Oídos más atentos a los auditores

Las empresas medianas actúan con más celeridad para atender las recomendaciones.
Raúl Castro Lebrija

El 15 de mayo la firma PricewaterhouseCoopers dictaminó los estados financieros del año 2001 de Grupo Dataflux: la empresa no tenía reservas suficientes en rubros relacionados con el pago de impuestos y además se contaba como de largo plazo un adeudo por $80.6 millones de pesos “sin que hubiese documentación que justificara dicha clasificación”. Sólo dos semanas después la compañía puso la casa en orden para que sus balances quedaran sin ninguna salvedad.

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Días antes, Farmacias Benavides había hecho cambios similares para evitar manchas en sus estados financieros. Según el dictamen de auditores independientes, había puntos obscuros en sus cálculos del impuesto al activo y en la determinación de utilidades para sus trabajadores.

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Víctor Manuel Treviño, director de Finanzas de la cadena, asegura que para ellos el proceso de auditoría se ha hecho más riguroso a partir de los problemas en Estados Unidos. “Buscábamos un socio y por ello era todavía más importante tener la casa limpia.”

Otros han optado por presentar información transparente, aun a costa del prestigio. Según ejecutivos de Grupo Campus, importadora de bebidas alcohólicas, al 31 de diciembre de 2001 la organización tenía pérdidas por casi $605 millones de pesos y había mermado más de dos terceras partes de su capital social. “Según la Ley de Sociedades Mercantiles, esto podría ser causa de disolución de la entidad a solicitud de algún tercero interesado”, advertía el dictamen.
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