Oportunidad perdida

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Sergio Sarmiento*

México ha perdido una gran oportunidad. La segunda mitad de 2003 pudo ser el momento en que los políticos dejaran atrás sus diferencias y rencores para construir las reformas de largo plazo que se necesitan. Al contrario, las diferencias se han acentuado. Hoy no dividen a unos partidos de otros, sino a políticos de un mismo partido, como ha ocurrido en el PRI.

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Lo peor de todo es que el mundo no se detiene. Mientras la productividad está estancada, la de otros países, como China, avanza a pasos acelerados. Perdemos empleos, pero nuestros políticos no se dan cuenta de que es su responsabilidad, por no tomar decisiones que nos volverían un país competitivo.

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México tuvo éxito en sus primeros años de apertura comercial porque tenía mano de obra barata, un peso subvaluado a fuerza de constantes devaluaciones y la primera generación de reformas estructurales, como la privatización de Teléfonos de México y el recorte del déficit del gasto público.

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La combinación de esas medidas se agotó, mientras otras naciones han hecho esas y otras reformas. China pasó con rapidez de la apertura a la inversión y al comercio internacionales, a la reforma de la electricidad y al sistema fiscal. Las empresas pagan hoy menos electricidad, gas natural, diesel y gasolina. Tienen menos carga de impuestos que en México. Con razón tantas firmas internacionales mudaron sus operaciones a Asia.

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Podríamos estar en iguales circunstancias. En muchos aspectos la economía mexicana es más competitiva. No necesitábamos bajar los salarios a sus niveles para defender mercados. Sólo precisábamos abrir los energéticos, y una reforma fiscal para bajar impuestos y simplificar su pago.

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Un grupo de políticos del PRI y del PRD se han coligado para desechar esta oportunidad histórica y permitir en cambio la reconciliación entre priístas, como Manuel Bartlett y José Murat, y perredistas, como Cuauhtémoc Cárdenas y Pablo Gómez. Todos afirman que han actuado con la intención de defender la soberanía del país. Al final el único resultado es mantener a México hundido en la pobreza.

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Me queda claro que toda reforma de fondo es políticamente difícil. Los pueblos son, por naturaleza, conservadores. Pero cuando en algunos años o décadas empecemos a hacer finalmente las que ahora hemos descartado –como tendremos que hacer tarde o temprano– seguramente juzgaremos con dureza a una generación de políticos que en 2003 tuvieron la oportunidad histórica de reformar a fondo la economía nacional sin atreverse a hacerlo.

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*Sergio Sarmiento es columnista del periódico Reforma.

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