Pensar como accionista

Una empresa vale por la riqueza que crea. Y cada vez resulta más claro que la actitud de la gente q
Paulina Sánchez GómezLuna

¿Cómo cuantificar la calidad total? ¿Cómo crear una medida que sea común y compartida? En resumidas cuentas: ¿cómo medir lo que no es tangible?

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La dificultad para responder estas preguntas ha llevado a algunas compañías de Estados Unidos y México a adoptar una nueva medida financiera: el EVA (Economic Value Added) o VEA (Valor Económico Agregado) por sus siglas en español, que se utiliza para evaluar el rendimiento de las empresas a partir de un principio fundamental: incluir en el costo financiero el costo de capital de los accionistas, lo que hasta hoy muchas compañías no toman en cuenta, a pesar de que el costo del dinero generado por éstos es más caro que el que proviene de los préstamos.

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Este nuevo método, que ha sido calificado como una “sencilla fórmula” o como una “cultura”, no es otra cosa que un indicador financiero que viene a romper –en forma definitiva– con las medidas tradicionales para determinar el comportamiento de una empresa que, aunque útiles para algunos aspectos, no consideran el costo de la inversión de los accionistas.

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La pregunta aquí es: ¿cómo se puede determinar el valor que se crea para los propietarios de un negocio? Con respecto a esto, Luis Ramón Carazo, socio director de Grupo Internacional de Consultoría y BDO Consulting, afirma: “Probablemente una empresa sea la número uno en ventas y aún así no -incrementa el valor original del accionista. Hasta que no se incluya el costo de éste en el capital, no es posible afirmar que se han cubierto todos los costos y que se está agregando valor a la inversión original”.

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Añade que “el EVA demanda calcular si el rendimiento operativo es superior al costo del capital utilizado, incluyendo el costo de los accionistas, lo que sirve de guía para asignar recursos a aquellas inversiones que sean capaces de producir un rendimiento superior al costo de capital, tanto de financiamiento como de la inversión de los accionistas. Traducido a una fórmula, se calcula restándole a la utilidad de la operación antes de impuestos, el cargo por el costo de capital, multiplicado por los activos netos”.

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En pocas palabras, lo que el EVA asume es que la inversión de los accionistas tiene un costo, el cual es necesario cubrir con la operación de la empresa y sobre esa base puede surgir en los administradores una mayor conciencia y responsabilidad por la inversión que se está manejando. Este es quizá el principio más importante de la “creación de valor”: que los administradores piensen y actúen como accionistas; de esta forma su remuneración estará de acuerdo con su desempeño y, por consecuencia, las decisiones que se tomen en materia de compra de equipos, programas de investigación y desarrollo, contratación de personal, campañas de mercadotecnia y publicidad y adquisiciones serán más inteligentes y responderán a las verdaderas necesidades de la empresa.

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La recompensa, básica
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Con respecto a las compensaciones variables, Carazo subraya: “Utilizar el EVA como métrica financiera permitirá recompensar a los operarios como dueños del negocio, los cuales se preocuparán por hacer más rentables las inversiones y superar el costo del capital por utilizarlas. “En Estados Unidos existen empresas, como Quaker Oats, que han logrado llevar esta cultura hasta los niveles de supervisores y obreros. Esto es precisamente el sistema de administración y de cultura de creación de valor para las empresas.”

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Por lo tanto, la inquietud básica es qué está pasando con aquellas empresas mexicanas que ya adoptaron esta metodología. ¿Realmente les está funcionando? En cuanto a su implantación y sus resultados en algunas empresas del país y del mundo, Carazo comenta que “Peñoles, Grupo Nacional Provincial y Vitro, entre otras, están trabajando intensamente en adoptarlo. El EVA será la base para tomar decisiones, para recompensar a sus gerentes y ejecutivos y para diseminar el concepto de creación de valor en sus organizaciones. Algunas de estas empresas han comprobado que el precio de sus acciones sube y que el futuro económico de los puestos de trabajo dependerá de la capacidad del empleado de -incrementar el valor económico de la empresa”.

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Cuando se trabaja correctamente en el EVA se provoca un cambio cultural a largo plazo, que no sólo modifica el sistema de información financiera sino también el sistema de sueldos y compensaciones, lo cual tiene como principal objetivo crear valor con la inversión existente.

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Quienes abrazan esta nueva cultura aseguran que otro de los beneficios que también produce es que las organizaciones se reestructuran en pequeñas unidades de negocio para hacerlas más horizontales, con el único fin de descentralizar la toma de decisiones y eliminar el burocratismo. Esto, casi automáticamente, ayuda a bajar costos, servir mejor al cliente e innovar. De esta forma, también se convierte en una medida interna que sirve para calificar la actuación de los ejecutivos con base en resultados.

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En el panorama más deseable, el EVA puede lograr que se incremente la eficacia de la operación sin invertir más capital, mediante un aumento de productividad, reducción de los ciclos de procesos de negocios, iniciativas en materia de servicio a los clientes.

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“De lo que se trata finalmente –concluye Carazo– es que las empresas mexicanas entiendan que lo primero que se debe tener es una medida común y compartida que a todos explique la situación de éxito o fracaso. Únicamente sobre esa base se podrán descentralizar los negocios y por lógica la toma de decisiones, lo que permitirá que cada unidad de negocio actué de una forma responsable, debido a que decidir cada acción dependerá de si crea o no valor. Y es que esta, definitivamente, es la única medida que combina balance y resultado.”

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Sin embargo, es importante tomar conciencia que esta nueva cultura de creación de valor no se produce automáticamente y, por lo mismo, no puede ser vista como un programa temporal ni de corto plazo, pues para que funcione deberá ser asimilada por todos y cada uno de los que integran la organización, lo que puede llevar varios años.

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Sin embargo, muchas empresas ya dieron el primer paso: descentralizarse y delegar el poder en la toma de decisiones para a lograr el objetivo primordial, que es la creación del valor. Los resultados se verán en uno o dos años.

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