Ojos de oficina

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Los ojos, al igual que cualquier otra parte del cuerpo, no deben ser objeto de abuso. Sin embargo, como están ahí, casi siempre abiertos, es fácil olvidar que de vez en cuando conviene darles un respiro.

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Es recomendable, por ejemplo, no mantenerlos activos en forma ininterrumpida durante largos periodos. Si el trabajo exige varias horas de concentración frente al escritorio o la pantalla de la computadora, vale la pena colocar plantas alrededor y ocasionalmente –quizá cada 15 minutos– desviar la mirada un momento hacia lo verde y respirar profundamente. Parece superficial, pero si lo practica advertirá que descansa al no fijar la vista en un punto preciso.

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Los médicos tradicionales chinos recomiendan técnicas semejantes para aliviar la tensión en los músculos oculares. También señalan la conveniencia de aprender a masajear la zona, siguiendo estos sencillos pasos que se realizan siempre con los codos descansando en la mesa o escritorio y los ojos cerrados:

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Los párpados. Frote toda el área –con cuidado de no ejercer fuerza excesiva– dibujando pequeños círculos.

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Las esquinas. Con los pulgares, dé masaje en los ángulos internos bajo las cejas, mientras el resto de los dedos descansa sobre la frente.

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El puente. Valiéndose del pulgar y el índice, presione suavemente el puente de la nariz, con un movimiento de arriba hacia abajo.

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Las mejillas. Apoyando la barbilla en los dedos pulgares, una los medios sobre el tabique de la nariz. Con los índices libres friccione los pómulos y la zona en torno a ellos.

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Las cejas. Colocando los pulgares sobre las sienes, utilice los índices para frotar las cejas hacia afuera en movimientos circulares.

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Con sólo un minuto que invierta dos veces al día en estos ejercicios comprobará que son una buena manera de dar tregua a sus ojos.

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Anteojos. El marco ideal

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El hábito de llevar lentes no sólo está asociado con defectos ópticos, sino también con la imagen personal. Su empleo ayuda a destacar los rasgos faciales y puede aportar un toque de distinción a quien los usa: todo es cuestión de elegir el armazón adecuado a las características del rostro. Un truco es nunca seleccionar monturas con características similares a las de la faz.

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Rostro ovalado
Aunque cualquier tipo de armazón puede armonizar con este fenotipo, se recomiendan los gruesos, sin importar su estilo.

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Rostro triangular
Si la parte superior de la faz es estrecha y los ojos parecen muy juntos, evite los soportes alargados que destacan este efecto; unos lentes pequeños, en cambio, lo contrarrestan.

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Rostro de diamante
Una frente amplia luce mejor con armazones de borde superior grueso. Si los ojos parecen estar muy separados es buena idea elegir un modelo alargado y preferentemente metálico.

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Rostro redondo
Acepta con fortuna molduras medianas y pequeñas, que hacen parecer más largala cara. Conviene evitar las curvadas.

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Rostro cuadrado
Se deben evitar los soportes demasiado toscos y los de forma rectangular, que acentúan los rasgos anchos.

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