Ningún Milagro en 1996

Política monetaria restrictiva, lenta recuperación económica, persistencia de la inestabilidad
Alejandro Castillo

A finales de 1995 era común escuchar el comentario en el sentido de que “¡por fin!, está por terminar este año”, como si la conclusión del ciclo anual fuera suficiente para desaparecer la situación de crisis que vive la economía nacional.

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Desafortunadamente, habrá ese milagro tan esperado.

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Existen avances; sí, pero se requiere consolidarlos. Y aun cuando se logre hacerlo, sus efectos tardarán en reflejarse sobre los niveles de empleo y los ingresos.

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Lo que se puede esperar para 1996.
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Primero, es necesario insistir en que la recuperación de la actividad no será inmediata, por varias razones. En primer lugar, el propósito de limitar el crecimiento anual de la inflación en 20%, como lo establecen los Criterios de Política Económica, obliga a aplicar una política monetaria lo más restrictiva posible. Dicha política deberá ser capaz de reducir la inercia inflacionaria resultante de 1995 y además contener las presiones de costos generadas por el aumento salarial de 10% que se aplicará en abril, los incrementos en los energéticos y la devaluación programada del peso, superior a 20%.

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De hecho, aunque el Banco de México anunció que en 1996 el límite para el crecimiento del crédito interno será de $15,000 millones de pesos, 50% más que en 1995, eso no significa que se flexibilizará la política monetaria.

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Independientemente de que se aplique esa política restrictiva, las presiones de costos se reflejarán en una inflación superior a la estimada por las autoridades, de modo que -Tendencias Económicas y Financieras calcula que quedará alrededor de 25%.

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En ese contexto, la meta gubernamental de alcanzar un crecimiento del PIB de 3% podría parecer ambiciosa. Sin embargo, si se considera que en 1995 el Producto Interno Bruto tendrá una caída acumulada de por lo menos 7%, no sería imposible revertir esa situación y lograr una ligera recuperación. De cualquier modo, en caso de que sólo se concretara la meta gubernamental, el PIB de 1996 sería inferior en más de 4% en comparación con el que se registró en 1994.

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La inversión que realicen firmas nacionales y extranjeras en 1996, que las autoridades estiman superior a $12,000 millones de dólares, contribuirá a la recuperación económica. Desafortunadamente, la necesidad de asegurar la recuperación de esas inversiones permite suponer que en su mayor parte, la concreción de esos proyectos dependerá de su relación con actividades de exportación. Paradójicamente, en la medida en que no se prevé una recuperación pronta de los niveles de demanda del mercado interno, la inversión esperada por otorgamiento de concesiones y venta de empresas podría ser inferior a la estimada.

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La excepción podrían ser las telecomunicaciones, donde se presenta una situación particular. La importancia de ese servicio y las necesidades del mercado dieron lugar, en años recientes, a que Telmex obtuviera utilidades extraordinarias.

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De acuerdo con la clasificación de Fortune (The Fortune Global, agosto de 1995), en 1994 Telmex ocupó el lugar 447 entre las 500 empresas más grandes del mundo, muy lejos de aquellas compañías que destinan recursos para investigación y desarrollo, las que han encabezado los grandes cambios tecnológicos. Sin embargo, a pesar de que su utilidad disminuyó 19% respecto a 1993 y sólo gracias a la posición que se le otorgó en el mercado mexicano, Telmex ocupó el lugar 23 en la clasificación de acuerdo con sus utilidades. Esa situación es la que hace atractivo al mercado mexicano y es lo que propiciará el ingreso de las grandes firmas, aun considerando que seguirá la contracción económica.

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Finalmente, tomando en cuenta que se aplicará una política monetaria restrictiva, que la recuperación económica será lenta y que el efecto de las inversiones esperadas se limitará a algunos sectores, las empresas deberán orientarse a aumentar sus ingresos vía exportaciones, aunque hasta el momento las autoridades no hayan sido capaces de proporcionar certidumbre acerca del comportamiento que seguirá el tipo de cambio. Desafortunadamente, es necesario insistir en que, en estos momentos, el futuro de las empresas no puede supeditarse a una recuperación de la actividad económica interna, que se ve lejana.

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Los riesgos.
-El problema reside en que existen muchos factores que podrían influir para complicar la situación.

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Un ejemplo de ello fue el ataque especulativo que sufrió el peso en septiembre y octubre. La causa aparente fue una toma de utilidades de los inversionistas de corto plazo, cuando comprobaron que la inflación estaba controlada, las tasas de interés se encontraban a la baja y la bolsa ya no tenía razón de crecer. Con ese comportamiento reafirmaron el diagnóstico de esta administración, de que México no puede depender y debe regular el ingreso de capitales especulativos.

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Desgraciadamente, hasta el momento los funcionarios gubernamentales sólo han hecho pronunciamientos aislados en ese sentido y no sería imposible que se sucumbiera ante la tentación de aceptar nuevamente inversiones de ese tipo. Un elemento que podría influir en ello es la tendencia hacia la flexibilización que siguen actualmente las tasas de interés internacionales. Eso podría generar grandes volúmenes de capital dispuestos a colocarse en los mercados emergentes.

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Por otra parte, eso coincide con el hecho de que ya no queda mucho margen para cumplir los propósitos de las autoridades. Como se recordará, en los Criterios las autoridades señalaron que se mantendrá el régimen de flotación con un deslizamiento implícito de $6.30 pesos en promedio en 1995, a $7.70 en promedio en 1996. Si se toma en cuenta que la cotización en diciembre de 1995 fue de $7.70-$7.80 pesos por dólar, lograr una cotización promedio de $7.70 en 1996 implicaría mantener fijo el tipo de cambio o incluso provocar una apreciación del peso, medidas que podrían llevarlo a perder la ventaja de la subvaluación.

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Además, persisten las razones que en 1994 provocaron inestabilidad política. Se ha avanzado en algunos aspectos, pero si se mantienen intocados poderes caciquiles y los avances aún no se plasman en hechos irreversibles, no sería difícil que quedaran como parte de la anécdota de principios de sexenio, como ocurrió en otras ocasiones.

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Así, cada vez es más difícil elogiar a un sistema por tener el valor de asumir los costos políticos de decisiones que afectan a la mayoría de un pueblo sumido en la ignorancia, apatía y desorganización. Se requiere tener el valor de adoptar medidas que fortalezcan a la nación frente a la competencia foránea, que le brinden estabilidad económica gracias a la eficiencia y productividad y no mediante la ficción y sobre todo, que le den certidumbre sobre la utilización de los recursos públicos y la aplicación de la ley.

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