Populismo: regreso del Big Brother

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Héctor Chávez

La izquierda no tiene la culpa de que las demás fuerzas le regalen la oportunidad de resucitar. La apertura y liberalización de nuestra economía durante los 90 parecía marcar el fin del populismo socialista a la mexicana, cuyos estragos aún no terminamos de pagar. Gobernantes y políticos asociados al libre mercado han cometido y siguen cometiendo graves errores, orillan a la gente a simpatizar de nuevo con este camino supuestamente fácil, que se creía soterrado tras los fracasos de Echeverría y López Portillo.

De la Madrid fue tibio contra la corrupción. Salinas iba en el camino correcto al liberar la economía de un gobierno que en todo suplantaba a la sociedad; pero fue víctima de sus propios excesos y afán de poder eterno. Zedillo fue responsable en las finanzas públicas, pero actuó con soberbia, olvidándose de que la economía se hace en la calle y no ayudó al país a prepararse para competir. Todo esto impidió que madurara un verdadero sistema de mercado, apoyado por una política industrial seria, que permitiera a nuestros agentes económicos insertarse con éxito en la globalización. El PRI perdió el poder (ya le tocaba) pero, de paso, manchó con desprestigio a la libre competencia.

La llegada de Fox a la Presidencia fue un respiro para todos los que temían que las fallas de los priístas liberales llevaran a Los Pinos a un populista de izquierda. Así sucedió en Venezuela con Chávez y en Perú con Toledo. México no cayó en esa tentación y el país celebró.

Sin embargo, la exigencia de resultados rápidos por una población cada vez más impaciente da hoy al gabinete de Fox una imagen de lentitud e inexperiencia, por bien intencionados que sean sus esfuerzos. El desfase entre expectativas y resultados ha cobrado como víctima la popularidad de un hombre que entusiasmó a la nación.

En medio de todo esto, el populismo de izquierda avanza. El PRI se reconstruye con un discurso que condena a un liberalismo cuya definición exacta no alcanzo a entender (¿cómo puede haber neoliberalismo donde el liberalismo real nunca existió?). El PRD recoge los saldos de la desilusión y proyecta a la cúspide de popularidad a sus máximos representantes. Se trata de hábiles políticos que saben bien que la desesperación lleva a la gente a apreciar dádivas gubernamentales que, a la larga, cuestan al pueblo mucho más de lo que valen.

Así pues, si no queremos dar enormes saltos hacia atrás, con un gobierno presupuestívoro, que como Big Brother todo da y en todo se mete, más vale que esta administración empiece a hacer sentir sus resultados.

El autor es director de Análisis Económico en Banco Santander Mexicano.

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