Plomo en el viento

La emergencia en Torreón ilustra la falta de claridad y oportunidad en la protección ambiental
Arantzatzú Rizo

Las autoridades de salud, así como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) reconocieron que “llegaron tarde” para evitar el estallido del problema ambiental y de salud en Torreón, por la contaminación por plomo generada por la planta Met-Mex Peñoles.

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Después de 98 años de operar en esa zona la empresa Peñoles, las autoridades se dieron cuenta de que la amenaza para la salud y el ambiente era seria, gracias a una investigación publicada el año pasado por la Universidad de Juárez del estado de Durango, en la que advertía sobre la presencia de plomo en la sangre de niños residentes de las colonias aledañas a la planta.

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Hasta que se presentó el estudio las autoridades empezaron la investigación. Se encontraron con que la normatividad de salud mexicana no contaba con parámetros sobre el nivel permisible de plomo en la sangre.

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La Profepa reconoce que no tenía las herramientas tecnológicas para determinar si la planta contaminaba o no. Lo único que existía eran los monitoreos y la información que la empresa entregaba cada año a las autoridades.

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Hoy el problema, según Antonio Azuela, titular de la Profepa, ya no es la emisión de plomo de los hornos de Met-Mex Peñoles –la planta ha reducido sus operaciones–, sino la cantidad de partículas de polvo en las casas de la zona y en los patios de la planta. Polvo que las autoridades analizan para determinar si sólo contiene plomo o también arsénico y cadmio.

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“Esto es parte de un rezago ambiental de la economía nacional acumulado por décadas, resultado de una ausencia de regulación y de un desarrollo urbano caótico”, advierte Gabriel Quadri de la Torre, director del Centro de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES).

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Según Quadri, también ex presidente del Instituto Nacional de Ecología, el asunto se podría haber empezado a resolver años antes, si se le hubiese dado “luz verde” a la instalación de un centro integral de manejo de residuos industriales, en el municipio de General Cepeda, Coahuila.

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“La idea era establecer un confinamiento para que los residuos de minerales metálicos peligrosos pudieran almacenarse de manera adecuada y no al aire libre en los patios de la planta”, explica.

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Aunque desde el pasado 5 de mayo a la empresa le fue demandado un programa de contingencia para sanear la zona, las medidas han sido insuficientes, al punto de que las autoridades de la Profepa declararon a Met-Mex Peñoles en Fase II de contingencia, lo que significa que debe reducir a 50% sus operaciones.

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“Erradicar el polvo con plomo que se ha venido acumulando en las colonias aledañas a la planta es una tarea difícil; sin embargo, hemos trabajado en ello a través de acciones como instalar barredoras, limpieza profunda de viviendas, aspirado intensivo de calles y el desarrollo de un cinturón ecológico”, explica Manuel Luévanos Sánchez, director de la planta. Una estrategia adicional es la reubicación de las más de 393 familias que viven en las 20 manzanas aledañas a la planta, consideradas como la zona de mayor riesgo.

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“De todas las familias que vivimos aquí sólo 10 han tenido contacto con la empresa. Hasta el momento yo no he recibido ningún aviso de que me van a resolver mi problema. Tengo dos hijos hospitalizados con más de 50 microgramos de plomo en la sangre y no veo claro”, se queja Dolores, madre de familia residente en una de las colonias más afectadas.

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Según Luévanos, continuarán con las acciones a fin de evitar una mayor contaminación en la zona. “Haremos lo posible por resolver el problema, no sólo por el  bien de la comunidad, sino de la empresa, como imagen hacia nuestros clientes en el exterior, quienes ya empiezan a mostrar preocupación”.

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