México exporta costumbres

Los ambulantes mexicanos &#34torean&#34 autoridades también en Nueva York.
Laura Martínez / Nueva York

Cuando Freddy llegó a Nueva York, hace más de 10 años, poco tardó en darse cuenta de que el anhelado "sueño americano" tenía otra cara que ofrecer a los ilegales mexicanos. Él imaginaba que todo sería como el Manhattan de las películas: el glamour de los rascacielos, la tentación de Wall Street, los escaparates de la Quinta Avenida… Pero no fue así. "Cuando vi los edificios del Bronx, me llevé el chasco de mi vida. Siempre viví en la colonia Roma; vine aquí y vi que estaba de la vil chingada. Sentí como si me hubieran llevado a La Candelaria", recuerda este hombre de 30 años quien, sin documentos legales para trabajar en Estados Unidos, es uno de los miles de vendedores ambulantes de esa metrópoli.

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Aunque vive en el Bronx, Freddy se desplaza generalmente hacia Manhattan, donde se vende mejor. Según la temporada, la mercancía va desde almohadas, perfumes y medias hasta flores, gorras, discos compactos y DVDs. El fin de semana después de los atentados contra el World Trade Center fue, tal vez, uno de los más productivos para él: en una pequeña esquina de Union Square vendió banderas estadounidenses "como loco", sacando hasta $700 dólares diarios. En épocas normales, trabaja sólo tres días por semana, ganando entre $200 y $230 dólares por jornada.

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En comparación con la situación laboral y económica de otros mexicanos que trabajan en delis o tiendas de abarrotes hasta 14 horas diarias, con sueldos de apenas $5 dólares por hora, las ganancias de Freddy son envidiables.

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Esta forma de vida tiene, sin embargo, algunos obstáculos, sobre todo cuando la ilegalidad viene por partida doble. Por su misma condición de indocumentado, Freddy no puede solicitar una de las 3,850 licencias que emite el gobierno citadino a los pequeños empresarios de la calle.

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La principal dificultad que enfrentan los ambulantes indocumentados es la policía de Giuliani, el alcalde saliente, quien se caracterizó, entre otras cosas, por "limpiar" las calles de vendedores ilegales a lo largo y ancho de Nueva York. Según información del Departamento de Policía local, al 21 de noviembre se había arrestado a 3,246 ambulantes ilegales, en comparación con 2,917 durante el mismo periodo del año anterior.

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"La tira es el principal problema; hay que estar al tiro… a las vivas, y que agarren al más pendejo", dice Freddy, y por ello carga con su mercancía del Bronx a Brooklyn, de Queens a Manhattan, a donde sea posible escabullirse de la autoridad. Lo han detenido unas 10 veces y aunque en todas las ocasiones ha logrado salir sin problemas, es una experiencia que no le desea a nadie. "¡Bueno sería que te pidieran una mochada; eso sería lo de menos! Pero te meten a un cuarto con 40 o 50 personas y no tienen dónde ponerlas, es pura gente de la calle."

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Freddy, empero, no tiene ningún interés por obtener un estatus migratorio legal: "Si me dan papeles voy a tener que pagar taxes [impuestos] y yo, la verdad, estoy mejor así."

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Nada de esto imaginó cuando terminó en México su carrera de Electrónica y Comunicaciones de Aviación en el Conalep y descubrió que la falta de un "padrino" o una "palanca" lo dejarían con la única opción de probar suerte en el otro lado, primero en Los Ángeles y ahora en la gran manzana. Pero piensa que su situación actual no será la misma por mucho tiempo.

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"Yo voy a hacer bisnes. Voy a juntar una buena lana para meter a mi hermana a un curso de Wall Street", y después "regresar a México con la bandera en alto".

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