Nos reímos de la migra

El Presidente de Estados Unidos abrió una discreta rendija a los emigrantes; ahora toca saber aprov
Carlos Mota*

En 1984 se estrenó una película en México que no tuvo ni pena ni gloria. Su nombre fue Nos reímos de la migra. Yo no la vi, y acaso ninguno de los lectores de Expansión lo hizo. Eso sí, se insertó en los anales de la filmografía mexicana de los 80, que fue patética en gusto y pobrísima en calidad cinematográfica. Pero tuvo una cualidad: reflejó la vida, realidad y crudeza de la gente que cruza la frontera norte en busca de empleo y esperanza.

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Dos décadas tuvieron que pasar entre la aparición de aquella triste mofa y el reconocimiento por parte de Estados Unidos de que los inmigrantes mexicanos a su territorio deben ser tratados con mayor humanidad.

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Así es. La iniciativa presentada por el presidente George W. Bush al Congreso de la unión americana, a principios de enero, es el primer reconocimiento explícito de que el bloque comercial con México y Canadá necesariamente tendrá que incluir un flujo de capital humano que equilibre las economías de Norteamérica. En el largo plazo, el mercado comprendido en la zona del TLCAN tendrá que transitar hacia la homologación de los estándares de vida entre la población de los tres países.

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La propuesta de Bush enfrenta más retos en su país que en México. La reacción popular –y de algunos congresistas– es notoriamente encontrada en puntos de vista. Los más reacios a aceptarla señalan que el flujo de inmigrantes será tal que se empujarán a la baja los salarios, pues siempre habrá un extranjero que quiera hacer el trabajo por menos dólares. Asimismo, se critica de la iniciativa que Estados Unidos se convertirá en terreno fértil para inmigrantes que no querrán salir del país cuando termine su estancia legal.

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Es posible que ambas cosas ocurran, pero sólo tendrían efecto de corto plazo. Dado que la economía del país vecino es altamente dinámica, una recuperación sostenida por lo menos cinco años terminaría con el efecto de choque inicial de la propuesta de Bush y daría espacio para reducir la brecha salarial e incrementar el poder de compra de los mexicanos. En el muy largo plazo, la economía de las familias connacionales podría tener el promedio de ingreso de las estadounidenses, lo que dinamizaría de nueva cuenta al bloque en su conjunto.

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Es altamente improbable que la iniciativa de Bush sea aprobada tal como se envió, pero sin duda habrá un acuerdo migratorio, aunque sea mínimo, dado que el sistema de negocios estadounidense ya no puede funcionar sin el engranaje de los trabajadores de salario bajo. La de la unión americana es una economía con empresas altamente competitivas, orientadas muchas a la reducción de costos. En ellas, la mano de obra mexicana tiene ahora una oportunidad única para formalizar una relación que lleva décadas bajo el oscurantismo de la migra.

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* Carlos Mota es columnista de Milenio Diario. Comentarios: motacarlos@aol.com.

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