Para descifrar el corazón...

Con buena letra.

En su libro Con buena letra Joaquín Sabina introduce: A los catorce (parece que fue ayer) el rey Melchor se lo hizo bien conmigo y me trajo, por fin, una guitarra. Aquel adolescente ensimismado que era yo, con granos y complejos, en lugar de empollar física y química, mataba las horas rimando, en un cuaderno a rayas, versos llenos de odio contra el mundo y los espejos.

- En este tercer libro publicado recientemente —el segundo, de sonetos, Ciento de catorce volando, vendió más de 100,000 ejemplares, un número impresionante para ventas de poesía— hace una compilación escrita de todas sus canciones, 220 en total. Así, entre cantos y letras, amores y desencuentros, vicios y otras tentaciones, Sabina, hoy a sus 55 años, ha conquistado un sitio único en el ámbito de la música española, que no tiene más antecedente que el maestro Joan Manuel Serrat.

- Retrospectiva
Resultó un buen estudiante, lo que quizá sorprenda a sus escuchas, habituados a canciones en las que se define como un rebelde. Lo fue. A los 14 años formó un grupo de rock & roll, donde cantaba en español los éxitos de Elvis y Chuck Berry, mal vistos por el franquismo.

- Conoció tempranamente el amor y sus sinsabores. Terminó fugándose con la novia que creía amar cuando estudiaba filología.

- Como muchos de sus contemporáneos era de izquierda. En 1970 colocó un coctel molotov en el BBV de Granada. Perseguido por la dictadura tuvo que huir a Londres; ahí vivió siete años de nostalgias, penurias y oficios varios (camarero, hombre-anuncio), incluyendo el de cantautor.

- En la capital inglesa participó en grupos pseudoculturales contra el franquismo, sin más resultado que la imposibilidad de volver a su país. Hacia 1976 publicó Memoria del exilio, su primer libro de poesías “escritas para ser cantadas”, en el que aparecen letras de su álbum inicial, Inventario.

- Regresó a España hasta 1977, casi dos años después de muerto Francisco Franco. Un año más tarde acordó con un agente de la casa Movie Play, que lo escuchó en Inglaterra, su primer disco. El segundo no sería distinto: personal de la CBS que acudió a ver su espectáculo “poético-festivo-erótico-vecinal” en el bar La Mandrágora, lo invitó a firmar su segundo contrato.

- Desde entonces los éxitos y las giras se han sucedido sin tregua, como la vida. Ha sido tal la velocidad de ésta que ya ha empezado a cobrarle la factura: Sabina sufrió un ataque cardiaco que le hizo entrever la muerte. Dice que sigue sin tenerle miedo (como a la vida), pero dicen que dejó de fumar las tres cajetillas de tabaco que consumía diariamente. Después de eso ha publicado dos álbumes más y ha prometido otro libro con el intercambio epistolar entre él y personas como Silvio Rodríguez, Fito Páez y el subcomandante Marcos. Sabina hay para rato.

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