Nueva moda en los sueldos

Después del incremento acordado a los salarios mínimos, se abre la arena para que obreros y patron
Roberto Campa Zúñiga

En las negociaciones de ajustes al salario mínimo, los obreros tradicionalmente se han sentido despojados. Sin embargo, esta vez el secretario del Trabajo, Carlos Abascal Carranza, les dio nuevas esperanzas luego que pidió a los empresarios no ceñirse al incremento promedio de 6.5%. “A lo que aspiramos en este sexenio es que nadie gane ya el salario mínimo, sino varias veces ese índice”, dijo. Declaraciones que, por cierto, preparan el terreno del estira y afloje en las próximas discusiones contractuales, especialmente porque los trabajadores consideran que el aumento debió alcanzar 25%. 

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Para Pedro Tello, asesor de empresas y ex director de Estudios Económicos de Canacintra, “el incremento a los salarios mínimos es una porcentaje que revela que en las negociaciones obrero-patronales, el poder adquisitivo de los trabajadores sigue en segundo plano; el primer sitio lo conserva la estrategia de control de la inflación y el ánimo de sostener bajos los costos laborales en México”.

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Adolfo Gott Trujillo, vocero de los obreros ante la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), considera que no hay condiciones para que les alcance el salario. “De qué sirve ese 25% solicitado por el sector obrero, si no amarran los precios de los artículos de primera necesidad, mejor que nos dieran 5%, pero real.”

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A su vez, Mario Rodarte, director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Sector Privado (CEESP) precisa que “fijar un salario mínimo de acuerdo a la expectativa de inflación es una decisión adecuada”. En su opinión, “principalmente se utiliza como referencia para fijar una serie de pagos y compromisos, incluso cuestiones fiscales y bancarias, y en segundo lugar, establece un piso adecuado para el resto de las negociaciones en las demás industrias y sectores”. Para Rodarte, lo que normalmente ha motivado la ganancia salarial sostenida ha sido el crecimiento de la productividad.

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El directivo del CEESP señala que “aunque se nos tilde de tecnócratas, estamos convencidos que fijar un salario mínimo elevado no produce bienestar a los trabajadores sino mayor desempleo; se toma éste como referencia para fijar los salarios en el resto de la economía, además da lugar a una excesiva migración de las zonas marginadas rurales a las  áreas urbanas”.

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A decir de la voz analítica del sector privado (el CEESP), un aumento de la inflación de 6.55% en 2001 (considerado en las proyecciones económicas dictadas por el gobierno del presidente Vicente Fox) haría que el aumento salarial contractual se estableciera entre  8.5 y 9%. Sin embargo, existen analistas más optimistas que consideran que habrán excepciones y que algunos trabajadores alcanzarán 10%.

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Y aunque sólo 35% de la Población Económicamente Activa percibe el salario mínimo, el incremento de 6.5%, con posibilidad de negociación según capacidad de pago de las empresas, resulta, para la mayoría de los especialistas, todavía lejos de las expectativas del obrero mexicano.

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