Policías y ladrones

Como en los mejores cuentos del martirologio à-la-mexicain, pagan justos por pecadores.
Max Clip

La noticia corrió-como-un-reguero-de-pólvora gracias al desinteresado esfuerzo de los diligentes corresponsales de Radio Pasillo en cada piso del edificio: el vicepresidente de adquisiciones había presentado su renuncia y el Alto Mando se la había aceptado sin chistar. No se necesitaba ser Shakespeare (o Sherlock Holmes, en todo caso) para saber que había algo podrido en el piso 13, que es donde se concentra la plana mayor de la compañía.

- En efecto, todo parece indicar que, por fin, al vicepresidente de adquisiciones lo agarraron “con las manos en la masa”, como se dice en la triste jerga policíaca. No se sabe si fueron los precios “inflados” de material de papelería (plumas a $25.95 pesos la pieza, por ejemplo) o la poca transparencia a la hora de otorgar contratos a proveedores o si había una empresa “fantasma”que se encargaba del mantenimiento de las oficinas (cuya dueña era, detalle curioso, la mujer de nuestro VP), o qué otras monadas más... Vayan ustedes a saber; lo más seguro es que la verdad se pierda entre los insondables misterios de la aplaudida simulación mexicana.

- Me hace gracia: no hay una sola persona que, al conocerse el escándalo, no ponga tamaña cara de sorpresa; yo no sé en qué planeta viven o si de plano, por el exceso de trabajo, se les ha secado la imaginación. ¿Pues de dónde podía sacar su casa en Valle nuestro ex encargado de compras? ¿Y sus autos importados? ¿Y esos trajes de diseñador teutón, las camisas de algodón egipcio, las corbatas de seda italiana?

- Me fascina la gente ingenua... y también me desespera. Según mi muy humilde opinión del asunto, me parece que quienes creen que los únicos capaces de semejantes triquiñuelas deben ser funcionarios públicos, son personas que tienen el encanto de las cosas inanimadas y una gracia difícil de explicar.

- Y como dicen: en casa del herrero, cuchillo de palo. Acá en la empresa donde gasto mis días varios se las daban de muy buenos... buenos buenos, que hasta pan comen. Que si la moral esto, que si la ética aquello... Me gustaría que pudieran verlos ahora mismo: los que no están francamente avergonzados –única reacción humana con rasgos de realismo– fingen estar más asustados que un par de beatos en un table-dance de la Zona Rosa. Y quizá el susto sólo esconde algo de morbillo, si me permiten la observación.

- Les pongo un ejemplo. El año pasado realizaron una remodelación completa de varios pisos que ocupa la compañía. El “arquinepto” que contrataron para realizar y supervisar la obra resultó ser, en realidad, un experto inventor de excusas. Al final, la remodelación se llevó el doble de lo planeado, de tiempo y de recursos. No había día en que el Presidente no se reuniera con el VP de Compras y Adquisiciones con el de Finanzas para comenzar a discutir y terminar por prenderle veladoras a San Judas Tadeo.

- Casi al mismo tiempo en que terminaron la obra, el hoy ex empleado de esta quebrantada empresa llena de ingenuos llegó un día trepado en una tamaña camioneta del año, igualita a la que manejaba Paco Stanley el día que se le ocurrió irse a comer unos tacos. “¿Ladronde sacaste para la camioneta?”, le preguntamos los más malpensados. “Está padríiiiissssima”, comentaron los más lambiscones. ¿Me creerían que son precisamente ellos los que ahora “no-pueden-creer que una persona tan preparada y honrada (sic) pudiese haber aprovechado su posición para hacer negocios (re-sic)”?

- El caso es que, ahora, todos estamos “bajo la lupa” y en menos que canta un gallo se han organizado auditorías por toda la empresa, para determinar en dónde quedó el lápiz que nos dieron a cada uno a principios del año pasado y por qué la empresa gasta tanto en copias, grapas, café y energía eléctrica. Y como en los mejores cuentos del martirologio à-la-mexicain, pagan justos por pecadores. Ahora, claro, se supone que gracias a un plan emergente de austeridad vamos a recuperar parte de lo perdido. Yo no me la creo: esa película ya la vi. 

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