Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto M

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Antonio Puertas

La publicación del Manual del perfecto idiota latinoamericano ha provocado escándalos en medios intelectuales y periodísticos de Latinoamérica y Europa, como la reciente polémica en el rotativo madrileño -El País. Para bien o para mal, la discusión de los temas que toca este libro llama al debate, si bien muchas veces éste parece traducirse en un diálogo de sordos.

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En México, por ejemplo, es muy posible que dos bandos de idiotas lo satanizen o lo tomen como bandera. Unos, rechazarán por “reaccionarias” y “neoliberales” las ideas que expone —por ejemplo: durante la conferencia de prensa que los autores ofrecieron en México, en un despliegue de típico estalinismo, no faltó el que al grito de “¡Viva Cuba libre!” repartiera propaganda en la que se denunciaba a uno de los autores como “anexionista” y “pro-yanqui”—. Para los defensores, ubicados en una posición casi tan ideologizada como sus contrarios, -El manual... les confirma un liberalismo sui géneris, previamente apuntalado en la doctrina cristiana —algo así como un libre mercado del “hágase la voluntad de Dios... pero en los bueyes de mi compadre”—.

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Los autores se han negado a escribir un libro académico y entregan un típico panfleto, que a veces simplifica ideas y argumentos. Sin embargo, su objetivo es claro: provocar al lector, incomodarlo y, si no carece de sentido del humor, arrancarle algunas carcajadas. A continuación se presenta una versión abreviada de la charla sostenida con sus escritores: Plinio Apuleyo Mendoza (PAM), Carlos Alberto Montaner (CAM) y Álvaro Vargas Llosa (AVLl).

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¿Cómo se podría definir brevemente al idiota latinoamericano?
-PAM:
Creo que la mejor definición que se puede dar es su tendencia hacia el populismo. Se trata de una persona cuyas posiciones políticas tienen como punto de partida a una serie de prejuicios ideológicos heredados, en vez de una lectura de la realidad. Analizando los elementos ideológicos que intervienen en la formación del -idiota, encontramos varios ingredientes. El primero, eso que llamamos la vulgata - marxista. En las universidades, por varias generaciones, nuestros muchachos han obtenido del marxismo la interpretación más fácil de la sociedad y del mundo. En la Universidad de San Marcos en Lima, la Central de Venezuela, o la Universidad Nacional de Colombia, lo que se encuentra como estructura ideológica es esta -vulgata. Ni siquiera se trata de un marxismo estudiado a fondo, aunque deja algunas ideas que se quedan muy dentro de la conciencia. Por ejemplo: que la pobreza se debe a una excesiva concentración de la riqueza o una mala distribución de la misma. Más tarde, estos mismos muchachos pueden tener una participación política, que probablemente no lleve ese signo marxista, pero de todos modos queda latente ese ingrediente ideológico.

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La otra vertiente es el tercermundismo, es decir: que nuestros países son pobres porque han sido objeto de explotación constante por parte del mundo desarrollado, por parte de Estados Unidos, del imperialismo. Ello nos ha colocado en una situación de dependencia, con injustos términos de intercambio; también nos ha colocado en el triste papel de proveedores de materias primas, mientras ellos se reservan la posibilidad de vendernos productos a altísimos costos.

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Y el otro ingrediente es el nacionalismo económico, que ha derivado en políticas equivocadas frente al capital extranjero, frente a las inversiones, y que justifica la idea de que el Estado debe tener el control de ciertos bienes estratégicos y el monopolio en la prestación de servicios públicos. Esto se suma a una retórica de corte populista que prevalece entre la clase política y que da dividendos a nivel electoral. Todo junto ha desembocado en políticas equivocadas, que ya han sido derrotadas por la realidad. Si se analiza qué pasó en la Argentina de Perón, en el Perú de Velazco Alvarado y en el de Alan García, en el Chile de Allende, en Cuba, o en la Nicaragua Sandinista, se verá que el resultado ha sido catastrófico. La idiotez comienza cuando el personaje que hemos tratado de retratar insiste en sus posturas. Es algo parecido a lo que ocurre con las religiones: hay una especie de embrujamiento, dogmas que son sagrados y no se pueden tocar.

