Pobre Bram

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No queda más que ofrecer condolencias al pobre de Bram Stoker –creador del magnífico y legendario Drácula– luego de sufrir la muy triste y caricaturesca versión teatral que hoy se perpetra en el Teatro de los Insurgentes.

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No mucha “vida” puede quedarle a este vampiro, sin dirección, sin genio y sin grandiosidad, que Alejandro Camacho destroza con ademanes exagerados, discursos ininteligibles y aspavientos como de alguien a quien le falta el aire. Y no se queda atrás la limitadísima interpretación de Mina, la heroína de la novela (que con toda minuciosidad desbarata Rebeca Jones), ni la del muy patético y triste Van Helsing representado por Ignacio López Tarso. Ni qué decir del resto del elenco, de un texto que demuestra una falta de entendimiento total de la novela, o del director, cuya ausencia es más que notoria.

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Los aficionados a los vampiros tendrán que continuar esperando a que el talento encumbre a Drácula a las alturas dramáticas que se merece.

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