Plásticos nada tontos

&#34Proporcione su número de tarjeta&#34. Esta frase, por lo general, causa escalofríos y temblore
Juan Antonio Oseguera/Paris, Francia

Aún permanecen muchas dudas en torno a la intromisión de un hacker en la red corporativa de Microsoft. Se desconoce cuánto tiempo permaneció el pirata virtual indagando los archivos de la compañía, y si logró robar claves ultrasecretas. Sin embargo, la firma de Bill Gates asegura que supo del intruso desde el momento en que éste consiguió burlar la seguridad del sistema informático.

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Así inició el gigante del software el año 2001. Durante el presente año, sin duda, la seguridad en línea será un tema de primer orden. Y en lo que se refiere a operaciones cibernéticas, en México se pondrá mucha atención una vez que el Congreso de la Unión haya legislado sobre el comercio electrónico y sus implicaciones.

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La nueva ley pretende definir y tipificar los procesos que ocurren en una transacción electrónica, sobre todo, en las realizadas a través de internet. Las empresas de hardware y software ofrecen diversas opciones de protección, desde programas seguros, dispositivos inviolables, hasta tarjetas inteligentes que cuidan celosamente toda información.

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Jean-Paul Sauvebois, director de Mercadotecnia de Soluciones e-Pago en Schlumberger –firma francesa que diseña soluciones tecnológicas para fortalecer la integridad de las transacciones en línea–, asegura: “Estamos en el principio del principio”. Y añade: “Hoy, al fraude virtual se le considera aceptable. Sin embargo, el crecimiento del comercio electrónico es tan grande que, de no hacer algo, vamos a enfrentar un problema”.

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Con menos de 1% de las transacciones totales en México, las liquidaciones vía internet tal vez no sean la prioridad actual de la banca local, pero seguramente lo serán conforme el e-commerce crezca cada año. En Francia, por ejemplo, las instituciones financieras gestionan muy pocos pagos a través de la web (menos de 1% del total); no obstante, el nivel de fraude es más grande –de tres a cuatro veces– que en las operaciones tradicionales con tarjeta de crédito.

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“Pasar del sector bancario histórico al ámbito móvil (teléfonos celulares, PDA, entre otros) no será fácil, pero la tecnología que ofrecemos ayudará”, asegura Luc Barbier, director general adjunto de la división de Tarjetas Inteligentes y Terminales en Bull.

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La firma, que construye computadoras y software, entra en la arena de las tarjetas inteligentes compitiendo con firmas tradicionales del mercado –como Gemplus y Schlumberger–. Sin embargo, comenta Barbier, “no serán los chicos nuevos del barrio”. NTTDoCoMo, la telefónica japonesa, eligió la compañía para que se encargue de sustituir todos los plásticos que poseen sus clientes.

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Por su parte, Schlumberger le ofreció al IPAB (Instituto de Protección para el Ahorro Bancario) alta seguridad en los datos a través de una solución especialmente diseñada para ellos. El programa permite que la infraestructura de internet resulte invulnerable y que se puedan consultar desde cualquier punto los estados financieros del IPAB, sin temor a que sean alterados.

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De regreso a set

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Schlumberger coloca su dispositivo en el comercio electrónico, donde la tarjeta chip (con microcircuito, idéntica a las telefónicas que lo incluyen) es clave para brindar la seguridad y la certeza que demanda el ciberespacio.

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El verano pasado, Schlumberger constituyó una nueva unidad de negocios: Schlumberger Test & Transactions, organización de más de 6,000 personas que desarrolla soluciones de pago a distancia. En noviembre de 2000, la compañía ofreció una aplicación tangible y confiable para mercar en la Red: E-Gate, sistema de pagos que abarca a todos los involucrados en una transacción electrónica.

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“Internet exige tecnología que aporte tranquilidad al consumidor. Hoy día, el usuario no confía, tiene miedo de dar su número de tarjeta y que ocurra un fraude. Hay reticencia en las personas e inquietud en la banca”, explica Sauvebois.

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En los países de Latinoamérica, las barreras culturales representan uno de los principales obstáculos para el despegue masivo del comercio electrónico. El uso de redes de cajeros  automáticos o tarjetas de débito es, hasta cierto punto, un fenómeno de reciente aparición en el país.