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¿Qué tanto esta idiotez se relaciona con lo que llaman el -victimismo?
-AVLl:
Para responder quisiera retomar el tema del tercermundismo, que nace cuando en el mundo desarrollado fracasa la gran predicción marxista. Esto es: se descubre que no se viene abajo el sistema capitalista y que las famosas contradicciones objetivas del capitalismo no van a destruir a ese sistema. Por lo tanto, hay que buscarle a esto una explicación, una especie de excusa o gran coartada. La que encuentran es perfecta: el imperialismo le ha permitido al capitalismo resolver sus contradicciones objetivas, los países desarrollados exportaron la posibilidad de sobrevivir a estas contradicciones. El -tercermundismo empieza a desarrollarse en África y Asia. Pero América Latina de inmediato hace suya la tesis y empieza a justificar su subdesarrollo con el argumento de que el imperialismo era el responsable del gran fracaso latinoamericano.

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¿Qué pasó? Que le buscamos un gran marco teórico a lo que finalmente es una actitud -victimista, que busca exculpar la responsabilidad primordial de los propios latinoamericanos en su fracaso como gobernantes y como gobernados, a través de la superchería de que al fracaso de América Latina corresponde el éxito de Estados Unidos y del mundo desarrollado. Junto con el -tercermundismo, el victimismo es un elemento esencial del idiota latinoamericano.

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Después del gran fracaso de los años 80, descubrimos que no bastaba con crear sistemas de democracia ritual, con elecciones cada cuatro o cinco años. Entonces comenzamos a replantearnos la situación y nos preguntamos ¿por qué ahora, cuando no hay una presencia imperialista importante, cuando la estadounidense se ha convertido en una economía de servicios, cuando sólo 10% del movimiento económico de General Motors ocurre fuera de Estados Unidos, cuando en menos de 20 años esa asombrosa región del mundo que es el sureste asiático ha sido capaz de despegar económicamente —un despegue quizá sólo comparable al que logró Inglaterra durante todo el siglo de la revolución industrial—, por qué América Latina se ha estancado, si ya no tiene a quién echarle externamente la culpa de sus desgracias?

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El libro apunta a demoler la “teoría de la dependencia”, quizá la máxima expresión en economía del -victimismo latinoamericano. Pero también intenta remplazarla por una propuesta positiva. No se trata solamente de echarnos la culpa. Hay que comenzar por reconocer nuestra responsabilidad, pero también ver la enorme oportunidad para salir de esa miseria y crear sociedades prósperas. Todas las regiones del mundo que se han propuesto progresar, han sido capaces de hacerlo, más ahora cuando los medios materiales y tecnológicos aceleran ese proceso. ¿Por qué América Latina no sería capaz de hacer exactamente lo mismo? Creemos que es perfectamente capaz y por eso, a las críticas negativas y duras añadimos la enorme esperanza que representa la propuesta liberal.

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Al proponer un modelo liberal, ¿no se comete el mismo error del idiota: copiar un modelo de pensamiento ajeno, que no surge de la realidad propia?
-CAM:
No, porque la propuesta liberal no es un modelo de desarrollo económico determinado. Lo que hace es abrir el juego institucional para que, mediante el ejercicio de la libertad, la sociedad cree las tendencias de desarrollo económico que le parezcan adecuadas. El modelo liberal no le dice a la sociedad lo que tiene que hacer; por el contrario, crea las condiciones para que por tanteo y error, por el libre mercado y la competencia, la sociedad encuentre el camino hacia la prosperidad.

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Los 20 países más prósperos del mundo han hecho eso y no han esperado que el Estado les diga qué deben hacer. Ni siquiera en el caso de los tigres asiáticos, donde hay una relación más estrecha entre gobierno y empresarios, el Estado ha dictado la política de lo que se debe hacer. Establecen un compromiso para la búsqueda común de información que le permita a los empresarios y a la sociedad crear riqueza.

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Hay una diferencia fundamental entre esta manera de pensar y el creer —como pasa con las ideologías convencionales, socialdemócratas o fascistas— que se tienen las respuestas para los problemas del desarrollo de la sociedad y sencillamente imponerlas. Pero no funciona así. Hay que equivocarse mucho hasta encontrar los caminos adecuados; hay que competir mucho y competir dentro de la propia sociedad. Es el caso de los japoneses. ¿Por qué tienen 16 firmas de automóviles que compiten ferozmente por el mercado interno? Porque esa misma libre competencia les permite perfeccionar cada vez más sus productos. Hacer una equivalencia entre la propuesta liberal y la ideología socialista o mercantilista es hacer una falsa analogía. Se trata de crear las reglas del juego y colocarnos todos bajo la autoridad de la ley, para que la sociedad llegue a su mejor destino.

