Para chuparse los dedos

Un negocio familiar cosecha los frutos del esfuerzo.
Guadalupe Rico Tavera

Tras atiborrarse de productos chatarra, los consumidores han redescubierto los beneficios de los alimentos naturales, y las empresas no quieren desaprovechar este auge. Luego de 100 años de cultivar y comercializar mango, J. J. Ponce dio el salto hacia la industrialización de frutas tropicales.

- Desde Apatzingán, Michoacán, esta empresa familiar exporta frutos frescos a Estados Unidos y Canadá, y también distribuye mango, plátano y papaya a todo el país desde Guadalajara. A partir del negocio de frescos, a los hermanos Ponce les surgió la idea de incursionar en la deshidratación de frutas. Patricia Ponce, única mujer del clan y encargada del área de exportaciones, asumió el reto.

- Con una inversión inicial de $800,000 pesos –que hoy asciende a $2 millones–, se escogió a Santiago Ixcuintla, Nayarit, para instalar la deshidratadora. La zona es productora de plátano y mango y complementa las cosechas provenientes de Michoacán. La planta arrancó en 1999, y puede procesar nueve toneladas de fruta fresca, que equivalen a 600 kilogramos de productos deshidratados.

- El plan original contemplaba atacar primero el exterior y dejar a un lado la distribución en México. “Sin embargo, el mercado nacional nos abrió los brazos”, dice Ponce. Así que a fines de 1999 los mangos y plátanos deshidratados de J. J. Ponce entraron en los autoservicios de la capital tapatía. La venta de sus productos se ha extendido a Aguascalientes, Guanajuato y San Luis Potosí.

- Ponce estima que en breve embarcará sus primeros deshidratados hacia Estados Unidos.

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