OCDE, México en la balanza

La crisis no ha cuestionado los beneficios que México recibe como miembro de la OCDE. Pero el organ
Eda Chávez

Luego de 15 meses de haberse convertido en el 25° miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y en medio de una profunda crisis socioeconómica, México vive una confusa etapa en su integración al "club de los países ricos".

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Por un lado, es el único adherente que sigue beneficiándose de los fondos internacionales para el desarrollo, lo que lo ha convertido en blanco de críticas de sus colegas. Por el otro, los industriales mexicanos reprochan que la incorporación del país a la OCDE lo ha hecho perder muchos beneficios reservados a las naciones subdesarrolladas.

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En el seno de dicho organismo se admite que la presencia mexicana le ha dado credibilidad al proyecto de cambiar su imagen elitista por la de un foro más amplio. Su director general, Jean Claude Paye, considera que la incorporación de México le dio "sangre nueva" a la OCDE, criticada porque se había convertido en una máquina burocrática, cerrada a nuevas membresías, desde la incorporación de Nueva Zelanda, hace 20 años.

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Sin embargo, los economistas lamentan que las autoridades mexicanas no proporcionen información detallada indispensable para incluir definitivamente al país en la zona OCDE. Así, México continúa siendo considerado dentro del área "Latino América", "zona no OCDE", "resto del mundo", o simplemente es omitido.

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Además -según una fuente-, a veces es imposible integrar los parámetros mexicanos a los de otros países miembros, como Alemania, Francia, Canadá, Holanda o Noruega. Un estudio sobre empleo y desempleo se refiere a esto: contrastando con las estadísticas mexicanas, Estados Unidos y los países europeos consideran como desempleados a la población sin salario fijo ni prestaciones sociales, aunque tengan ingresos a través de la economía informal.

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Pero sobre todo, los especialistas de la OCDE proporcionan permanentes recomendaciones privilegiadas a sus miembros. En su seno se discuten políticas económicas que luego son instrumentadas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio. Por eso les sorprende que los sectores industriales mexicanos expresen que el ingreso a la OCDE ha tenido un costo muy elevado para el país, y sostienen que los beneficios "son intangibles".

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"Los miembros tienen acceso privilegiado a estadísticas, consultas, análisis y discusiones internas sólo accesibles a los socios del club", dice Peter Gaskeil, directivo de la sección de comunicaciones del foro. Añade que la información es invaluable para las estrategias nacionales porque permite conocer de fuente directa y de antemano las tendencias y políticas de organismos financieros internacionales.

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De hecho, el director general del FMI lamentó recientemente que la situación privilegiada de los miembros haya generado lo que llama el "síndrome OCDE". Al recurrir al caso mexicano para ejemplificar este -"síndrome", Camdessus aseguró que uno de los errores de análisis en el tratamiento de la crisis de diciembre fue al decidir el momento de la devaluación del peso. "Una vez que un país pertenece al foro, suele devaluar sin el acuerdo del FMI, y con sus respectivos inconvenientes."

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Nivel de desarrollo, determinante. La OCDE no exige que sus miembros renuncien a la ayuda oficial para el desarrollo, pero todos los países adherentes lo han hecho de manera voluntaria, con excepción de México. Sin embargo, el país ha perdido apoyos de diversos programas internacionales de cooperación para la pequeña y mediana industria destinados a las naciones menos desarrolladas

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Hasta 1994 México fue beneficiario de programas como el de la Promoción para el Desarrollo Industrial (Aprodi) con Francia o el de Cooperación Industrial México-Alemania (CIMA). Gracias al primero obtuvo programas favorables de intercambio comercial y tecnológico con la Federación de Cámaras Metalúrgicas de Francia, con la Cámara de la Pequeña Industria de España y con la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de Milán.

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Desde su incorporación a la OCDE, el 18 de mayo de 1994, los países que promueven esos esquemas de apoyo se han retirado paulatinamente para establecerse en otros países que mantienen claramente su estatus de naciones en vías de desarrollo. Un estudio del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas, con sede en Madrid, por petición de la cancillería francesa, confirma que "en el área de cooperación económica, los -niveles de desarrollo de los países latinoamericanos determinan tanto la dirección de los flujos como el éxito de las -iniciativas".

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Paye reitera que destino de los programas de apoyo es decidido por cada país de manera independiente a la OCDE. Así, México continúa siendo beneficiado por el Fondo de Ayuda para el Desarrollo que otorgan los países miembros de la OCDE. Sostiene que los flujos de ayuda financiera internacional continuarán siendo relevantes en la -política de desarrollo, pero no podrán reemplazar a las inversiones extranjeras -privadas.

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La ayuda de las naciones industrializadas hacia México pasó de $ 100 -millones de dólares en 1989, a $400 millones de dólares en 1993. El aumento provino principalmente de España, -Francia y Japón.

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A pesar de que la ayuda no es insignificante, Paye considera que "continúa siendo marginal en términos del financiamiento externo total y de los ingresos nacionales del país". Agrega que la -ayuda financiera no puede reemplazar al capital privado extranjero y tampoco puede mantenerse a los niveles actuales. "El crecimiento futuro de México no depende del desembolso externo sino de sus propios esfuerzos para desarrollar su potencial; lo que puede hacer la -diferencia es la promoción del desarrollo social y un mayor ahorro interno enfocado al área de la productividad, que serán -vitales". Considera que la continuidad de un nivel modesto de ayuda dirigido a trans­ferir conocimientos institucionales -específicos y capacitación "podrían dar un empuje estratégico al desarrollo de México a largo plazo".