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PAM: Aquí hay también una crítica de lo que ha sido el papel del Estado. En las ideologías estatistas, socialistas o fascistas, el Estado cumple un papel primordial como interventor, regulador, dirigente de la economía, y se le atribuyen roles que en realidad no cumple. Hay una enorme diferencia entre el postulado teórico —el Estado debe hacer esto— y lo que pasa. Si se examina el papel que ha cumplido el Estado en cualquiera de nuestros países, resulta que su participación siempre ha sido funesta, pues el protagonista ya no es el empresario (que es quien produce), sino el funcionario. Con ese modelo que prosperó a partir de los años 50, se generaron privilegios, favoritismos y corrupción. En el modelo liberal hay la aspiración de transferir a la sociedad civil un papel que entre nosotros por largo tiempo asumió el Estado, con pésimos resultados.

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En México, al programa económico de la pasada administración se le adjetivó de muchas maneras: liberal, neoliberal, liberalismo social. ¿Qué opinión les inspira este liberalismo?
-AVLl:
El sistema no era liberal, alguien embaucó a los mexicanos haciéndoles creer que se trataba de liberalismo. Tengo entendido que se ha reducido a 15 el número de empresarios mexicanos que figuran en la lista de Forbes. Al parecer, estos mismos empresarios controlan 10% del PIB de México. ¿Cuántos de estos multimillonarios pueden decir que no deben buena parte de su éxito económico a las relaciones que mantienen con el poder? Lo que es moneda común en México —“Para obtener éxito en los negocios hay que pasar por Los Pinos o por alguna otra dependencia oficial”— es lo que Carlos llamaba mercantilismo y es la negación del liberalismo.

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Existen pocas maneras tan efectivas para decir lo que no es liberalismo como lo que sucedió con México durante el gobierno de Carlos Salinas, cuando un grupo de poderosos empresarios se aliaron con la presidencia y construyeron fortunas absolutamente fabulosas, que llevaron a este país a creerse que estaba a la altura de los países desarrollados. No sólo se enriquecieron unos cuantos empresarios, al mismo tiempo se empobrecieron muchos otros. Lo que ocurrió fue que la creación de riqueza quedó confinada en un pequeñísimo grupo y la inmensa mayoría de mexicanos no pudo participar dentro de una economía de mercado verdaderamente dinámica. Lo que realmente valió para ganar dinero no fue buscar el beneficio de los consumidores, sino simplemente la maña para doblar y torcer la ley, el aparato jurídico del gobierno y la capacidad normativa del Estado en beneficio propio.

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Llamamos a este sistema mercantilismo y creemos que es uno de los grandes culpables de la tragedia latinoamericana. En América Latina hubo momentos con cierto crecimiento económico —como los años 40 ó 50, que registraron crecimientos de 5 ó 6%—, cierto manejo más o menos austero de la hacienda pública, pocas empresas del gobierno. Sin embargo, eso no llevó a la región hacia el desarrollo. ¿Por qué? Porque imperaba ese mismo mercantilismo. Este sistema es -profundamente injusto, es un sistema de privilegios.

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PAM: Sin embargo, en México este mismo sistema se agrava por el marco institucional que existe en política y alcanza límites escandalosos.

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Quisiera insistir en este punto. Intelectuales mexicanos que se ubican dentro de la tradición liberal dieron su aval a esas mismas reformas económicas impulsadas durante la pasada administración.
-AVLl:
Pienso que se equivocaron de buena fe, quizá el mismo tipo de buena fe —salvadas todas las distancias— que se tenía en Gorbachev frente a la URSS; es decir: la creencia de que es posible reformar al sistema desde dentro, -reconvertirlo para evitar una transición dolorosa y traumática. Lamentablemente, no es así; al PRI no lo puede salvar el PRI. Tiene que dejar de ser el PRI para que este país empiece a superar sus problemas.

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Para salvarse, ¿el PRI tiene que perder una elección presidencial?
-CAM:
Sí, debe volverse oposición y perder una elección presidencial. Además, necesita hacer una auditoría desde dentro, tomar distancia, depurarse, reformarse.

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AVLl: Y que los que vengan después, no repitan la experiencia del PRI, obviamente.

