Oro en la selva

Por cada dólar que invierta hoy en sus árboles de teca, Proteak le promete $56 dentro de 25 años.
Feike Tycho de Jong

HÉCTOR BONILLA
PROTEAK

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¿Por qué la naturaleza, mientras hace sus tareas, no puede hacer las nuestras también? Es una pregunta falsa para Héctor Bonilla, de Proteak, una empresa en la cual el valor de la inversión crece a la velocidad de la teca, un árbol de origen asiático que da la madera fina más valiosa del mercado.

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La idea de un árbol valioso que crece inconsciente de los precios del combustible, los nuevos sistemas de telecomunicaciones o las preferencias de los consumidores adolescentes, ha convertido a las plantaciones de Proteak en Campeche en una inversión preciada en los portafolios de 39 inversionistas de cinco países que han aportado $2.7 millones de dólares a la empresa.

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“A todos nos gustan los árboles”, comenta Bonilla. “Además tienen la ventaja de que son una inversión muy simple. Es fácil de entender”.

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Un árbol plantado hoy tendrá un valor de $761 dólares en 25 años, asegura Bonilla, quien insiste en que sus cálculos son conservadores. Si faltara paciencia, se puede talar en 15 años, cuando el valor de la inversión sólo haya llegado a $200 dólares.

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En realidad el negocio de Proteak, que ya tiene 720,000 árboles pequeños plantados en 660 hectáreas, funciona con talas escalonadas y esquemas financieros sofisticados de pago de retornos.

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Los ingresos acumulados por dólar invertido crecerán a $2.91 dólares en 10 años y a $56 dólares en 25. El gasto más fuerte de la inversión, dice Bonilla, es la compra de terrenos.  El negocio empezó en la carretera. En enero de 2000, el hijo de Javier Bonilla, secretario de Trabajo y Previsión Social durante el gobierno de Ernesto Zedillo, regresaba de sus vacaciones en Yucatán cuando vio una plantación de teca a un lado del camino. Un año y medio después plantó el primer árbol de Proteak.

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En 18 meses, Bonilla encontró un forastero experto para manejar el negocio, contrató a la consultora más renombrada en el negocio de la teca y juntó un capital de $300,000 dólares, del cual una parte la pusieron sus jefes en la consultora de estrategia internacional, Boston Consulting Group. De ese dinero gastó $150,000 dólares en investigación y desarrollo, y $150,000 en plantar los árboles. Ahora la empresa se enfoca en crecer: más tierra, más inversionistas, más tecas.

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Sentado en una mesa de Expansión, Bonilla enumera las características de un modelo de negocios poderoso: simplicidad, porque cuando el modelo depende de muchas variables seguramente va a fallar; márgenes interesantes para estar preparado ante cualquier contingencia; no depender de un solo cliente; que las inversiones se hagan en cosas concretas con un valor en sí, como tierra o edificios y, sobre todo, realismo.

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“Los emprendedores son soñadores por naturaleza”, comenta Bonilla. “Cuando hago un plan de negocios multiplico los gastos por dos y divido los ingresos por la mitad. Si todavía funciona hay algo bueno”.

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Y mientras hace cuentas, sus tecas crecen.

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