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Sostiene que los costos de la liberalización del comercio y de flujos de capital mundial son más evidentes que los beneficios a largo plazo, y asegura que el caso mexicano no es único, -debido a que actualmente las plazas financieras suelen desatar tormentas al exagerar en sus reacciones.

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Crisis mexicana: imprevisible. -Paradójicamente, la crisis mexicana de di­ciembre de 1994 no fue prevista por los economistas del foro, según Paye, -porque las bases económicas del país apa­rentaban ser sólidas.

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Reconoce que el organismo había detectado que el nivel del déficit de cuenta corriente era muy alto pero que, "a diferencia de 1981-82, no fue -presupuestario, sino consecuencia de una reducción del ahorro privado interno". Explica que esta escasez fue cubierta por flujos de capital privado, que continuó llegando al país en inversiones líquidas hasta finales de 1994, "lo que creó una situación -delicada".

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Para la OCDE, "los fundamentos de la economía mexicana teman una -apariencia sólida que no garantizaban una devaluación del peso de tal magnitud, porque el presupuesto estaba a punto de alcanzar un balance, la inflación se -estaba reduciendo casi a 7%, y se había preparado el terreno para alcanzar los beneficios de reformas estructurales mayores, simbolizadas en las privatizaciones masivas y en la firma del TLC Coincide en que la crisis estalló cuando los inversionistas extranjeros reaccionaron con cautela y retiraron su capital, lo que repercute de manera tormentosa en los mercados financieros internacionales". Advierte que el programa mexicano de emergencia "sólo funcionará si se implementa a través del esfuerzo común del gobierno y los demás actores sociales".

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Por otra parte, minimiza, tanto el hecho de que el país haya caído en crisis --según él, todos los países miembros han pasado por momentos difíciles-, como el de que las previsiones de crecimiento de la zona OCDE para este año hayan sido modificadas a la baja, parcialmente debido a la actuación de México, "especialmente si sus autoridades ya han implementado políticas correctivas".

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En todo caso, el organismo opina que dichas autoridades deberán remediar "urgentemente" las tensiones sociales generadas por los acelerados cambios de la economía mundial. Si éstas no se enfrentan, señala Paye, "se podría levantar una resistencia política que cuestionaría la apertura de fronteras y la liberalización de intercambios comerciales".

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El diplomático considera que, hasta ahora, México "ha conocido el funcionamiento del foro como miembro de pleno derecho y ha podido disfrutar del prestigio que conlleva su membresía; luego también se dará cuenta de las responsabilidades que ello representa", cuyos estatutos incluyen la promoción del libre comercio y de la democracia.

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Aún en la balanza. Por lo pronto, el peso de la membresía de México en la OCDE no inclina la balanza ni hacia el lado de los costos ni de los beneficios.

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Su prestigio de integrar el organismo fue evidente en Europa, donde antes de firmar el TLC era considerado como parte de América del Sur, y se empezó a analizar la posibilidad de verlo como interlocutor político sólo después de su incorporación a la OCDE.

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En todo caso, más allá de lo que pueda pasar ahora con su integración a dicho organismo, en mayo pasado firmó una declaración solemne, como prefacio de un ambicioso acuerdo bilateral para fortalecer las relaciones políticas, comerciales y de cooperación económica con la Unión Europea (UE). Allí, ambas partes se comprometieron a iniciar consultas para negociar, en una fecha no establecida, un acuerdo de liberalización progresiva de intercambios comerciales e institucionalizar consultas a nivel presidencial, ministerial y parlamentario.

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El texto final también establece los elementos principales de la nueva relación, "conforme a sus valores comunes y en estricto cumplimiento de los principios de la carta de Naciones Unidas". México y la UE se fijaron como objetivos comunes "apoyar la democracia, el Estado de Derecho y el respeto de derechos humanos y a las libertades individuales".

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Asimismo, se comprometen a "salvaguardar la paz y a promover la seguridad internacional, cooperando con otras naciones contra la agresión, cualquier tipo de coerción y violencia y contribuyendo a la prevención y solución pacífica de los conflictos del mundo, fortaleciendo el papel de Naciones Unidas".

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Ambas partes "pondrán en práctica políticas tendientes a crear una economía mundial sana, caracterizada por un crecimiento económico sostenido, con una inflación moderada, un nivel elevado de empleo, condiciones equitativas y un sistema financiero estable". Además, promoverán "los principios de mercados, rechazar el proteccionismo, implantar y consolidar el multilateralismo, en particular gracias a la labor de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y de la OCDE".

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El nuevo acuerdo contempla fortalecer el apoyo a la vinculación de empresas de ambas partes, así como desarrollar la cooperación medioambiental, industrial (tecnología de la información y telecomunicación) y científico-técnica.

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Este convenio abrirá la posibilidad para México de participar en ciertos proyectos y programas europeos de cooperación. Incluso, podrá establecer acuerdos concretos en campos como la lucha contra el fraude. Hasta ahora, el único fundamento jurídico de esta relación bilateral era el marco denominado de "tercera generación", suscrito en abril de 1991 y limitado a la cooperación técnica, cultural y científica.

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Por lo visto, y a pesar de la crisis, el país no está huérfano de la cooperación internacional.

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