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¿Creen que es factible que se acepte este argumento, que “se equivocaron de buena fe”?
-AVLl:
Es difícil. Los intelectuales idiotas, casi por definición, son algo arrogantes y les es muy difícil aceptar que se han equivocado. Son pocos los intelectuales latinoamericanos que rectifican y admiten haberse equivocado. ¿Cuántos intelectuales —a pesar de que la izquierda mexicana parece evolucionar— estarían hoy dispuestos a admitir su contribución nefasta a la dictadura castrista, su tremenda responsabilidad en la creación de un clima intelectual en América Latina? ¿Cuántos aceptarían que se equivocaron? Pocos, muy pocos.

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¿Cómo se puede principios básicos dejar de ser -idiota?
-CAM:
Creo que aprender de las experiencias ajenas es clave. Todos los países que en los últimos siglos se han colocado a la cabeza lo han hecho por emulación de los líderes y han imitado sus modos de producción y de organización.

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Hay cuatro medidas básicas sin las cuales es imposible salir rápidamente -—o sea: en el curso de una generación— del subdesarrollo. La primera es la inversión masiva en capital humano; esto es fundamental. La segunda, contar con una administración de calidad. Con un Estado podrido y corrupto es muy difícil despegar; se requieren funcionarios que no se conviertan en agentes de corrupción, sino en elementos que conduzcan al desarrollo. En la mayoría de los países que han tenido éxito hubo una transformación de su burocracia. Esa administración de calidad requiere, por ejemplo, que la contratación sea transparente y mediante concurso; que siempre esté presente la auditoría de la sociedad. No sólo es deseable, sino también inevitable la tercera condición: la competencia. Sin una competencia interna fuerte, no es posible mejorar el proceso de producción. El cuatro punto es la apertura total a la inversión extranjera y a la competencia con el exterior. Aunque lo quieran, los mexicanos no pueden excluirse del proceso de globalización, no pueden elegir el camino de Nepal.

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México forma parte de este mundo que tiene una máquina locomotora de países desarrollados y furgones de cola, que son los países pobres. Desgraciadamente, se encuentra entre los países pobres, pero no puede bajarse del tren, tiene que mantenerse en él. El problema es escalar hasta la locomotora y para lograrlo debe hacer estas cuatro cosas. Todos los países que en los últimos 30 años han alcanzado el éxito han hecho lo mismo.

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PAM: Me gustaría agregar que el solo proceso de privatización no es suficiente; sin condiciones para la competencia, muchas veces ello deriva en el establecimiento de un monopolio. Por eso, privatizar ha terminado por convertirse en un término peyorativo. El monopolio privado es tan funesto como el público, pues acentúa el carácter típicamente mercantilista del marco institucional, donde finalmente resultarán favorecidos un puñado de empresarios, siempre en complicidad con el poder político.

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AVLl: Una economía privada no es necesariamente sinónimo de una economía libre y de mercado. Si es privada, pero está sobrerregulada; si el éxito lo determina el burócrata y el funcionario y no los consumidores, no es una economía libre.

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Al hablar de México hay dos temas importantes. La privatización del Estado es fundamental. A pesar del mal llamado -neoliberalismo de Salinas, en este país todavía es dominante la idea del sector estratégico. El petróleo es intocable, no se puede hablar de privatizar el sector: se vuelve un escándalo, es un auténtico tabú. Sin embargo, no hay sector estratégico en economía. En el caso extremo de una guerra, todos los recursos y todas las empresas son estratégicas. Pero sólo las economías pujantes son capaces de movilizar el proceso productivo para ganar una guerra.

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El otro tema es la corrupción, y no se le puede desligar de la privatización. La manera más efectiva de reducirla es con el adelgazamiento del Estado a su expresión esencial. Hoy, el país menos corrupto del mundo —prácticamente existe unanimidad al respecto en todas las investigaciones de organismos internacionales— es Nueva Zelanda, que hace 15 años no era especialmente famoso por ello. Pero desde 1984 inició un proceso de privatización extraordinario, que lo ha convertido en uno de los países con economía de mercado más auténticos en el mundo y redujo la corrupción de una manera impresionante.

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CAM: Aquí hay también algo que sería deseable que se entienda, pues explica el éxito de las sociedades democráticas y liberales, y es el valor de la incertidumbre: el riesgo a perder, a ser echado del trabajo, hace que aumente el nivel de competencia y el compromiso con la excelencia. En -Latinoamérica eso no existe porque todo está asegurado.

