Pide al tiempo que vuelva

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JMS

Miguel de la Madrid, hoy director del Fondo de Cultura Económica, escuchó atento, un poco incómodo, los argumentos de Carlos Abedrop, Enrique Krauze, Julio Rodolfo Moctezuma, Fernando Solana y Antonio Ortiz Mena, durante la reciente presentación del libro El desarrollo estabilizador: reflexiones de una época, escrito por este último, quien fuera secretario de Hacienda en el periodo 1958-1970. La constante: todo lo construido en esa época fue destruido por los populistas de la docena trágica (1970-1982) y olvidado por los tecnócratas de los últimos tres sexenios, De la Madrid incluido. Esa política económica que equilibraba los factores de desarrollo y de estabilidad promovió, como ninguna otra en el siglo mexicano, la gestación y el crecimiento de grandes empresas: Cifra, Gigante, Comercial Mexicana, Bufete Industrial, Cemex, Cydsa, ICA, Grupo México, Condumex, Maseca, Herdez, Alfa, Televisa, Peñoles... Y cómo no: México crecía entonces a tasas superiores a las de Estados Unidos, Alemania y Francia (6.8% anual), con un tipo de cambio estable e inflación de 2.5% anual. El secreto: no a los dogmas, sí al pragmatismo. En palabras de Ortiz Mena: “Uno puede ser monetarista o keynesiano, según sea el caso.” Pero la economía manejada desde Los Pinos y los pizarrones de Harvard ha logrado que el crecimiento económico de México en los últimos 25 años sea de cero. “Y no se trata de adoptar el dólar -señaló Ortiz Mena-, como hoy se promueve tanto, sino de agregar el elemento olvidado por los fundamentalistas de la estabilidad: el desarrollo.”

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