Nos birlarán el 13% de nuestro dinero

Todas las propuestas de estabilización monetaria persiguen el mismo fin: extirparle al gobierno el
Ricardo Medina Macías

Supongamos que por esta vez el Banco de México tenga razón y sea previsible que durante 1999 tengamos una inflación de 13% anual. Esto significa que durante 1999 a más del 90% de los mexicanos económicamente activos, es decir a todos los que percibimos nuestros ingresos en pesos, nos birlarán el 13% de nuestro dinero. Eso, desde luego, sin contar lo que pagaremos de impuestos directos e indirectos y de precios y tarifas “inflados” para sufragar los gastos del gobierno.

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Eso, suponiendo que la meta de 13% de inflación sea digna de crédito.

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Ese es el costo de la soberanía monetaria.

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Desde antiguo, los soberanos mandaban acuñar las monedas de sus reinos con sus efigies.

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¿De quién es la imagen que llevan las monedas?, pregunta Jesús a los fariseos que quieren ponerle una trampa (si decía que no era lícito pagar tributo al César lo acusarían de rebelde, si decía que debía pagarse el tributo lo exhibirían ante el pueblo judío como colaboracionista de los opresores romanos), y la respuesta de los fariseos no puede negar lo evidente: la efigie es del César. Así pues, concluye Jesús, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

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El soberano pretendía que su sola efigie le daría valor al metal acuñado, el famoso valor facial, generalmente un valor que se pretendía superior al valor intrínseco de la moneda.

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Lo importante de las distintas propuestas de estabilización monetaria (dolarización, unión monetaria, consejo monetario, uso de monedas de plata o de oro con valor intrínseco y demás) es que coinciden en quitarle al gobierno uno de los monopolios más nefastos: el de la emisión de la moneda de curso legal. Y proponen ello porque el gobierno consistentemente ha defraudado a los tenedores de la moneda de curso legal.

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Habría que estudiar la conveniencia de cada propuesta, ya que parece existir una gran confusión. Por ejemplo, el sistema argentino de consejo monetario de ninguna manera implica abandonar la moneda nacional, sino ponerla a competir con una divisa fuerte (en este caso el dólar); la unión monetaria no significa, tampoco, la adopción del dólar estadounidense, sino probablemente la creación de una nueva moneda común para Norteamérica (ojo, el euro no es el marco) y por lo que hace a la mera dolarización (es decir, la adopción del dólar como moneda de curso legal única) no es una medida que requiera necesariamente de un acuerdo con la Reserva Federal, sino que podría tomarse en forma unilateral.

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A estas propuestas habría que añadir la de Friederich A. Hayek, que implica crear una verdadera competencia mundial de monedas emitidas por bancos privados, que se verían obligados a controlar estrictamente la oferta de sus divisas (algo que muchos bancos centrales no pueden o no quieren hacer), so pena de que sus monedas fuesen rechazadas por el público.

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La próxima vez que le echen en cara el mito de la soberanía monetaria, pregunte de cuál soberano le están hablando, porque una soberanía que implica defraudar al pueblo cada año 13% o más del valor de su dinero, no puede ser una soberanía que radique en el pueblo.

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