Para armarse de valor

¿Su empresa cotiza en bolsa o está en camino de hacerlo? En estos casos, más le vale tener en cue
Joaquín Fernández Núñez

Las ventas han crecido sin parar, los activos de la empresa se han incrementado -sustancialmente y nunca ha habido mejores perspectivas de desarrollo en el sector de actividad. Sin embargo, algo anda mal: la última búsqueda de recursos, efectuada a través de una nueva emisión de acciones en el mercado de valores, no ha sido todo lo exitosa que hubiera cabido esperar y no se completó el monto previsto de capitalización.

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Para el común de los empresarios, la explicación sería muy sencilla: “Vaya usted a saber, no hay quien entienda el funcionamiento de la bolsa”. No obstante, muchos accionistas habrán tenido razón en no suscribir la emisión de acciones de esta compañía. Y es que, a pesar de todas sus exitosas medidas de expansión, la empresa se ha olvidado de poner en marcha una estrategia en paralelo: la de creación de valor para los accionistas.

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“La mayoría de los empresarios mexicanos no ha adquirido la mentalidad de pensar en el capital: muchos administran su compañía de forma tradicional y no se han preocupado por generar valor para sus socios capitalistas”, comenta David Fraser, senior manager de Deloitte & Touche Consulting Group.

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BOLSA VACÍA
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Prueba de ello es un estudio reciente elaborado por la firma consultora en donde se analizó el rendimiento anual promedio de las 96 compañías que cotizaron en la Bolsa Mexicana de Valores (BMW) de diciembre de 1991 al mismo mes de 1996. De todas ellas, apenas un tercio ofreció rendimientos (entendidos como la suma de los dividendos otorgados y la apreciación de la acción) superiores al nivel de inflación. Dicho de otro modo: para los accionistas, dejar su dinero en papeles de más de 60 compañías mexicanas habrá sido una inversión ruinosa durante los últimos cinco años. “Los números de contadores no son los que reflejan la salud de la compañía para un accionista –explica Fraser–: a un inversionista sólo le interesa el flujo de efectivo que se le da a cambio del que ha aportado.”

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La cuestión es aún más preocupante cuando se descubre que de las compañías con rendimientos superiores a la inflación, apenas 25 tuvieron una rentabilidad mayor a la ofrecida por la tasa de Cetes. Es decir, para una enorme mayoría de los inversionistas en México hubiera sido mejor dejar reposar sus ahorros en renta fija y olvidarse de apostar por el mercado accionario.

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¿La razón de ello? Según Fraser, esta falta de consideración de muchas compañías hacia sus accionistas tiene que ver con la manera “tradicional” en la que los empresarios han venido manejando sus negocios, acostumbrados a una gestión de tipo familiar en una economía cerrada con poca competencia y escasas obligaciones hacia el exterior.

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Pero esto ya no es así: la apertura económica, la progresiva institucionalización de las empresas y la globalización de los mercados de capitales se habrán encargado de dejar desfasado el antiguo modelo de gestión en el que era mucho más importante incrementar las ventas que otorgar el rendimiento necesario a los posibles accionistas.

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“Antes no era necesario que una empresa que cotizaba en el mercado mexicano de capitales otorgara los mismos rendimientos que las compañías de otras partes del mundo. Ahora sí”, comenta Daniel -Laniado, consultor senior en la misma firma. Así, aquél que pretenda lanzarse a recabar fondos en bolsa, no sólo habrá de preguntarse por sus competidores tradicionales en el plano comercial, sino por todas aquellas compañías capaces de generar los mejores rendimientos a sus accionistas. En otras palabras, cada vez serán más las empresas mexicanas de cualquier ramo que tendrán que preocuparse por las estrategias de Coca-Cola, Intel, Netscape o Microsoft, líderes mundiales en generación de valor para sus accionistas.

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“Aquél que no cree valor para los accionistas, será castigado en el mercado de capitales y no va a recaudar los recursos necesarios cuando los solicite, lo cual redundará en una carencia de fondos para su estrategia comercial. Es un círculo vicioso: hay un enlace directo entre ser competitivo en el mercado comercial y en el de capitales”, dice Fraser.

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HOSTILIDAD A LA VISTA
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Y no sólo eso: no emprender una política de generar valor en la acción implica una subvaluación de las acciones de la empresa, algo que la convierte en presa fácil de especuladores y demás vigilantes del mercado ávidos de gangas con las que multiplicar sus rendimientos. Según Laniado, cada vez son más las compañías internacionales instaladas en México que se están interesando por adquirir papeles mexicanos hasta ahora infravalorados.

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Así, no se está tan lejos de vivir un periodo de “compras hostiles” parecido al que ya se dio durante los años 80 en Estados Unidos. Empresas de enorme viabilidad y gran fortaleza comercial pero, sin embargo, de pequeño valor accionario, podrían ser adquiridas por -especuladores que, silenciosamente, comprarían progresivamente una participación mayoritaria de las acciones. “Después, sólo basta con disciplinar y reestructurar la compañía adquirida para convertirla en un negocio más que rentable”, comenta Laniado.

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¿Cómo solucionar el problema? Los directivos de Deloitte dicen tener una metodología comprobada desde hace 20 años para mejorar el rendimiento de las compañías, denominada -Value Based Management. A través de ella, determinan el valor de la compañía mediante el cálculo de la diferencia entre los flujos netos de efectivo y el costo de capital. Cuando éste es positivo, la empresa está creando valor. “No se trata sólo de que las acciones crezcan, sino que los flujos de efectivo paguen el costo de capital”, explica Fraser.

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Tras ello, hacen un análisis de todas las divisiones de la compañía y determinan cuáles son las áreas de negocio que generan valor y cuáles no. Luego, se determina una estrategia para implantar una posible solución. “Llegamos a proponer soluciones de tipo muy operativo: se pueden llegar a determinar hasta las necesidades de ingresos y capital de trabajo para una óptima gestión”, dicen.

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Todo esto, al final –en un periodo que varía de tres meses a un año– deriva en un completo cambio de mentalidad por parte del empresario y sus empleados. “Hay que cambiar el comportamiento de la gente: hay que incentivarles a efectuar sus operaciones basándose en el incremento del rendimiento y no sólo en el crecimiento como se ha dado hasta ahora.”

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Una cosa está clara: el cada vez mayor número de empresas mexicanas que se inscriba en el mercado intermedio ya no podrá ningunear a sus accionistas, sino que su estrategia comercial tendrá que ir de la mano con los intereses de los accionistas. Son las nuevas condiciones del mercado.

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