Perspectiva del crecimiento mundial

Quien quiera éxito, que planee. En el complejo y competido mundo de los negocios, gana quien mejor
Rudi Dornbusch

Hace escasamente un año, en medio de las secuelas de las crisis asiática y rusa, el enorme pesimismo de los mercados era por completo adecuado. De hecho, lo de Brasil ni siquiera había ocurrido. Ahora, 12 meses más tarde, los bancos centrales están elevando las tasas, el dinero fluye de nuevo hacia los mercados emergentes por todas partes se registra un crecimiento. Esto es cierto no sólo en los países periféricos que sufrieron la sacudida y que ahora se encuentran en proceso de recuperación, sino también en Europa e incluso en Japón.

- Mientras los optimistas festejan su victoria, los escépticos de hace un año se avergüenzan de haber predicho entonces el fin del mundo. Sin embargo, aun cuando las cosas se ven muy bien hoy en día, no hay que subestimar lo cerca que estuvimos de tener un terrible problema. Greenspan, Obuchi y el FMI lograron sobrevivir, pero por un muy estrecho margen. Si la Reserva Federal estadounidense (FED) no hubiera defendido a los mercados financieros de un ataque de pesimismo extremo, la recesión mundial se habría convertido en una posibilidad real. Pero hoy hemos superado ese riesgo y, pese a cierta fragilidad y a numerosas preguntas no respondidas, el crecimiento y una sustancial calma de los mercados son ahora la perspectiva dominante.

- En 1998 el crecimiento mundial era tan bajo como 2.2%; ahora se espera que ascienda a 3.6%, una cifra todavía distante del 4.2% registrado en 1996-1997, pero encaminada sin duda en esa dirección.

- Esta perspectiva es compartida por los dos pronósticos oficiales disponibles más recientes; ambos revelan una tendencia al alza en Europa y una desaceleración de la economía estadounidense, pero muestran, respecto de Japón, una diferencia importante: mientras la Unión Europea percibe una poderosa mejora, la OCDE es mucho más escéptica.

- Se podría debatir cuál asunto es más controvertido, si la recuperación sostenida de Japón o el deslizamiento gradual de Estados Unidos. Este último ni siquiera parece estar listo aún para iniciar el descenso y, por lo tanto, podría poner en riesgo las oportunidades de un aterrizaje sin romperse las alas (o algo peor). Del otro lado, es indudable que Japón viene saliendo del agua, pero ¿podrá mantenerse ahí y alcanzar el crecimiento? Y además, ¿cuánto tiempo tomará antes de que el tremendo problema fiscal alcance a la recuperación? Los extremistas en Estados Unidos preguntarán: ¿Por qué aterrizar?, y en Japón sus contrapartes pondrán en duda: ¿Cuál problema fiscal?

- Los milagros –o por lo menos las grandes sorpresas– suceden, y con seguridad deberán encontrarse en este contexto.

- En Estados Unidos hay dos asuntos cruciales: el mercado bursátil y la inflación potencial. En el peor de los escenarios, Greenspan se vería atrapado entre los dos, con una inflación forzando importantes alzas en las tasas, y una bolsa de valores necesitando probablemente lo contrario para evitar una colisión. Otra visión introduce al dólar en escena, al imaginar a la FED encajonada, a modo de evitar la tentación de fundir moneda conforme la inflación se dispara. Pero estas visiones son excepcionalmente improbables: hasta ahora, la inflación es un asunto de prospectiva y la Reserva Federal no se encuentra en una curva forzada. El escenario dominante es el aterrizaje gradual.

- El sol renace
Japón ha logrado un progreso extraordinario para estabilizar las expectativas otorgando una garantía general sobre sus finanzas e invirtiendo una suma formidable en obras públicas. Como resultado, Japón, que había estado al punto del colapso en cuanto a confianza y gasto público, se movió hacia una situación de crecimiento real, aunque moderado. ¿Qué sigue? Más de lo mismo: otro presupuesto de construcción y más garantías para todo aquel cuyo fracaso pudiera mellar el panorama de emergente estabilidad.

- Hasta ahora, hay dos nubes en el cielo. La primera, que podría desvanecerse, es que el sector privado no ha caído en cuenta de que es el momento de retomar el crecimiento y liberar el gasto deficitario. El año pasado la duda era si podría trabajar, puesto que, metafóricamente hablando, los cerillos estaban húmedos; hoy, la pregunta es si podrán mantener el fuego sólo con las brasas. En Japón, Keynes está vivo y en forma, aunque su multiplicador es incómodamente pequeño.

- La nube más oscura es la increíble acumulación de deuda pública por encima, y más allá, de la enorme carga que significa el asunto de las pensiones. No es algo que haya que resolver de inmediato, pero su magnitud forzará finalmente alzas en los impuestos que serán un obstáculo para el crecimiento. Sin embargo, en el corto plazo, Japón ha dado un paso fundamental hacia adelante y es muy improbable que perjudique la recuperación de la confianza con una estrategia de inflación deliberada.

- Occidente y sus emergentes
Europa es lenta. Sí, hay recuperación, pero ¿qué viene después? Los gobiernos, especialmente en Alemania, se están volviendo cada vez más hostiles frente al modelo económico moderno. El viejo estilo de la economía europea corre el riesgo de inducir la inflación salarial en medio de la actual tendencia a la alza. Y, por si esto fuera poco, ahí está ECB (Banco Central Europeo) para aplazar el crecimiento.

- El ECB tiene un solo objetivo: lograr que la inflación permanezca por abajo de 2%. Si fracasa, será un organismo deficiente; en el mundo actual, es mucho más importante para un banco central tener éxito que ser popular. Con toda razón, el ECB culpará –o debería culpar– de sus problemas al viejo estilo de orientar la política monetaria por el lado de la oferta y a la falta de voluntad de los gobiernos para apretar las tuercas, tal como en su momento lo hizo el Bundesbank (Buba).

- Enfrascados en la recuperación, los mercados emergentes no dejan de ser, en conjunto, interesantes. Los nubarrones se han despejado, pero tomará tiempo antes de que estén preparados para enfrentar la próxima crisis. Sin embargo, existen en la agenda dos casos que llaman la atención.

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- Uno es México, que estalla cada seis años… y el sexto año ya viene. No es verdad que estos tiempos sean siempre impredecibles, menos cuando se trata de una suerte de costumbre honrada nacionalmente. Pero hay razones profundas para ser optimistas: una apreciación menos real de la moneda, aunque no tanto menos que lo que por lo general ocurre en esta época y, algo especialmente importante, un tipo de cambio flexible; la reestructurada de deuda a vencimientos más largos para evitar el problema de los Tesobonos; las finanzas públicas sanas y una tal vez aplastante victoria electoral en favor del PRI. Hay mucho por hacer en México y existe el riesgo de que el próximo mandatario sea mucho menos hábil que el actual presidente Zedillo, quien muy probablemente se retire en medio de una exitosa estabilización.

- El otro lugar que debe ser observado es Turquía. La estabilidad está en camino en este país, el cual se asemeja a Brasil excepto por el problema del tipo de cambio. El déficit en el presupuesto es grande, así como la inflación, y parece cada vez más difícil pretender que no hay nada nuevo ni amenazador. Por fortuna, quienes elaboran la política turca parecen haber comprendido la necesidad de hacer algo fundamental y, para su buena suerte, pueden esperar un apoyo estratégico extraordinario de Estados Unidos y Europa. Pero todo eso no es suficiente, aún queda un pequeño detalle: hacerlo y lograrlo.

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