Pavor al crédito

La banca anuncia con bombo y platillo que dará préstamos a las pequeñas y medianas empresas. Pero
Yolanda Ruiz y Silvia Ansorena

Joaquín escolano no ha pedido nunca un crédito para su compañía. Pero se ha convertido en el prestamista de las fábricas de muebles que compran sus piezas de carpintería. “Si quieres vender en México tienes que generar créditos –comenta–. Te avalas, calculas que la persona sea seria o, simplemente, te la juegas; pero acabas siendo el banco.”

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Bienvenido al día a día de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) mexicanas. Ocho de cada 10 de ellas obtienen financiamiento de sus proveedores, quienes a veces ni siquiera cobran intereses. Es una cadena que asegura la supervivencia de toda una red de compraventa desde que la debacle económica de 1995 cerró la ventanilla de crédito de la banca. ¿Hasta hoy?

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La Asociación de Banqueros de México anunció en julio un programa de financiamiento global, en el que podrían entregarse a las PYMES, generadoras de 70% del empleo nacional, 300,000 créditos por un total de $30,000 millones de pesos.

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Escolano, con una firma de 10 años de vida y 20 empleados, pertenece al grupo que no quiere un crédito por nada del mundo. No desea terminar trabajando para el banco, dice, ahogado por los intereses. De hecho cree que es imposible que se lo den. “Te exigen que demuestres que no lo necesitas, que prácticamente lo que estás pidiendo lo vas a tener en la cuenta.”

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Hoy, la banca presta al gobierno $9 de cada $10 pesos del ahorro que gestiona.

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La trampa del proveedor
El sistema de financiamiento basado en los abastecedores tiene truco. No permite crecer y, si la pirámide de los eslabones cae, el efecto dominó no tarda en aparecer: “Depende de en qué parte de la cadena productiva estés”, dice Víctor Kagekiyo Kahijara, coordinador de Desarrollo Empresarial del ITAM. La empresa situada en el medio de la cadena tiene la ventaja de que sus proveedores se la jugarán con ella con tal de vender. Pero el primero en la cadena no tiene abastecedor que lo financie. “Llega el momento en que alguien tiene que absorber el costo –dice el académico–, y quien lo hace acumula una bomba de tiempo que puede rebasar su capacidad financiera.”

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En la cadena de clientes y proveedores, una compañía como la de Escolano se convierte en autofinanciable. Si tiene, paga; si no, no compra. Este emprendedor sabe que corre riesgos en lo que llama “el país de la cultura del no pago”, pero no le queda de otra. Le salva la permanencia de sus relaciones comerciales. “Me pagan porque necesitan mi producto para seguir vendiendo –dice–. Si diera sólo un crédito no me pagaría ni 50%.”

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El financiamiento permite crecer sin depender de otros empresarios. “La preferencia por el proveedor ha sido la única alternativa de las PYMES. Pero éste abastece un insumo o servicio, y ahí debería terminar su labor –opina Gabriel Leyva, director del Centro Metropolitano PYMES de Bancomext–. Puede haber algún crédito de proveedor interesante, pero que venga a complementar el que la banca tiene.” Muchas veces el costo es muy elevado y hace aún más complicada la situación financiera de la firma.

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A pesar de lo advertido, Israel Saracho –dueño de Cocinas, Baños y Clósets, con 10 empleados a su cargo– insiste en que además del ahorro, la segunda solución se llama proveedor. “Si no fuera por él y su flexibilidad de ‘pásame el equipo y en 10 o 15 días te pago’ no podría seguir adelante. Si me cortara la llave en este aspecto me vería en serios problemas. Toda la vida le debo dinero a mi proveedor y gracias a él sigo adelante.”

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Crédito insuficiente
En la otra cara de la moneda están quienes prometen préstamos fáciles de conseguir a intereses justos. La banca de desarrollo y la comercial alardean de productos que devolverán a las PYMES las ganas de crecer y hacerse fuertes en la economía. Pero en abril la Secretaría de Economía anunció una disminución de 31% en el presupuesto federal destinado a préstamos para las compañías medianas y microempresas.

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El subsecretario de Economía para PYMES, Sergio García de Alba, declara que se ha dado una importante reconversión de la banca de desarrollo en el acceso al financiamiento. Bancomext ahora presta más de 50% de los recursos a pequeñas y medianas organizaciones que exportan. “Este año esperamos que llegue a entre $40,000 y $50,000 millones de pesos.”  El 75% de los créditos que otorga Nacional Financiera (Nafin) es para este sector empresarial. En 2003 piensan colocar a través de esta institución $85,000 millones de pesos. De Alba augura un reto para este año de entre $130,000 y $150,000 millones de pesos concedidos a las PYMES. El gobierno federal espera que éstas pasen de ser las responsables de 6.7% de las exportaciones nacionales a ocuparse de entre 30 y 40% de las mismas.

