Política fiscal y monetaria para el 200

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Héctor Chávez López

Como sucede cada fin de año, el presupuesto vuelve ponerse de moda. La discusión es la necesidad de mantener un presupuesto austero para 2001, lo cual implica posponer varias promesas de Vicente Fox. Tanto el Banco de México como el equipo de transición han diseñado un programa económico restrictivo que, aunque ortodoxo, será difícil de “vender” en términos políticos.

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En su reporte de inflación del tercer trimestre, el banco central expuso los riesgos de la economía en los próximos meses. No sólo tendremos que arreglárnoslas con unos Estados Unidos creciendo a un ritmo menor y con un precio del petróleo por debajo al registrado durante 2000, sino que también existen fuerzas internas que podrían obstaculizar la tendencia de baja de la inflación en los próximos meses. Destacan el crecimiento de los salarios por arriba de la productividad; el deslizamiento del precio de los bienes y servicios del sector público conforme a la inflación esperada y el riesgo de que el tipo de cambio registre una depreciación moderada en respuesta a la tendencia del déficit comercial.

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Esto justifica la postura del instituto central de continuar con su política de mantener altas las tasas de interés. No sólo es una medida prudencial, también provocará que la expansión del crédito bancario, que ya empezábamos a ver, se retrase, evitando así un mayor impulso la economía.

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Sin embargo, a pesar de la consistencia con la que Banxico ha actuado, será necesario que la autoridad hacendaria contribuya a la baja en la inflación y a la estabilidad con una política fiscal austera que evite presiones en la demanda interna. Significa que el sector público debe tratar de ahorrar, al igual que el resto de los sectores. Sin la posibilidad de llevar a cabo una reforma fiscal en el corto plazo que incremente los ingresos tributarios y considerando que los ingresos petroleros del 2001 sean menores que los de 2000, lo anterior le pone un fuerte límite a la expansión del gasto público. Es por esto que el presupuesto de 2001 tendrá que ser austero para evitar desequilibrios hacia otra crisis económica.

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A Fox y a su partido en el Congreso les será difícil explicar las razones por las que tendrán que esperar, por lo menos un año más, para empezar a ver “el cambio”. Sin embargo, espero que así como el presidente electo vendió sus ideas en campaña, se las arregle para “vender” nuevamente su estrategia, ahora como presidente de los mexicanos. Ojalá que su capacidad de marketing no se le haya acabado durante la campaña; la va a necesitar.

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El autor es director de Análisis Económico de Banco Santander Mexicano

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