México 2000

-
Roberto Salinas León

El inicio de año nuevo siempre trae la misma inquietud: ¿qué pasará? ¿habrá más de lo mismo? ¿hasta cuándo con el apretón de cinturón? Este año es especial ya que entramos a la temida fase final del periodo presidencial. Y la costumbre histórica nos lleva a una pregunta obligada: ¿habrá crisis de fin de sexenio?

- El gobierno insiste que “no hay quinto malo,” y que esta vez —a diferencia de 1976, 1982, 1987 y 1994— no habrá devaluación, deuda y más crisis. La inflación disminuye, las cuentas externas están en orden, hay disciplina fiscal, poco capital de corto plazo y mayor ahorro. Esta es la retórica oficial. Pero el empresario tiene memoria y se preocupa por el ciclo electoral y teme otro golpe cambiario.

- La gran pregunta es: ¿qué camino debe tomar el cuerpo de la economía para que la recuperación se sienta en toda la actividad productiva? El gobierno dice que vamos a crecer al 4.5%, que la inflación será de 10%, que cuidará el gasto, que el precio del petróleo mantendrá niveles razonables, en fin, que 2000 será un buen año. Pero si las cosas van tan bien, ¿por qué no se siente en los bolsillos?

- El cuerpo sigue débil. Otro golpe lo puede paralizar. Los llamados para ampliar los medios de pago, abandonar la obsesión anti-inflacionaria, incurrir en desequilibrio fiscal o usar la vía cambiaria para impulsar las exportaciones son espejismos llenos de golosina que pueden causar otro “paro cardiaco.” Para que el cuerpo crezca sanamente, hay que cuidar que no se engolosine.

- La vía que debe transitar el cuerpo económico se encuentra llena de obstáculos: trabas, reglas, permisos, que representan un alto costo de transacción. Por ende, los arquitectos del camino deben pavimentar: desregular la actividad para bajar los costos de legalización y dejar que el cuerpo pueda correr sin pedir permiso, sobornar, o recoger los huesos que complican el crecimiento.

- El último año de sexenio es como el problema del Y2K: se sabe que habrá dificultades, que se tienen que tomar pasos para corregirlo, sin poder anticipar el impacto real. Este es el tema de las crisis sexenales. Ya se dio el famoso blindaje financiero. Sin embargo, el verdadero blindaje es la confianza. Esto sólo se puede corregir con un cambio estructural: reformas fiscales, leyes laborales flexibles, autonomía cambiaria, pero sobre todo, medidas para que nuestras instituciones económicas sean más transparentes y gocen de credibilidad.

- En suma, el año 2000 es clave tanto para los números como para los bolsillos. Han sido cinco años de ajuste. Habrá que ver el resultado electoral, pero entre tanto, sería mejor abandonar el discurso de los números bellos y concertar esfuerzos en las medidas que permitan recuperar el indicador más confiable de bienestar: el poder de compra.

-

El autor es director de Estrategia Económica de TV Azteca

Ahora ve
No te pierdas