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Pero los números del funcionario se hacen chiquitos ante la realidad. La banca de desarrollo –que integra a Nafin, Banobras, Bancomext, Banrural, Banjercito, Bansefi e Hipotecaria Federal– sólo beneficia a 2.7% de las PYMES, frente a 5.7% que en 1998 declaraba utilizar créditos de estas instituciones.

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Realidad engañosa
Mientras tanto –y a pesar del alto costo del financiamiento comercial, con elevados intereses– en el primer trimestre de 2003, 16% de las PYMES recibió préstamos de algún banco –en 1998 obtuvieron casi el doble–. Jaime Téllez, director de Especialidades Químicas para la Industria y Papel, fabricante de adhesivos, afirma no conocer a nadie, a ninguna PYME, a la que le hayan concedido un préstamo.

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“Es ridículo que lo primero que pidan sea una excelente utilidad, cuando quien solicita un crédito es porque lo necesita”, apunta. Su empresa, en la que trabajan 16 personas, solicitó un préstamo y, cuando ya parecía que la operación estaba autorizada, el banco se echó atrás. Estaba boletinada en el Buró de Crédito por una demanda interpuesta meses atrás por otra compañía, problema que se arregló bien. “No entiendo cómo el Buró de Crédito tenía esa información y no la actualizó cuando el conflicto se solucionó”, se queja Téllez.

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Falta de información
Están los obstáculos para que las PYMES accedan al crédito, y la banca está haciendo un “esfuerzo valioso”, según Kahijara, con la intención de facilitarlo. Por otro lado, está la falta de planeación de los directivos de las firmas. Cuando el banco le pregunta cuánto necesita, para qué y en cuánto tiempo lo paga, el empresario no lleva una propuesta sólida que dé confianza al banco, dice el profesor del ITAM.

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Además, hay una brecha en la información de bancos e iniciativa privada. Algunas instituciones, como el Banco Santander Serfin, procuran un acercamiento para que las PYMES no se autodescalifiquen automáticamente. Como hace Israel Saracho, el dueño de Cocinas, Baños y Clósets, que lucha cada día por seguir adelante con su negocio sin tener que pedir nada a ninguna institución. Su reto es sobrevivir y comprar sólo lo que se puede permitir. La empresa, compuesta por 10 personas, compra la materia prima y fabrica, vende e instala el mueble resultante en cocinas y baños.

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“Fue difícil al principio, pero nunca pensé en solicitar un crédito porque al final íbamos a pagar el doble: es una locura.” El emprendedor inició su actividad con una máquina pequeña para cortar los materiales, a la que sacó todo el jugo que pudo. Entonces estuvo en condiciones de comprar una un poquito mejor. La firma requiere de otro tipo de herramientas manuales para los instaladores de muebles, de una camioneta para los traslados... y además quiere crecer, tener una sala de exhibición y no vender sólo por fotos y recomendaciones de los clientes. Para todo esto, la única solución parece ser no gastar.

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Futuro incierto
El porvenir es prometedor. Cada vez más bancos comerciales abren sus intereses a las PYMES, y la estabilidad económica respalda el apoyo a un sector que aporta alrededor de un tercio del PIB y emplea a 64% de la población en México.

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Alberto Equihua, director de Análisis en la Coparmex, asegura que para que el crédito a PYMES tenga buena salud debe haber estabilidad macroeconómica, con el fin de que disminuyan las tasas de interés. Sobre todo, es preciso desechar el financiamiento por proveedores, que “disminuye la capacidad de crecimiento de las empresas y limita sus recursos”, afirma.

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También deben profesionalizarse las organizaciones modestas: “Si bien el banco tiene que apoyar, el empresario debe ser un profesional –asevera Kahajira– No se vale decir ‘papá gobierno ayúdame y rescátame’ y esperar que las cosas queden arregladas, aunque eso tenga un costo social para todos, como ha ocurrido en los últimos años.”

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Otra solución es la que sugiere García de Alba: reclamar a la banca créditos más accesibles fijando un tope a la tasa, y respaldarlos con los fondos de garantía de la Secretaría de Economía. Ésta asumirá las pérdidas en caso de que el emprendedor no tenga dinero para pagar su deuda con el banco.

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Fernando Rossell no confía en estas propuestas. Suministros y Refacciones para Corrugados, la empresa de la que es gerente, sufrió en carne propia los efectos de un crédito concedido en 1994. Llegó la crisis galopante y casi se hunden. La situación económica actual tampoco ayuda, dadas las condiciones que exigen los créditos, que también complican el esquema. “Estamos todos atorados en la cadena: ‘yo no pago y a mí no me pagan, el de delante y el de detrás’, como los elefantitos.”

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García de Alba pide paciencia. El subsecretario para PYMES piensa que no sería sano que el crédito resucitara de forma explosiva. “Es un proceso para ver al mismo tiempo que la banca ya está soltando el dinero, pero el empresario también lo está pagando y teniendo cuidado.” El tiempo se encargará de las respuestas.

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