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PAM: En ese sentido, todo está por hacerse en materia de legislación laboral.

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¿Es posible hablar de temas como el valor de la incertidumbre y la competencia en países con esta tradición del paternalismo y el -victimismo?
-CAM:
La conducta es siempre consecuencia de una serie de estímulos externos y de valores que se aprenden. Pero los estímulos externos son clave. Cuando se cambien estas señales externas y la gente se encuentre con que determinada conducta le genera beneficios, cambiará su modo de comportarse. Si el mexicano, el venezolano, el colombiano no obtienen beneficios de tipo moral, económico, social por portarse bien, ser limpios y obedecer las leyes, ¿por qué habrían de hacerlo? Los ingleses o los alemanes obedecen las leyes no porque sean superiores a los latinoamericanos, sino porque en parte hay una compulsión negativa hacia el castigo —que se cumple, pues no hay impunidad— y hay, por otra parte, una recompensa.

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PAM: Hay un elemento interesante en esa reflexión. Tendemos a creer en el determinismo, en la idiosincrasia: el latinoamericano es así y no es igual al estadounidense. Pero esa afirmación se puede refutar con la siguiente experiencia: ¿qué le ocurre a ese mexicano o a ese colombiano cuando emigra y cae en otro marco institucional? En su país, puede volarse un semáforo, darle su mordida a un policía; minutos después está en una ciudad de Estados Unidos y ya no lo hace. ¿Qué pasó? Su idiosincrasia no se transforma en 15 minutos. Lo que sucede es que cambió el marco institucional y surge el temor a la ley, que es un elemento importante. Es curioso: generalmente, la izquierda tiende a culpar a la sociedad y no al Estado.

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CAM: Existe una escala de valores, pero hay otra escala establecida por Maslow, tan importante como los valores, que se refiere a las necesidades de las personas y cómo organizan sus prioridades, por ejemplo: la lucha por la supervivencia.

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AVLl: Existen ejemplos maravillosos que prueban, en la práctica, que esa escala le permite a las sociedades subsistir ante las peores crisis económicas. El surgimiento de la economía informal en América Latina es la mejor demostración de que es falso que la gente no pueda competir o no esté dispuesta a hacerlo. La economía informal es una economía de mercado, en estado salvaje, con limitaciones, pero se regula por los principios básicos del libre mercado. Ella explica que hoy Perú no sea Biafra.

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CAM: Los valores se reorganizan de acuerdo a las necesidades. No es bueno matar, salvo que se viva en Bosnia. No es bueno robar, salvo que se viva en un lugar donde si no robas, no comes. Cuando cambien las necesidades y el marco institucional de América Latina, va cambiar el comportamiento.

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Algunos liberales utópicos creen que realizando ajustes y con propuestas éticas la gente cambia. Eso es una tontería. Lo que cambia a la gente son las políticas de gobierno. Cuando se abre determinado juego y se crean determinadas instituciones, la gente cambia su comportamiento porque le conviene. No hay ninguna razón por la cual los mexicanos no puedan hacer lo que hicieron los tailandeses. No existe tal cosa como la ética protestante del capitalismo. No es verdad que hay que ser un descendiente del - Mayflower para poder fabricar un motorcito.

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¿Hay idiotas conservadores y de derecha?
-PAM:
¡Claro! El mejor ejemplo es el peronismo.

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CAM: Para mantener sus privilegios, el conservadurismo en América Latina ha vivido en complicidad con el poder político.

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PAM: Y eso pasa, incluso, en el sector empresarial. Por mucho tiempo, los empresarios prosperaron en una economía cerrada, sobreprotegida. En la medida en que les fue bien, defendieron ese esquema, y en el libro lo denunciamos. Al situar al idiota no se le puede ubicar solamente en una categoría social: está en toda la escala. En ese Estado que Octavio Paz llama Estado patrimonialista, hay clases favorecidas que toman la riqueza del país como patrimonio propio. Ahí están los empresarios sobreprotegidos, que no quieren afrontar la competencia abierta, que prefieren mercados cautivos; ahí está la clase política que, a través de los servicios y las empresas estatales, recibe sus cuotas, y también está la oligarquía sindical, adherida a los monopolios estatales, que ha derivado para sí privilegios enormes, en complicidad con el mundo político y que no representan a la clase trabajadora.

