Pobres libreros

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Héctor Zagal

La gente mayor recordamos con horror la portada del libro de texto gratuito: -una voluminosa señora de rasgos indígenas vestida de diosa romana, con una -bandera en la mano y, como fondo, una monstruosa águila tipo ‘pterodáctilo’. -Los libros han evolucionado en contenido y diseño. Lo que no ha cambiado es el -concepto: el libro es gratuito, en serio, de verdad, te lo regalan en la -primaria por muy encopetada que ésta sea. No cuestionaré esta política. La -educación es un derecho elemental, en particular de los más pobres. Lo que -sí, es que esta política ha tenido consecuencias serias en la industria -editorial. En otros países, los libros de texto son la principal fuente de -ingresos de las editoriales y las librerías. Esos márgenes les permiten -juguetear, por así decirlo, con libros de baja rotación: novelas, ensayos y -poesía.

- Total, que el panorama nunca ha sido halagüeño ni para editores ni para los -pequeños libreros. A ello hay que añadir la creciente incursión de las -tiendas departamentales y supermercados en la venta de libros. El volumen que -éstas manejan, sumado a la eficiencia de sus canales de distribución, los -colocan en un primerísimo lugar en la venta de libros. Su enorme poder para -negociar precios contrasta con el de las pequeñas y medianas librerías.

- A pesar de los esfuerzos, la pequeña librería languidece. Según la Red -Oficial Educal, de las 700 librerías que había en el país en 1995, ahora -sólo quedan 523. Únicamente sobreviven los grandes centros de ventas, -reduciendo así, considerablemente, la librería per cápita. Mientras que en -España se tiene una por cada 12,000; en Argentina, una por cada 15,000; y en -Costa Rica incluso una por cada 27,000 habitantes; en México sólo se tienen -523 para 100 millones de habitantes. Algunos legisladores han decido entrar en -auxilio de las pequeñas librerías, de las que se extinguen 20 al año. Se ha -presentado en el Congreso una iniciativa de ley para establecer un precio único -para el libro. De tal suerte que lo mismo le dará al comprador adquirir su -texto en cualquier cafetería, en un supermercado o en la agonizante librería -de barrio. Gancho al hígado de los monopolios de compradores (monopsonios), que -imponen a las empresas editoriales descuentos especiales.

- El supuesto básico de la iniciativa es que los libros no deben sujetarse a -la leyes del mercado. El precio lo fijará el editor. Las intenciones de los -legisladores son buenas. Sin embargo –como lo ha hecho notar Gabriel Zaid–, -quedan demasiados cabos sueltos. Creo que el más importante de ello es: los -descuentos benefician a los lectores. ¿Cuántos hogares se han hecho de -enciclopedias y colecciones gracias a las ofertas del súper? La economía de -escalas es despiadada, pero acarrea ventajas. El precio único castigará al -consumidor final (como siempre) y, según entiendo, estamos en pos de un país -de lectores.

- Comentarios a: hzagal@yahoo.com.mx

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