Ponchadura

Se acumulan las víctimas de la crisis llantera en México.
Stephen Downer

En enero, Emilio Bellorín, director general de Compañía Hulera Goodyear Oxo, enviaba señales ambiguas acerca de la industria llantera mexicana. Es sólida pero, dijo, "tiene que enfrentar una competencia extraordinaria por parte de los importadores que venden sus llantas a precios muy bajos. [Goodyear] tiene costos muy altos y esperamos mejorar nuestra productividad."

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Dos meses y medio más tarde se manifestó el verdadero significado de las palabras de Bellorín. La empresa, líder en ventas de neumáticos de remplazo en el mercado mexicano, anunció el cierre inmediato de sus instalaciones de producción en Tultitlán, Estado de México, con la pérdida de 1,550 empleos. ¿La razón oficial? "Los altos costos de la planta son incompatibles con las condiciones económicas actuales". Fue otro clavo en el ataúd del sector en México. A mediados de 2000 Michelin cerró sus dos fábricas en el país, sacrificando 760 puestos.

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La decisión de clausurar la planta de Tultitlán "no tiene nada que ver con la situación en Estados Unidos", donde la economía está en desaceleración, dice Pilar Bernal, vocera de Goodyear México. "Tiene que ver con los altos costos de materias primas, energía e impuesto sobre la renta." Negó que los sueldos generosos negociados con el Sindicato Único de Trabajadores de la empresa fueran un factor determinante. "No quisimos perder nuestra competitividad. Las ventas son muy buenas e importamos llantas de América Latina, Estados Unidos, Canadá y Europa a costos más bajos."

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Según Sergio Coronado, director de Recursos Humanos de Goodyear México, la empresa continuará ofreciendo empleo directo e indirecto a 17,000 trabajadores en el país.

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