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Cuando por diversas razones en un país se decide privatizar, surgen minorías sindicales que inundan las plazas públicas con letreros de “No a la -privatización”. En realidad, están defendiendo sus privilegios corporativos en contra de los intereses de la sociedad y del pueblo mismo, y alguien paga esos privilegios: se traducen en altas tarifas, en impuestos y hasta en pésimo servicio.

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AVLl: La idiotez de nuestra derecha es enorme. Los empresarios de mi país son los cómplices más diligentes del golpe de Estado de Fujimori y de la estructura de poder militar que se ha creado.

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Mal que bien, en América Latina existe un pensamiento de izquierda, pero de derecha no hay nada. Incluso, es de mal gusto decirse intelectual de derecha.
-CAM:
La derecha latinoamericana ha delegado en la izquierda la facultad de pensar. Es desdeñosa, analfabeta, piensa que los libros son para la izquierda.

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AVLl: No tiene ideas, tiene intereses.

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¿Qué papel juega la iglesia católica?
-PAM:
En la iglesia imperan muchas corrientes. Existe un sector de la iglesia, defensor de la llamada Teología de la Liberación, que en nuestro continente ha tomado gran fuerza y que ha asumido posiciones muy similares a las del marxismo. En países como Colombia, se ha hecho incluso cómplice de aventuras guerrilleras y, en la medida en que éstas han derivado en terrorismo, se ha vuelto hasta cómplice del terrorismo.

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AVLl: Es muy difícil hablar de una sola iglesia en América Latina. No se puede comparar la iglesia de Miguel Ovando y Bravo en Nicaragua, o la de la Vicaría de la Solidaridad en Chile, con la iglesia de Ernesto Cardenal.

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La Teología de la Liberación nace cuando la iglesia tradicional se convierte en una organización mucho más interesada en formar parte de la estructura de poder, que en cumplir con su función eclesiástica y evangelizadora. Hay una explicación histórica para la Teología de la Liberación, pues no se puede negar que la iglesia tradicional jugó un papel de complicidad con los gobiernos militares y autoritarios latinoamericanos. Al mismo tiempo, es un ejercicio de transformación por el temor a perder espacios.

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Da la sensación de que el idiota habla de oídas, que repite lo ya dicho, y muchas veces hasta lo deforma.
-CAM:
Es un lector de malos libros. No se ha enterado que la última docena de Premios Nobel de Economía provienen de una tendencia que desmiente todas las teorías que han manejado durante muchos años.

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PAM: François Revel dijo que el marxismo es una dispensa intelectual. Ha realizado una buena labor de vulgarización elemental al acuñar términos y frases como un catecismo. Detrás de ello está Stalin. Convirtió al marxismo en un decálogo y se inspiró en el fascismo, en factores como la reiteración y la satanización de términos. Me divierte mucho ver cómo, por repetición, el liberalismo se convierte en un elemento satánico. Esta reiteración termina por crear en la conciencia de un joven, que carece de suficientes elementos de análisis, una apego casi religioso. En México se repite mucho aquello de que “La culpa de la pobreza es del neoliberalismo”, cuando el responsable de esa miseria es evidentemente el sistema que ha gobernado durante los últimos 60 años.

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CAM: El neoliberalismo es el chupacabras de los marxistas; sabemos que no existe, pero se le utiliza para asustar a los crédulos. Nada puede competir contra una mentira cuando un pueblo está sumido en la superstición.

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¿Hay una intención política en este libro?
-PAM:
El libro trata de mostrar conductas nocivas. El título es provocador porque mantiene la intención de llegar a un público más amplio, a esa gran clase media que por las últimas experiencias es más receptiva. A pesar de las diatribas, se ha convertido en un producto masivo y me parece una experiencia interesante. No basta con llegar a ciertas conclusiones, también es necesario encontrar los medios adecuados para comunicarlas.

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AVLl: Otro punto es que los gobiernos nunca actúan en el vacío intelectual. Aunque ciertos políticos sean unos ignorantes y no hayan leído un solo libro en su vida (como es el caso de muchos gobernantes latinoamericanos), el clima intelectual en el que funcionan determina parte de su conducta. Por eso es tan importante dar la batalla intelectual, la lucha por la atmósfera en la que se va a ejercer el poder. El clima intelectual es la base para la recuperación económica de América Latina. La batalla empieza allí.

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