Poner a madurar al mercado

La reciente corrida de especulación en los mercados financieros muestra la necesidad de acelerar el
Alejandro Castillo

Como se ha señalado en otras ocasiones, en lo que se refiere a tipo de cambio, inflación, política monetaria, ahorro interno y finanzas públicas equilibradas, el Plan Nacional de Desarrollo muestra una gran consistencia interna. Por otra parte, el programa de ajuste puesto en marcha para hacer frente a los desequilibrios acumulados en el salinismo, ha proporcionado los resultados esperados en materia de reducción de la inflación y obtención de un superávit comercial.

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No obstante, en las condiciones actuales de México, aun esas medidas de política económica reciben el embate de la especulación o la distorsión provocada por fenómenos no económicos. Eso lleva a cuestionar nuevamente la calidad del entorno en el que se aplica la estrategia económica y, por supuesto, a evaluar qué tanto ponen en riesgo su viabilidad.

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Los puntos flacos de un ajuste exitoso. A pesar de las dificultades que afectan a empresas y familias, conviene insistir en señalar que los resultados del programa de ajuste, que han implicado fuertes sacrificios, la sociedad mexicana, son buenos. Eso hizo posible que después de una devaluación de casi 100%, la inflación interna hasta septiembre haya acumulado un crecimiento cercano 41%. También es importante insistir en que la magnitud de ese sacrificio estuvo determinada por los desequilibrios acumulados cuando el país supuestamente ingresaba al primer mundo.

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Pese a los avances, a finales de septiembre y principios de octubre la economía registró presiones especulativas especialmente fuertes. El tipo de cambio llegó a cotizarse a $6.50 nuevos pesos por dólar y hubo días en que el índice de la bolsa de valores registró caídas mayores a 4%. La existencia de esas presiones fue relacionada con tres factores, distintos pero relacionados entre sí.

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Uno fue la inquietud que generó en los capitales foráneos la aparición, casi simultánea, de personeros del sistema político. Ex presidentes y ex funcionarios hicieron declaraciones y enviaron mensajes, los cuales fueron interpretados como el reflejo de una intensa lucha de facciones al interior del aparato gubernamental. Algo que podría resultar intrascendente, cobra gran importancia en el sistema político mexicano y un sistema financiero que creció bajo su cobijo. Otro factor que cada vez cobra más importancia es la situación social y política del país. Persisten los hechos de violencia en diversas partes y aunque se comprende que el proceso de cambio hacia un mejor sistema de justicia y mayor democracia es paulatino, en momentos pareciera que se retrocede y no se tiene suficiente voluntad para hacerlo avanzar. Los cacicazgos regionales continúan impidiendo la despresurización de los conflictos sociales. Al mismo tiempo, la falta de sensibilidad en el diseño de proyectos de inversión propicia un claro rechazo de comunidades a las que se debió consultar previamente. Si a eso se agrega la baja acumulada en el poder adquisitivo de la población, entones se tiene una mezcla de alto riesgo que dificulta o encarece las inversiones en el país.

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Un tercer factor de inquietud lo constituye la persistencia de dudas acerca de la capacidad que tendrá México para generar u obtener el flujo suficiente de divisas para cubrir los compromisos con el exterior y aumentar la inversión productiva. -Paradójicamente, hasta quienes consideran que el superávit comercial de $4,542.6 millones de dólares acumulado en los primeros ocho meses expresa un tipo de cambio adecuado para la promoción de exportaciones, no dejan de advertir que a pesar de la política monetaria restrictiva será necesario obtener $10,000 millones de dólares de las privatizaciones y concesiones. El problema es que algunas de esas privatizaciones, como las petroquímicas, suponen fuertes riesgos de dependencia, así como costos laborales, ecológicos e históricos, de modo que los inversionistas foráneos podrían repensar su intención de entrar al mercado nacional de esa manera. En otros casos, obtener un alto precio por las concesiones podría significar, como sucedió con los puertos, el encarecimiento de los servicios y dejar fuera de competencia al país.

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Candados contra excesos. Quienes suponen que el liberalismo a toda costa es la solución a los problemas del país, insisten en recomendar un mayor achicamiento del Estado y más desregulación. Desafortunadamente, en el México actual eso no propiciará la racionalidad que tanto admiran en los mercados ideales. El ejemplo del sexenio pasado es muy ilustrativo al respecto.

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Como lo han tenido que reconocer los liberales consecuentes, con un sistema político retrasado, el liberalismo salinista sólo dio lugar a nuevos atropellos a la sociedad, así como a un mercado de caricatura, oligopólico, en el que una política monetaria dirigida condujo a la sobrevaluación del tipo de cambio, la baja ficticia de la inflación y la importación excesiva de mercancías.

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Esos resultados y las mayores necesidades que se han acumulado en el país sugieren que ese tipo de medidas no deben repetirse y menos profundizarse, a menos que previamente se haya establecido un sistema basado en la democracia, que establezca reglas aceptadas por la mayoría, propicie la competencia y permita la estricta fiscalización de la administración pública.

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Que no nos alcance el huracán. Está claro que, independientemente de lo acertado de las medidas de ajuste económico puestas en marcha por este gobierno, el problema es que no serán suficientes para superar las graves encrucijadas que vive México.

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Hoy, simplificando, el problema más grave que enfrenta el país es la necesidad de obtener recursos para pagar e invertir.

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La experiencia demostró que para resolverlo no se debe correr el riesgo de depender demasiado de los capitales especulativos. A su vez, las condiciones económicas y sociales obligan a prever la posibilidad de que no se capten los montos esperados por las privatizaciones. Es más, en algunos casos, con el propósito de proporcionar competitividad a la planta nacional, se podría llegar a la revisión o suspensión de algunas de ellas.

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Entonces, se deben explorar otras posibilidades de generar recursos. La mejor opción podría consistir en la liberación de las fuerzas productivas que hoy están amarradas por un sistema político que frena su desarrollo. Eso significa acelerar la transición a la democracia y establecer las instancias que permitan vigilar la honestidad y eficacia de la administración gubernamental; promover la competencia y regular mediante consenso los estímulos a la producción, la protección a los ecosistemas y las culturas regionales, así como a las condiciones laborales. Para medir la urgencia, debemos tener presente a los camaroneros de Topolobampo. Son un heroico ejemplo de lo que la crisis puede provocar en nuestros productores. Sin apoyos ni tecnología, endeudados, sin expectativas de cambio, tratando de pescar algo, fueron arrasados por el huracán.

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