Notas sobre el tipo de cambio

Con un tipo de cambio competitivo que impulse las exportaciones, se podría controlar la inflación
Alejandro Castillo

La creciente apreciación del peso ha renovado la inconclusa polémica en torno a la política cambiaria. Nuevamente se plantea si es la adecuada o no, y se evalúa el costo que podría tener para el país mantenerla o modificarla. Sin duda, en el fondo lo que se discute son las prioridades de la política económica y su compromiso para resolver los grandes problemas nacionales, en el contexto de una economía globalizada, en la que México está obligado a competir intensamente.

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Quienes justifican la actual relación cambiaria apuntan que se ha establecido de manera natural. Como se opera en un esquema de libre flotación, la cotización del peso obedece a la oferta y demanda de divisas. Desafortunadamente, el saldo a favor que se observa en estos momentos no es consecuencia de una mayor capacidad competitiva del país, sino que obedece a una estrategia seguida por la administración gubernamental para captar recursos en los mercados financieros internacionales, vía emisión de deuda e inversión especulativa. Así, la fortaleza del peso se podría perder en el momento en que cambiaran las condiciones de los mercados financieros, como ya sucedió en el pasado.

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También se argumenta que mantener el tipo de cambio evita que se afecten los ingresos de los trabajadores. Sin embargo, no se dice que para mantener el tipo de cambio en las actuales condiciones del país depende de la llegada o permanencia de recursos foráneos. Además, aparte de que conlleva el riesgo de nuevas crisis, obliga a mantener altas las tasas de interés. El alto costo del dinero, combinado con una competencia foránea subsidiada por el tipo de cambio, daña los empleos en el país y, por supuesto, también afecta el salario que se pretende defender.

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Otro argumento es que la estabilidad cambiaria permite una mayor importación de equipos para la modernización de la planta productiva. Lo que no se dice es que muchos de esos equipos se producían internamente hasta que, por las facilidades indiscriminadas a las importaciones, se desplazó la producción interna. Además, la estabilidad -cambiaria también propicia la importación de bienes de consumo y bienes intermedios que, en un primer momento, contribuyen a reducir precios, pero terminan destruyendo las cadenas productivas.

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Hay quien considera que el actual tipo de cambio es el adecuado, que todavía permite competir. Quien eso afirma no reconoce la existencia de la gran disparidad entre ramas y empresas, por lo que el tipo de cambio que puede considerarse adecuado para algunas podría ser prohibitivo para otras. Si se evalúa en función de las empresas altamente exportadoras, quizá el tipo de cambio resulte el adecuado. Pero se debe tener presente que esas empresas son una minoría y no resuelven el problema de desempleo en México. Además, en un mundo globalizado, lo que no se cubre competitivamente en una economía abierta como la mexicana, será abastecido desde el exterior, afectando las posibilidades de recuperación interna.

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Respecto de lo anterior, no faltará quien señale que con el manejo del tipo de cambio se propone subsidiar a los exportadores y fabricantes nacionales. Interesadamente se oculta que un tipo de cambio como el actual –con tendencia a sobrevaluarse por la llegada de capitales foráneos– subsidia a los productores del exterior, en beneficio de los trabajadores de sus países, a costa de las fuentes de empleo en México.

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Por otra parte, es un hecho que no todas las variaciones en el tipo de cambio conducen a una mayor inflación. Por ejemplo, el yen japonés se ha devaluado 50% frente al dólar en menos de dos años y en Japón la inflación continúa siendo muy baja.

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Incluso, si en México se aplicara un tipo de cambio competitivo para impulsar las exportaciones, se podría mantener la inflación bajo control mediante políticas monetarias y fiscales adecuadas. Si a eso se añade un impulso consistente a la organización y promoción de nuevas empresas –para propiciar la competencia interna–, sería posible cambiar el destino de país dependiente y atrasado que se pretende asignar a México.

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