Política interna y externa

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Sergio Sarmiento

Tradicionalmente en México se prestó poca atención a la política exterior. Las relaciones de nuestro país con el extranjero eran un coto de influencia de la izquierda que permitía así que el viejo sistema político se enriqueciera en el ámbito doméstico. Ahora, sin embargo, la política externa parece dominar los temas de la interior.

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En particular la relación con Cuba ha controlado nuestra política local en los tiempos recientes. Nunca había quedado tan claro lo fuerte que es el vínculo con Cuba de grupos de intelectuales y políticos mexicanos.

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El gobierno de Fox decidió cambiar su tradicional política de no intervención cuando empezó a cuestionar al gobierno de la isla por sus violaciones a los derechos humanos y políticos de los cubanos. De alguna manera esa actitud era consecuencia de una nueva confianza del gobierno mexicano, en el sentido de que ya no tenía nada que ocultar internamente en tales campos.

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Esta nueva política, sin embargo, generó una respuesta de Cuba y de sus simpatizantes. La tensión generada en la cumbre de Monterrey, por la presencia de Fidel Castro y el discurso en el que denunció que había sido obligado a abandonar la reunión, llevó al voto de México en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a la divulgación por parte del mandatario cubano, de la grabación de una plática privada entre él y Fox.

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Ha sido perfectamente previsible la reacción de los grupos procastristas en México a esta serie de acontecimientos. Han pedido la renuncia del canciller Castañeda y han acusado al Presidente de ser manipulado por Estados Unidos. Pero la respuesta del pueblo mexicano ha sido distinta. Si bien Fidel Castro es un personaje popular, en particular porque representa una figura antiestadounidense, las encuestas señalan que una parte importante de la población se inclina a apoyar a Fox.

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Sin embargo, debido a que los partidarios de Castro dominan el Congreso, la disputa entre éste y el gobernante mexicano ha llevado a un conflicto sin precedentes entre los legisladores y el Ejecutivo. Una de las manifestaciones visibles fue la decisión del Senado de impedir el viaje del Presidente a Estados Unidos el 15 de abril. Esto bien puede quedar en la simple anécdota, pero la verdad es que ha acentuado una parálisis legislativa que está impidiendo que el país continúe realizando las reformas estructurales –en impuestos, electricidad y petroquímica– que necesita para prosperar.

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-El autor es experto en temas políticos y económicos.

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