y de sus propios consumidores (que ya no están dispuestos a seguir pagando altos precios por discos con un solo éxito), y manteniendo relaciones a veces ríspidas con las estaciones de TV y radio (los “amigos” que les quedan). “A los únicos a los que podemos seguir pagando payola es a las estaciones de radio”, confiesa un ejecutivo que pide anonimato. “Cuando no tengamos eso, estaremos muertos”.

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- Para una promotora de artistas la situación actual no deja de tener un ángulo irónico, pues jamás en la historia de la humanidad hubo tanta música. “Nunca existieron tantos artistas, tantas bandas. Escuchamos música en todos lados: en casa, en el auto, en el elevador, en el supermercado, en el celular, en los aviones… Antes la música era un privilegio de los aristócratas. ¿Por qué hoy la industria está en crisis? Esta gente [los grandes ejecutivos] están enfermos de codicia, están acostumbrados a ganar mucho dinero y explotar a los consumidores, mientras que los artistas ganan una miseria por la venta de sus CDS. Espero, por el bien de la música, que esta gente se vaya pronto. Sé que la música sobrevivirá, y los grandes sellos no”.

- Sin embargo, la clave final la ofrece un ex ejecutivo de la industria que, frustrado, decidió abandonar su trabajo en una disquera y ahora se dedica a la promoción de artistas. “¿Por qué –se pregunta, casi con escándalo– Napster fue inventado por un muchachito veinteañero y no fue desarrollado por una de las compañías de discos?” La falta de respuesta es la mejor prueba, argumenta, de que las empresas de discos están enfermas de avaricia, que son manejadas por ejecutivos arrogantes. “Gente sin imaginación, contadores y abogados”, que desde hace años no han modificado su modelo de negocio y que no invirtieron lo suficiente en investigación y desarrollo, algo fundamental en cualquier industria moderna. “Puedes hacerle la pregunta de Napster a cualquier ejecutivo de una disquera y su reacción será sonrojarse. ¿Por qué? Porque saben que es cierto, porque no tienen respuesta, y en el fondo ellos lo saben”.

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