Pan y memoria

El olor de la cultura.

Todas las civilizaciones huelen a pan. La mayor parte de la humanidad ha -vivido del procedimiento de moler cereales y hornearlos. Trigo, arroz y maíz -son algunos de los sustentos que han permitido que nuestra especie pueble el -planeta.

- Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido, desamarra sus recuerdos -a raíz del aroma de una Magdalena. La fragancia del pan recién horneado nos -devuelve a la infancia.

- Los antiguos cocían el pan en hornos subterráneos. Sacar de la tierra esa -arena inflada era motivo de ceremonia y regocijo. Durante la Edad Media, se llegó -a cocinar la cáscara del árbol. Los panes eran tan duros que servían como -platos: se les ponía sopa y, conforme se remojaban, se iban comiendo.

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- Durante el Renacimiento, y después de la llegada de los europeos a América, -se empezaron a variar, a combinar y a probar nuevos granos: el centeno, el maíz, -el sorgo y el arroz alimentaron a la humanidad.

- La mejor forma de regresar en el tiempo es comprar el pan donde lo hacen con -las recetas antiguas. Las elaboran con buen estilo en el Café O y en el Mosaico -Bistro del Distrito Federal. Otros muy buenos están en anónimas esquinas de -todo pueblo o ciudad. Deja que te guíe el olfato. Sin la nariz no hay pan… ni -memoria.

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