Otro insolente. Cría cuervos

¿Se siente seguro en su puesto? Tenga miedo, tenga mucho miedo.
Max Clip

Una de las funciones más engañosas y peliagudas que cualquier jefe debe cumplir es la de contratar a nuevos empleados, especialmente a aquellos que, con la debida experiencia acumulada, en el futuro podrían reemplazarlos en el puesto. Como me lo explicó en alguna ocasión uno de los vicepresidentes: “La responsabilidad más importante que cualquier ejecutivo debe cumplir es contratar y formar a quien lo va a sustituir. Si no hay quién ocupe tu puesto, nunca te van a promover a otro.”

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Pues bien, señores ejecutivos, ustedes que se sienten tan seguros en sus puestos: tengan miedo, tengan mucho miedo; no sólo es inevitable cumplir con tan importante función, también hay que cuidarse las espaldas del cuervo que a la primera oportunidad les sacará los ojos y los pondrá en evidencia ante los jefes. Los días en los que un muchachito recién egresado de la universidad acataba con reverencia sus instrucciones son cosa del pasado.

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Échenle la culpa al Nintendo, al Montessori, a los grupos infantiles de rock, al Tratado de Libre Comercio, a los alimentos infantiles enriquecidos con vitaminas, minerales y glutamato monosódico; lo que ustedes quieran. El caso es que estos chamaquitos nos salen cada día más insolentes y seguros de sí mismos, confiados en que las fórmulas que aprendieron en el diplomado de finanzas son leyes universales que se pueden aplicar a todo.

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Pero lo más desesperante del caso es que a nuestros ejecutivos al parecer les da por bajar la guardia. A lo mejor es la edad, a lo mejor ese instinto paternal por el que cualquier adulto tiende a verse reflejado y repetido en alguien más joven; tengo para mí que se trata de la más simple, llana y grosera ingenuidad.

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Les voy a poner un ejemplo: don Federico es uno de nuestros ejecutivos más experimentados en el área de ventas. Tras casi 20 años en la empresa, ha acumulado una cartera de clientes a los que conoce por nombre y apellidos, además de que domina sus mañas, podría recitarse los resultados y proyecciones de los últimos y próximos dos trimestres, dictar el directorio de contactos del departamento y se sabe los patronímicos de cónyuges e hijos. Para muchos, don Fede es algo más que un activo de nuestra fuerza de ventas, es uno de pilares que le da estabilidad a la empresa.

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Pues hace un par de meses le pusieron como “asistente personal” a Ricardito –para mayores señas, compañero de banca del nuevo; ya se imaginarán–, quien no tardó ni 10 días hábiles en cuestionar cada uno de los actos de su jefe. Paciente y generoso, don Fede trató de educar y entrenar al descocado moquete. En respuesta, Ricardito fue a quejarse con uno de los vicepresidentes y, ya en plan de histérico demócrata, hasta lo acusó de “dinosaurio”. Si no hubiera sido porque algunos salimos en defensa de don Fede, ahora mismo ya lo habrían reasignado al departamento de mantenimiento.

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No se trata de defender a los “viejos” por el mero hecho de que sean mayores y que tengan experiencia. Pero me parece igualmente inválido (y hasta tramposo) descalificarlos por las mismas razones. Y sin embargo, cada año se agrega una nueva camada de muchachitos que buscan su acomodo en las empresas, para luego tomarlas por asalto y desplazar a los ejecutivos más experimentados.

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El resultado de esta invasión parece estar a la vista: a velocidades supersónicas, nuestros más experimentados ejecutivos están siendo desplazados y reemplazados por una camada de jóvenes que todavía son víctimas del acné. Uno de los efectos positivos que pudieron haber ejercido internet y la nueva economía habría sido darles un espacio propio –algo así como un arenero– en el que habrían sido libres de echar a perder “empresas” sin hacerle daño a nadie (excepto, claro, a los ingenuos inversionistas que les soltaron el dinero). Pero el país mantiene una sobreproducción de ejecutivos y las empresas se van quedando sin plazas para darles albergue.

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Una posible solución sería volverlos producto de exportación y buscarles acomodo en alguna empresa en el extranjero. Lo que sí va a ser necesario es darles clases de modales porque, con las maneras que tienen, son capaces de provocar un incidente diplomático.

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