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Culturalmente, más allá de la estructura de seguridad que cubre los procesos comerciales, los usuarios locales no están acostumbrados a manejar plásticos. Al modificar el valor real del documento financiero, la propuesta europea podría derribar las objeciones del mercado masivo.

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Desde la óptica de los ingenieros franceses, el protocolo Secure Electronic Transaction (SET) –impulsado por una docena de compañías financieras y tecnológicas (Visa, MasterCard, IBM, entre otras)– es costoso y complicado. Tal y como fue concebido, SET requiere que todas las partes de una operación (bancos, comercios y consumidores) obtengan un certificado digital de parte de una entidad terciaria en el proceso: la autoridad certificadora.

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En Estados Unidos, algunas organizaciones (Baltimore, Verisign y Entrust) ya realizan labores de certificación. En Francia ocurre lo mismo (Serplus). En México, y al cierre de la edición, Banamex estaba a punto de convertirse en instancia certificadora nacional.

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Sin embargo, Schlumberger desarrolló una propuesta menos costosa que SET, pero que conserva varios de sus atributos básicos (como ocultar, al comerciante, los números de la tarjeta de crédito del consumidor).

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La firma francesa propone que los bancos asuman la función de instancias reguladoras, prescindiendo de terceros en el proceso. El objetivo se conseguirá a través del E-Gate, solución basada en la tecnología de microcircuito; aquella que tanta gloria brindó a la ingeniería gala desde mediados de los 80, cuando se reconvirtió a chip toda la base instalada de tarjetas de crédito en aquél país y que luego invadió al mundo con plásticos telefónicos.

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E-Gate consiste en el uso de una tarjeta “virtual” que permite que el cliente no utilice su tarjeta “real” en una operación en línea. El dispositivo funciona en una PC que posea un conector USB, el cual habilita la comunicación con el banco emisor. La institución financiera asigna al cibernauta un número de tarjeta de crédito (one time card member), exclusivo para cerrar la compra, único para cada transacción y diferente a la clave del plástico “real”.

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E-Gate opera en una variedad de protocolos de enlace (GSM, CDMA, WAP, set-top-boxes, entre otros) y periféricos, desde una PC en el hogar hasta un teléfono móvil. La tecnología funciona mediante la instalación de un plug-in en la computadora personal, la cual sirve para establecer la conexión con el banco emisor.

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Sauvebois explica: “La estructura resuelve el problema de las instancias certificadoras, es decir, el banco emisor debe reconocer e identificar al consumidor, y la institución financiera adquiriente es responsable por el comercio”.

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Según información de Bull, no existe aspecto alguno de seguridad en una tarjeta de banda magnética. La firma –único medio de autentificar al portador y signatario de la compra– está mejor protegida en un dispositivo que incluya microprocesador. El sector bancario, primero en Francia y ahora en más países del orbe, está consciente de que un buen camino para acabar con el fraude es migrar a las tarjetas inteligentes.

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En Francia –por ejemplo– cuando se introdujo el plástico con chip, la tasa de fraudes mostró una reducción significativa. En 1998, momento en el que la tecnología no estaba disponible, el promedio era de 0.18% del total de las transacciones; un año más tarde, pasó a 0.020% y el número de operaciones se triplicó.

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La estadística es contundente. Sin esquemas tecnológicos que proporcionen tranquilidad a consumidores, establecimientos comerciales y sector bancario, las transacciones vía internet no rebasarán los limites de las audiencias  especializadas. En pocas palabras: prácticas restringidas a una comunidad de fanáticos de la  informática.

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La idea es que así como la gente se acostumbró a pagar con cheques y tarjetas de crédito o débito, ahora incluyan un nuevo sistema: la facturación electrónica. La alternativa está ligada a las tarjetas inteligentes, que podrían convertirse en el primer sistema de compra electrónico multipropósito, multiproveedor y multiservicio. Los especialistas franceses confían en que los valores de su alternativa tecnológica –protección de alto nivel, utilización de una tarjeta especial y aceleración de los procesos transaccionales– aumentarán el volumen de las operaciones en línea. Y la confianza del usuario estará absolutamente garantizada.

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