Osorio, Font y Nigenda. Ave Fénix

Con un agresivo plan de trabajo, convencieron a sus ex patrones para hacerse de activos que sumaban
Guadalupe Rico Tavera

Cuando Omar Osorio, Angel Font y David Nigenda recibieron la noticia de que Wang Corporation había decidido finiquitar las operaciones de su planta de manufactura en Guadalajara, lejos de sentarse a llorar el cierre de la que había sido su fuente de trabajo durante siete años, vieron que era la oportunidad para lanzarse a una aventura más ambiciosa. Y de las cenizas que quedaron de Wang, Phoenix International, empresa que (como el ave fabulosa de la leyenda egipcia) ha vivido más de una resurrección de (casi) sus propias cenizas.

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Originarios de diferentes puntos del país (Osorio de Tapachula, Font de Cananea, y Nigenda de Mexicali), la electrónica fue el pretexto que reunió a este trío en la capital tapatía. El lugar de la cita: la planta de Wang, donde habrían de trabajar, hasta que bajó las cortinas, en octubre de 1992.

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Luz verde. Para otros, el cierre habría equivalido casi a una tragedia. No para ellos, pues vislumbraron la posibilidad de quedarse con el negocio y convertirse en proveedores de Wang Corporation Osorio, que había escalado hasta la dirección general de la planta, fue el encargado de hacerle la propuesta al alto mando de la corporación estadounidense y, tras presentar un plan de trabajo en el que demostraba que la operación tenía todo para ser factible y rentable, recibió un "adelante" como respuesta.

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Lo mejor del caso es que los tres socios se hicieron de activos por $700,000 dólares... sin invertir un solo quinto. Osorio, quien ya contaba con experiencia como empresario independiente (tuvo su propia fábrica de tarjetas electrónicas), revela cómo fue la negociación: "Nosotros compramos en consignación todo el inventario de materia prima y de activos fijos que no eran obsoletos y que necesitaríamos para la fabricación de equipos o partes."

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Aunque las instalaciones de la planta de manufactura no entraron en el trato, los audaces socios se echaron a la bolsa un buen negocio. Pero, ¿por qué tanta consideración? Font, ingeniero electrónico de 33 años de edad, formado en la universidad texana de A&M, justifica: "Nosotros podíamos representar para Wang un proveedor confiable que les podía ofrecer bajo costo, buena calidad y entregas a tiempo. Además, algo muy importante fue la confianza que nos tenían después de haber trabajado para ellos durante siete años."

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Sin tener mucho que esperar, y ya con un programa que los apoyó para exportar productos manufacturados (mismo que les permitió la importación temporal de insumos), Phoenix International emprendió el vuelo en octubre de 1992, ensamblando computadoras personales, cables, arneses y equipos periféricos.

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Osorio, el de mayor edad y experiencia (hoy cuenta con 52 años) quedó en la dirección general; Font se hizo cargo del área de adquisiciones y de las relaciones con gobierno; y Nigenda se hizo responsable de todo lo referente a calidad. A decir del primero, en la empresa se conjuntó un buen equipo: "Los tres habíamos trabajado en compañías multinacionales, por lo que estábamos muy relacionados con la conciencia de calidad y los procedimientos que se manejan en Estados Unidos."

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Obviamente, la flamante firma sufrió algunas modificaciones. Sobre todo, la pesada y costosa estructura que albergaba a Wang tuvo que hacerse mucho más ligera y eficiente. Así, un pequeño local de la colonia Moderna y una plantilla de 11 trabajadores fueron suficientes para soportar los trabajos iniciales.

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Vuelo compartido. El crecimiento, sin embargo, no tardó mucho en llegar. En marzo de 1993, un fabricante de partes plásticas de Pennsylvania, al conocer las operaciones de Phoenix, se olvidó de sus planes para instalar una planta en México y optó por una fusión de las dos compañías, la cual se verificó en octubre del mismo año. El trato fue que los de Phoenix aportaban su empresa y Component Technology (Comtec) invertía $1.7 millones de dólares en equipo.

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Con la fusión, Osorio, Font y Nigenda nuevamente salieron ganando, pues la combinación de la electrónica con la inyección y moldeo de alta precisión de partes plásticas les abrió las puertas de la integración vertical. Así, para enero de 1994, empezaron a fabricar productos electromecánicos.

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Luego de instalarse en una nave mucho más amplia, en el Parque Industrial Los Belenes, y con una plantilla que subió a 170 trabajadores, Phoenix tomó vuelo. Su crecimiento alcanzó aumentos de 600% en sus ventas, las que pasaron de $900,000 dólares durante 1993, a $5.4 millones de dólares al año siguiente.

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Así, los electromecánicos se convirtieron en los productos estrella de la compañía, alcanzando a representar 61% de sus ventas. De cualquier forma, la fabricación de cables y arneses para proveer a Wang y Etos Fuchikura continuó siendo un renglón importante (14% de las ventas), al igual que la reparación de equipos de las marcas Wang, Dell y Digital (9.5% de los ingresos).

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Sin embargo, cuando más alto volaba esta empresa, los vientos del norte soplaron en su contra. En octubre de 1994, Comtec rompió la sociedad con Phoenix, ya que no podía cumplir con los compromisos crediticios que había contraído con General Electric Capital . La financiera se quedó con las acciones de la firma de Pennsylvania y ésta, finalmente, desapareció del mapa.

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Font reconoce que la separación de Comtec les pegó duro, sobre todo por el lado del soporte técnico. Mas ello no impidió que el ave fénix renaciera una vez más, y con mayores bríos.

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Travesía por el extranjero. Osorio, quien entró a la electrónica después de haber estudiado y trabajado en el área de ingeniería química, pronostica que las ventas de este año sumarán $8.2 millones de dólares. Pero lo más importante es que 96% de su facturación es para el extranjero. Así, Phoenix tiene todo a su favor para salir adelante. Por el lado de los pasivos, este trío de empresarios parecen no tener mucho de qué preocuparse, ya que apenas llegan a $500,000 dólares.

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Aunque de momento el trabajo es lo que sobra, Osorio, Font y Nigenda tienen como política el mantener una comunicación muy abierta y buscar nuevas oportunidades de negocios. Eso sí, "debemos tener la capacidad de reaccionar a tiempo y con calidad, porque ahora la competencia es mayor", agrega el director de adquisiciones.

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La competitividad ha sido, precisamente, una de sus principales preocupaciones y, desde hace más de un año, se han dado a la tarea de desarrollar proveedores locales. De esta manera, hoy cuentan con una base de 15 proveedores y productos que gozan de un índice de 78% de integración nacional. Con la inquietud de mejorar sus sistemas de calidad, van asimismo en pos de la certificación ISO 9002, misma que, según Font, esperan obtener a mediados del presente año.

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De cualquier forma, la intención del trío no es quedarse en su nido, sobre todo por el crecimiento que tienen planeado. Por eso, están buscando un socio que quiera emprender con ellos un nuevo vuelo, el cual podría llevarlos (ahora sí) a renacimiento.

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