Otra mancha al Tigre

El encumbramiento del emporio televisivo, la militancia política y la vida privada de Emilio Azcár
Alberto Barranco

La aparición del libro El Tigre y su imperio Televisa volvió a colocar en el centro de la polémica la personalidad de un empresario al que se atribuyen a la par todas las virtudes… y todos los defectos.

- Azcárraga Milmo elevó a nivel internacional, con rango de la segunda acción mexicana más codiciada en Wall Street, la empresa forjada por su padre... y dejó una catástrofe financiera en manos de su hijo.

- “Si viviera el tigre...”, decía el lamento del ejecutivo de finanzas despedido de mala manera; del mesero de la casona de la calle de Hamburgo donde se celebraban las comidas de la abundancia; de la actriz a la que le rompieron el contrato de exclusividad, trabajara o no trabajara; del conductor de noticias al que le pagó el magnate su largo tratamiento contra el cáncer en Houston.

- Y en la sorpresa, la persecución a los hermanos Guillermo y José Antonio Cañedo White, los hombres de los ajustes para llevar a Televisa a las pizarras de la Bolsa de Nueva York –nombrado el primero, en el inolvidable testamento en vivo, en directo y a todo color por el canal de las estrellas, presidente de la empresa– llegó al extremo de exigir a las autoridades financieras que se vetara su ingreso a Televisión Azteca, argumentando que se llevaban información privilegiada.

- Y caliente aún el cuerpo del difunto, el estadio “Guillermo Cañedo” volvió a llamarse Azteca, mientras se amagaba con demandas penales a sus hijos, alegándose cuentas pendientes por $30 millones de dólares. La razón del encono era simple: los Cañedo habían soltado la chequera para las cuentas alegres de su jefe. Ya el imperial yate “Eco”, 40% del cual se lo regaló Azcárraga a su última esposa, Adriana Abascal. Ya las casas y departamentos al otro lado del río Bravo. Ya el desfile de coches con gigantescos moños rojos al techo... o los préstamos desmedidos de Banamex y de Banco Inbursa, con etiqueta estos últimos de corto plazo.

- Ahora que mientras la empresa agotaba al mínimo la nómina y decretaba austeridad franciscana en sus gastos, a la par que sus abogados negociaban la compra de los paquetes accionarios que mantenían la ex esposa del Tigre, Paula Cusi, como los propios Cañedo, se toparía con la sorpresa de que la hermana mayor del clan, Laura Azcárraga de Wachman, alguna vez por voluntad de su padre socia mayoritaria de la firma, quería vender.

- Al final del camino, aunque Emilio Azcárraga Jean logró 51% que no había podido alcanzar el Tigre, el precio fue el ingreso de Carlos Slim Helú a la sociedad, si bien con el compromiso de no asumir posición alguna en el consejo de administración… además de la exigencia de colocar un paquete adicional de papeles en el mercado internacional y la venta de una parte sustancial de activos: desde un porcentaje de la cadena de habla hispana en Estados Unidos, Univisión, hasta la firma de anuncios espectaculares Vendor.

- Lo cierto es que Azcárraga Milmo vivió y murió en los contrastes. Lo mismo se fue temporalmente del país tras un violento pleito verbal con el secretario de Gobernación del sexenio delamadridista, Manuel Bartlett, que corrió con cajas destempladas al conductor de noticias Guillermo Ochoa para cumplir un capricho del presidente Carlos Salinas de Gortari, en su venganza personal contra el líder moral del sindicato petrolero, Joaquín Hernández Galicia, conocido como “La Quina”... para declarar posteriormente que su empresa y él eran soldados al servicio del PRI. Y regresar violentamente de su semiretiro cuando su sobrino Alejandro Burillo Azcárraga, a quien había dejado al cuidado de la casa, tuvo problemas con el gobierno por la difusión, vía el programa dominical de Ricardo Rocha, del video que mostraba con toda crudeza la matanza de Aguas Blancas. El ave de las tempestades sigue volando.

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