Pequeña alquimista

No ambiciona convertirse en una enorme multinacional, lo que busca es mantenerse como la mayor cread
Gabriela Ruiz

Aun en esta ola de fusiones y adquisiciones, ser grande no equivale a ser mejor. En un entorno donde los gigantes corporativos rebasan las fronteras geográficas, Eli Lilly está contenta con ocupar el lugar 16 entre las farmacéuticas en México. Tampoco su participación de 2.3% en el mercado nacional le da dolor de cabeza. Por el contrario, le inyecta energía para seguir lanzando nuevos productos. De hecho, sus ventas locales subieron 9.7% frente a sus cifras rojas a nivel mundial (4%).

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Tal actitud se entiende gracias a su larga historia en el país. La firma llegó aquí hace 60 años y exportaba productos desde el siglo pasado (acaba de cumplir 125 años). Otro de los factores que le da seguridad –según su director general en territorio mexicano, Brian Regele– es la inversión, no sólo en equipos y plantas, sino en el conocimiento científico que se genera a través de la investigación. “En los últimos 10 años hemos invertido $30 millones de dólares en esta nación.”

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En contraste con la estrategia de unir fuerzas que siguen sus principales competidoras, la organización ni siquiera ha contemplado esa posibilidad. Incluso sola tiene espalda para invertir en investigación 19% de los $11,000 millones de dólares de ventas anuales a escala global. Subida a la ola de productos para disfunción eréctil, este año lanzó Cialis y en breve iniciará la venta de un medicamento para el cáncer de mama.

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Sus estudios no sólo se realizan en territorio estadounidense, como estilan numerosas multinacionales. En México destinan recursos a la indagación clínica, que consiste en donar medicinas a instituciones públicas y privadas como pruebas piloto antes de lanzar un nuevo producto al mercado.

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A la insinuación de que eso es usar a los pacientes como conejillos de indias, Regele replica que “se realiza con los estándares internacionales, revisiones de comités de ética y con el consentimiento de médicos y pacientes”. Según el directivo, ya hay 2,000 voluntarios que solicitan participar en México.

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Potencial azteca
Sus ventas anuales a escala doméstica son de $200 millones de dólares, lo que coloca al país como el octavo mercado más importante para la firma en el mundo. Ocuparía mayor terreno aún si el precio de los productos no fuera controlado por el gobierno. A pesar de que la industria farmacéutica nacional es de las más avanzadas en América Latina, el costo de los fármacos al consumidor es hasta una cuarta menor que en Estados Unidos.

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Este no es el único reto que deben enfrentar las multinacionales del sector en México. El mercado está tan segmentado –lo constituyen 400 empresas en total– que ninguna de las compañías logra tener 10%. Su porción más apetitosa se la llevan los medicamentos genéricos que se producen localmente.

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El sector público atiende a 65% de la población. En la medida que esta cifra se incrementa, las instituciones gubernamentales necesitan más remedios, lo que abre un gran potencial a los artículos genéricos. La demanda de medicinas por parte del sector público está principalmente satisfecha por firmas domésticas.

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Farmacias Similares es una amenaza para Eli Lilly. Según Regele, el tipo de productos que maneja deberían pasar pruebas de bioequivalencia y bioaccesibilidad que garanticen que son genuinos. “Este no lo hace Farmacias Similares. Esperamos que las autoridades rectifiquen y que sus requisitos sean más estrictos”, reclama el directivo.

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En esta línea, “el principal desafío es lograr vincular a la Secretaría de Salud con el Instituto Mexicano de Propiedad Intelectual (IMPI)”, explica Sidney Taurel, CEO de la corporación a escala mundial. Según él, la dependencia autoriza el registro de copias que violan derechos, pero como no tiene vínculos con el IMPI no está legalmente obligada a tomar en cuenta el estatus de la patente. “Estamos cabildeando con las autoridades correspondientes para que se realice esta relación.”

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Los escasos recursos para invertir en el sector salud son otro escollo. En México se destina al área menos de 6% del PIB, mientras que en Europa la cifra es 10% y en el vecino país del norte 15%. “El nivel de ventas en México es bajo comparado con el tamaño de la población”, añade líder de la empresa.

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Aun así, la firma no se amilana. En los próximos años se enfocará a crear medicinas para las enfermedades crónicas de la edad avanzada y productos más orientados a la genética de los pacientes. “Queremos que la gente entienda que los gastos en su salud son inversiones. Está comprobado que los países que gastan en esta área tienen un crecimiento económico mayor”, concluye Taurel. Y en ese sentido Eli Lilly, como el resto de sus competidoras, tienen mucho por explorar en México.

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